S.O.S. Educación

Hoy reinician las clases. En las últimas semanas hemos puesto a la luz un fuerte debate público sobre las condiciones en las que está la educación mendocina. La emergencia es total. Qué hacer, y por dónde comenzar a resolver problemas.

Foto: Gerardo Gómez /MDZ
Foto: Gerardo Gómez /MDZ

La educación mendocina está en emergencia. Hay chicos que llegan al Polimodal sin haber aprendido a leer con solvencia. Ni hablar de matemáticas o historia, cuando a la vez –nos consta- hay profesores de la materia que egresan de los terciarios sin saber a ciencia cierta quién fue o qué hizo Bartolomé Mitre, o cuántas profesiones tenía Domingo Faustino Sarmiento. Hay alumnos que van a estudiar con desnutrición manifiesta. También hay maestros con sueldos miserables. Y hay tres o más cargos docentes por curso, pero los chicos se apiñan en grupos de treinta o más en los “depósitos de pibes” en que hemos convertido las aulas. Hay currícula antiguas, falta de infraestructura, inversión mal hecha, ausencia de motivación y capacitación –entre muchos otros problemas- que se confabulan en un resultado espantoso: estamos generando nuevos pobres, discriminados del siglo XXI, nativos digitales desnutridos de comida y del saber. Chicos que no podrán terminar el secundario, mucho menos la universidad. Tendrán suerte si van a parar a algún plan de asistencia social, o si los capta algún aparato clientelar a cambio de su dignidad y de su voto.

A la emergencia le sumamos, entonces, urgencias. Porque los alumnos de la educación mendocina no estarán preparados para la superación, ni para la capacitación ni para el trabajo.

Hoy empiezan nuevamente las clases tras el receso invernal. Alrededor de medio millón de chicos volverán a las aulas primarias y secundarias para mantener la rutina: horas/silla en el aula a como de lugar, pasar de grado con suerte y ayuda y sin conocimientos (y rapidito porque detrás vienen los demás), cumplir los horarios e irse. La mayoría de los chicos, flojos de conocimiento. Gran parte de los docentes lo harán urgente y tipo ambulancia a otra escuela, para cubrir más horas cátedra y parar la olla propia, que bastante trabajo cuesta.

En las últimas semanas hemos emprendido una iniciativa de periodismo ciudadano. El disparador fue una simple anécdota tras la que hubo un diagnóstico tremendo, escrita por la psicóloga y psicopedagoga Nancy Caballero como columnista invitada en MDZ Online. Y después le siguieron varios. Docentes, padres, todos dieron su versión. Fueron muy impresionantes los testimonios del educador Dionisio Salas Astorga en una entrevista de Ulises Naranjo, y de la supervisora Beatriz “Taty” Salvioli, entre muchos otros. Así, descorrimos la cortina que la mayoría conoce pero de la que se habla poco, para enterarnos que:

-Una repartición oficial ahorra recursos restándole calorías al refrigerio de los chicos. Las proteínas iniciales derivaron en 20 gramos de “tutucas” por cabeza, y si hay un feriado se ahorra leche en lugar de mate cocido. También se da un gramo menos de lácteo por niño.

-Producto de la pobreza, en el mismo aula las diferencias sociales se agudizan. Conviven los chicos que aprenden y buscan aprender y son capaces de “jugar con la ironía”, con los que no saben qué es una ironía. La agresión producto de las diferencias y la discriminación, en un sentido u otro, es permanente.

-En el primer año de secundaria se notan de manera tremenda y agresiva los problemas para comprender un texto, distinguir uno de ficción de uno real, diferenciar una trama, o simplemente leer. Esto genera discriminación, los chicos “que andan mal” se recluyen y terminan -con el tiempo- abandonando su formación.

-Los terciaros mendocinos forman a su vez docentes muy limitados con visiones muy escasas de sus materias. Y estos docentes vuelven y forman a otros completando un círculo tóxico que contamina al alumno. Estos docentes ganan poco y deben tomar más horas de las que pueden abarcar, o hacer otros trabajos complementarios. Hoy, incluso el comercio paga mejor que la docencia. Y allí no hay que hacer tareas previas ni posteriores, ni velar por la mente, los valores y la educación de miles de chicos.

-En las escuelas urbano-marginales los maestros se encargan de servir los refrigerios y el almuerzo y le quitan horas a la enseñanza. Además, el gobierno no los capacita por que no quieren que los chicos pierdan horas de clases. Y así los maestros se van desactualizando y perdiendo calidad para educar.

-La escuela busca contener, especialmente en áreas sumergidas, pero no enseña. Los motivos son múltiples.

La lista podría seguir eternamente. Hasta el hastío. En pocos días hemos detectado no menos de treinta problemáticas diferentes que afectan la calidad de la educación, y que transforman el paso fundamental de la escuela, en una suerte de master para la pobreza futura.

Hay docentes que salen de los terciarios con mala formación, y forman a otros docentes también con déficit. Un círculo tóxico que contamina a los alumnos.

La educación, Junto a la inseguridad y la pobreza, forman parte del puñado de problemas que deben resolverse con políticas de Estado muy activas, lideradas por los partidos políticos. La comunidad formada por padres y docentes, directivos y funcionarios, también debe participar. Y deben hacerlo además los actores sociales de la comunidad mendocina, y también los económicos: forma parte de la responsabilidad social empresaria interesarse por la educación de los ciudadanos.

No pretendemos aquí abordar un tratado sobre la educación, nos excedería por completo. Pero sí queremos usar este lugar privilegiado, que nos permite llegar a decenas de miles de mendocinos todos los días, todas las horas; para promover un debate educativo que sea conducente y que arribe a un puñado de acciones, a un plan, a una estrategia que permita poner la educación en el camino correcto.

Las encuestas y los números

Fue muy llamativa una encuesta de “múltiple choice” que hicimos entre nuestros lectores, la semana pasada. La consigna era: “Los chicos del Polimodal no leen bien… ¿De quién es la culpa?” El 38,4 % opinó “de todos”. Un 19,4 por ciento cargó las tintas sobre los padres. Los docentes y la DGE tuvieron culpas repartidas en un 11,9 % cada uno, por encima del 11,1 % “del gobierno”. Los votantes consideraron además que la pobreza educativa es culpa de los alumnos en un 6,4 %. El 0,3 % fue para “ninguno” y el 0,5 % para los que no pudieron formarse una opinión y dijeron “no sé”. Más de 4.000 personas votaron en la encuesta.

La conciencia general, por lo que se ve, es que la crisis educativa excede al gobierno e involucra a todos los actores por igual, colocando a padres, docentes y funcionarios en planos más o menos equivalentes.

Es cierto, como muchos foristas padres y maestros han dicho en MDZ Online, que en los hogares –cuando estos existen- hay una gran cuotaparte de responsabilidad en la crisis educativa actual. De hecho, muchos padres, por las razones que fuere, no se preocupan por lo que hacen sus chicos en el aula, o por cuánto aprenden o cuánto dejan de aprender. Algunos ni siquiera se enteran cuando sus hijos tienen horas libres, o qué materias deben estudiar más en esa semana. Depositan los chicos en las manos de las maestras, al estilo guardería, y parten a su propia supervivencia. ¿Se los puede culpar por ello? Creo que no, pero sería motivo de una larga discusión.

También es cierto que no se puede culpar sólo a este gobierno por el fracaso y la emergencia educativa. Muchos docentes opinaron que la reforma de los ´90 destruyó la escuela pública en el país y también en la provincia. Y posiblemente les asista razón. Los gobiernos, los padres, y los propios maestros perdieron el control de cuanto se enseñaba en el aula, y la Educación se relajó al límite de que los alumnos pasaron de año sabiendo menos que poco. Muchos llegaron a las universidades sin haber leído un solo libro en toda su secundaria.

No se puede achacar toda la culpa al gobierno. Pero es esta administración la que debe liderar y conducir un proceso de cambio del que participen todos.

Pero no es menos real que fue el gobierno de Celso Jaque el que designó a un contador con escasa experiencia educativa al frente de la DGE, y cuya acción parece basarse en acuerdos políticos con el gremio, con determinados supervisores y con una masa clientelar en la que está intentando una incipiente carrera política. Hemos escrito sobre los desaguisados de la DGE más de una vez. Y es López Puelles el que debe conducir el proceso para recuperar la educación mendocina, para que sea eficiente y efectiva, para que los chicos puedan salir de una escuela pública y ser capaces de insertarse en cualquier lado con solvencia y capacidad, porque las bases fueron fuertes. Hoy, pasa lo contrario. Los mejores alumnos de las escuelas públicas hubiesen tenido el sombrero de burro en los sesenta, setenta, y parte de los ochenta.

Es posible que al final de su gestión Celso Jaque haya sido uno de los gobernadores que más edificios escolares le ha dejado a la provincia. Pero ¿qué clase de educación habremos brindado? Hay que recordar aquí la fuga de cerebros de la DGE que se ha producido desde que López Puelles está a cargo. Estamos desnutriendo al gobierno escolar, de la gente que sabe.

Abundar en más diagnóstico resulta agotador, por la dimensión de la catástrofe. Pero vayan algunos números estadísticos, que de todas maneras tienen dos años de antigüedad porque no hay a disposición más nuevos. Nos ayudarán a comprender lo que pasa.

-A fines de 2008, el sistema de Educación General Básica de Mendoza contaba con 223.890 alumnos y 13.942 maestros. Una relación simple otorga unos 16 alumnos por maestro. Un número casi ideal para la educación pública. Pero, aquí hay que advertir que el sistema educativo genera de dos a tres cargos docentes por aula, que la mitad de los maestros falta todo el tiempo por problemas de salud serios, en la mayoría de los casos motivados por las dosis de estrés que les genera enseñar en condiciones inapropiadas, y en que como los sueldos son malos, muchos deciden otros caminos o toman horas hasta el límite de sus fuerzas. El resultado de todo esto es la superpoblación de aulas con maestros y profesores agotados. Y pobres, con sueldos de 1.500 pesos.

-También a fines de 2008 se contabilizaban 762 unidades educativas de nivel inicial, 848 de Educación General Básica y 352 de Polimodal. Es evidente que la deserción es enorme, que el fracaso escolar es alto, y que además amontonan a los secundarios en las aulas. Lo que hay: parvas de adolescentes, muchos de ellos poco interesados en el estudio, tratando de aprender con maestros que hacen lo que pueden con las escasas herramientas de las que disponen.

De todo cuanto hemos dicho hay un sistema cómplice. En la Legislatura hay tres comisiones atendiendo problemas de la educación. Una por cada cámara, y una bicameral en la que están redactando una nueva Ley de Educación para Mendoza. A todos les preguntaremos su opinión con respecto al actual estado de la enseñanza y el aprendizaje en Mendoza. Por ahora, ni un solo legislador ha dicho nada relevante con respecto a la educación en lo que va del año.

La oposición debería exigir además que el presupuesto de la educación se conforme como corresponde. “La enseñanza pública y su dirección y administración, será costeada con las rentas propias de la administración escolar y con el 20% de las rentas generales de la Provincia como mínimum, y con el producido de las subvenciones nacionales que correspondan” dice la constitución provincial. ¿Estará el Consejo General de Educación, que tiene rango constitucional, velando por el presupuesto educativo, reclamando y exigiendo? No nos ha sido posible, gracias a las vacaciones de invierno y la ausencia permanente de funcionarios de Educación, conocer cómo se integra hoy la pauta de gastos e ingresos del gobierno escolar para financiar la educación. Hoy, como es lunes, volveremos a insistir. Bien tempranito.

La Educación pública mendocina tiene una dimensión importante. El 85,2 % del nivel inicial educativo mendocino es público. En EGB, el porcentaje es del 85,6 %. Y del 67,9 % en polimodal. La mayoría de los niños y jóvenes van a la escuela pública. La mala calidad es un problema, como se ve, del que hay que ocuparse. Por ello, a modo de conclusión y de aporte, proponemos:

-Declarar urgente la emergencia educativa, con una ley especial consensuada que destine a la educación aportes urgentes para mejorar la situación socioeconómica de maestros y alumnos.

-Nombrar un consejo comunitario del que participen los partidos políticos y miembros de la comunidad educativa y de la DGE, a los efectos de diseñar una estrategia urgente para la educación, que rescate los valores de la enseñanza y el aprendizaje y actualice los contenidos. Y que sea capaz de orientar un plan general de varios años, estableciendo un punto de partida y otro de llegada que permitan superar las cortísimas metas actuales.

-Recuperar de manera urgente el presupuesto educativo, y dedicar más horas de capacitación para los docentes.

-Sanear las listas de docentes, para terminar con aquello de “la suplencia de la suplencia de la suplencia” que multiplica sueldos y cargos pero no maestros. Esto suma a la superpoblación de aulas y docentes agotados.

-Las comisiones de educación de la Legislatura y de la Bicameral deben declararse en sesión permanente e ir a las escuelas de Mendoza a constatar de verdad lo que ocurre, y que decenas de padres, alumnos y maestros cuentan en los foros de los diarios.

-Formar gabinetes específicos para atender los casos de desatención y falta de contención familiar, para recrearles a los chicos las condiciones de estudio más apropiadas.

-Actualizar las estadísticas vigentes de todas las variables de la educación, para saber exactamente en qué sitio están los problemas. La provincia necesita un “mapeo” educativo para saber dónde están las necesidades más crudas.

-Reconocer la pobreza, salir del “closet” educativo y mejorar la alimentación urgente de los chicos que van a las aulas con desnutrición visible o una tortita y un mate cocido en todo el día.

Hay un gran porcentaje de la educación pública que no es inclusivo. Por el contrario, excluye y confina a los alumnos en el fracaso.

Hoy es lunes. Y empiezan las clases otra vez. Aspiramos a que la educación, que es un asunto verdaderamente importante, profundo, y donde sentimos la derrota mendocina, trepe al tope de la agenda de quienes toman las decisiones. Por eso vamos a persistir en el debate. Y les vamos a ir a preguntar al contador López Puelles, a los miembros del Consejo de Educación, al gremio docente, a las directoras de nivel primario y secundario, a los porteros, a los funcionarios, a los legisladores, y también a los padres y alumnos, qué piensan hacer para que la educación mendocina cambie. Hoy, un gran porcentaje de la educación pública no puede aspirar a la inclusión, ni a preparar a los niños para la superación, la capacitación, el aprendizaje más exigente o el trabajo. Por el contrario, una gran parte de nuestro sistema educativo excluye y confina a los alumnos al fracaso.

Para que todo cambie hay que trabajar mucho. Por eso vamos a salir a preguntarles –a todos- su opinión, su plan, su estrategia. Esperamos que tengan bastante qué decir. Y que hacer. De lo contrario, la factoría de pobres seguirá trabajando a tiempo completo.