Tomando la nerca

Preparemos levantamientos armados en el piedemonte menduko, en las sierras cordobesas o en las de Olavarría y Tandil. Que bajen las cholas y cholos de las montañas salteñas y jujeñas a buscar las vacas que, si bien nunca fueron nuestras, por los menos aquí nos las morfábamos a precio razonable.

Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ

¡Quién no tuviera un buen billete para tirarse a muerto en una playa del trópico con una buenas doñas a chupar mojitos y caipiriñas! a besar a diestra y siniestra a las damas, rascarse el higo y la buzarda, y que te cuenten que pasó en Hiroshima y Nagasaki; mientras, un rayo de sol te da con el estilete en medio de la frente. ¡Quién pudiera!

Pero la vida no es así (lamentablemente) como una isla de la fantasía freudiana y, claro está, ella no es pa` cualquiera. Entonces, lo más, es tirar unos leños en el fogón y hacer la vaca para el asado con los gomías. Y de eso no se vuelve compañero. Nunca se vuelve de la línea de fuego.

La damajuana es más noble que cualquier varietal boutique, y se toma en pingüino, sea o no kirchnerista. El vino y la nerca es nuestra y daremos la vida por ellos. No permitiremos más un piquete de esos malparidos ruralistas. La nerca, es y será siempre nuestra. Y si no, la iremos a buscar. Tomaremos las fazendas locales, mataremos a los cuidadores de chochos de vaca y nos violaremos a las mujeres en las piscinas que esperan al patroncito medio en pedo con el whisky de las 18 (imagino como lo hicieron los gauchos de la california argentina de Soriano).

No. No se crean que nos quedaremos con arroz o pizza. La revolución empezará por la falta de nerca, por el abominable acopio de vacas y granos de los giles de alpargata inglesa. Nacimos para morfar asado y moriremos, si es que no triunfamos, en la pelea, a sangre fría. No por nada Echeverría escribió “La cautiva” como excusa de "El matadero". Desde ahí, empieza nuestra adicción a la sangre.

Lo nuestro es de una extraña debilidad que no pasa por los ideales. Pasa por la adicción y por la abstinencia. Así, nos movemos los argentinos. Será varón o será mujer, pero nadie venga  con un wok a querer enseñarnos a morfar.

La vida cotidiana, es tan cotidiana que sin un asado al menos a la semana, uno, se deprime. La sociedad entera se crispa. Y eso es lo que está pasando en la argentina de la década nueva. No se come la cantidad de nerca que hay que comer. ¡Señores!, a las armas.

Preparemos levantamientos armados en el piedemonte menduco, en las sierras cordobesas o en las de Olavarría y Tandil. Que bajen las cholas y cholos de las montañas salteñas y jujeñas a buscar las vacas que, si bien nunca fueron nuestras, por los menos aquí nos las morfábamos a precio razonable. Y cuando salgan los dueños de la televisión defendiendo la propiedad privada, pues que se los coja el toro.