Desafíos

"A 100 años de la creación de la Sociedad Israelita de Beneficencia, institución que nuclea a varias otras instituciones, nos encontramos ante renovados desafíos, algunos similares a los de aquella época, otros nuevos y muy diversos", reflexiona en esta columna la autora quien es la presidenta de la DAIA en Mendoza.

En un gris día de invierno, el 14 de agosto de 1889, anclo en el puerto de Buenos Aires el “ Wesser”, barco de pasajeros y carga alemán.

En su cubierta se amontonaban aproximadamente 1.200 inmigrantes agotados por la travesía de 35 días, desde el puerto de Bremen.

Ese día, el Wesser fue el único barco que trajo inmigrantes, pero durante años fueron muchos los barcos que trasladaron nuevos pobladores hacia la nueva República.

El mismo Wesser había hecho varias veces el recorrido entre Bremen y Buenos Aires, pero ese viaje, fue diferente de los anteriores, dicha diferencia radicaba en la composición de la población de inmigrantes que traía. El numero de los pasajeros judíos del Wesser, 820 para ser precisos, equivalía a la mitad del número de judíos que ya se encontraban en la Argentina.

Entre los pasajeros del barco habían judíos provenientes de la Rusia zarista, en su mayoría religiosos y casi todos luciendo barbas y vestimentas judías tradicionales de la Europa oriental.

La política restrictiva zarista, destinada a sacudir la base económica de los judíos de Rusia, los sangrientos episodios entre 1881 y 1882 impulsaron a los pasajeros del Wesser a buscar su futuro en la República Argentina. Estas mismas políticas fueron las que, en años anteriores motivaron a otros tantos judíos a emigrar a la Argentina

A Mendoza habían llegado años antes, inmigrantes judíos de Europa del este, entre ellos el viñatero Alexander Salzberg o Aaron Pavlovsky, un agrónomo ruso llegado por invitación del gobierno argentino.
Estos pioneros, algunos activos en la comunidad judía y otros que permanecieron al margen de ella, reforzaron la presencia judía en la sociedad argentina.

Estos nuevos integrantes de la sociedad mendocina, trabajaban con esmero y dedicación. Se formaban como profesionales dentro de las diferentes facultades de la Universidad Nacional de Cuyo. Tienían una creciente y activa vida cultural, académica, económica y política en la sociedad mendocina, sin dejar de observar las tradiciones y aspectos religiosos de sus antepasados.

En 1910, no ajenos a las celebraciones del Centenario de la Patria, estos entusiastas líderes comunitarios reconocen la necesidad de constituirse legal e institucionalmente. Se forma así la “Sociedad Israelita de Beneficencia de Mendoza” que obtiene su personería jurídica el 20 de julio de 1910.

Debemos recordar a familias pioneras como Prilutzky, Flichman,Tubert o Grinfeld, quienes llegados desde distintas procedencias, encontraron en este país, por entonces recién nacido, la oportunidad de desarrollar sus actividades, formar parte de la sociedad y soñar con el progreso en un marco de completa armonía, contribuyendo desde distintos ámbitos al nacimiento de la Comunidad Judía como al crecimiento de la provincia y el país.

Buenos ejemplos de identificación, integración, perseverancia, trabajo y visión de futuro fueron la Finca Flichman, precursora en la elaboración y exportación de vinos finos y que hoy también está cumpliendo 100 años, o Don Isaac Kolton quien fuera un innovador referente en la construcción en propiedad horizontal y que con la impronta de su labor le cambiara la fisonomía a la Ciudad de Mendoza.

Como ellos, muchos de nuestros padres y abuelos formaron sus familias y generaron trabajo y progreso para la sociedad mendocina.

Hoy a 100 años de la creación de la Sociedad Israelita de Beneficencia, institución que nuclea a varias otras instituciones, nos encontramos ante renovados desafíos, algunos similares a los de aquella época, otros nuevos y muy diversos.

Desde mi perspectiva creo, que si bien para los judíos del mundo el último siglo ha mostrado una de sus caras más crueles, comparable a los años de esclavitud en Egipto o a los oscuros años de la Edad Media, estos tiempos nos presentan oportunidades que nos permiten a pensar la comunidad para las generaciones venideras con una visión moderna, interpretar qué instituciones necesitarán nuestros hijos o nietos, y cuáles serán los interrogantes que les planteará el futuro, para preparar a aquéllos y dar respuesta a éstos. Ese será entonces nuestro legado.

Pensar, darse a la discusión y proyectar las instituciones hacia el futuro debe ser nuestra tarea, analizar cuidadosamente el contexto, diseñar la integración de la Comunidad Judía, procurar la transmisión de nuestra cultura y tradiciones, abrirlas a toda la sociedad, mostrarlas con orgullo.

Los desafíos de hoy son claramente diferentes de aquellos que tuvieron nuestros antecesores, son retos alentadores dentro de un marco de pluralismo, diversidad y globalización.

Es nuestra misión contribuir a la construcción del país desde la comunidad, concibiéndolo como un esfuerzo conjunto, desde la complejidad de nuestras realidades, desde la riqueza de nuestras diferencias; sabiendo que la participación es el elemento más importante que como sociedad poseemos para imaginar y concretar un futuro cada vez mejor.  

Los datos históricos fueron extraídos del libro “Argentina y las migraciones judías” del prof. Haim Avni.