Como era lógico y previsible, las expresiones del Papa sobre el uso del preservativo “en ciertos casos particulares” ha desatado una andanada de opiniones, reflexiones e interrogantes.
Conviene aclarar que dichas expresiones han sido ‘adelantadas y levantadas’ por todas las agencias de noticias del mundo (comenzando por el diario del Vaticano “L’Osservatore Romano’) y son parte de varias entrevistas que realizara Peter Seewald a Benedicto sobre distintos tópicos de la Iglesia y que ya han sido publicadas en el libro titulado “Luz del mundo”. Por sinceridad y por prudencia convendrá, entonces, leer ‘in situ’ el contenido de esas entrevistas a fin de formarnos una opinión lo más objetiva posible.
Lo que no es óbice para que se diga:
* desde bastante tiempo atrás, muchos miembros de la jerarquía de la Iglesia Católica venían insistiendo en la necesidad de “matizar” la norma moral sobre el preservativo. Casos concretos: el cardenal Martini (ex arzobispo de Milán), muchos obispos del continente africano, algunos obispos y cardenales de Europa y Latinoamérica;
* los “casos particulares” en los que el Papa justifica la utilización del preservativo son dos: para evitar la expansión del SIDA y la mortalidad que el mismo causa, y para evitar las enfermedades de trasmisión sexual en el especial caso de la prostitución;
* estos dos casos tienen como fundamento el siempre vigente principio ético-moral que indica que “deben ser evitados males mayores” (como es la pérdida de la vida que puede causar el SIDA);
* es del caso señalar (y no hay quien pueda negarlo) que en nuestros días va en aumento la “banalización de la sexualidad humana”. Lo vemos y lo padecemos. Por lo que la Iglesia continuará insistiendo en la “humanización de la sexualidad” y en la responsabilidad que conlleva como verdadero encuentro personal y de entrega entre el varón y la mujer;
* hay una cultura del sexo que es preciso educar. No basta con el preservativo si se sigue fomentando un libertinismo sexual. El énfasis en el preservativo no puede suplir la falta de una educación moral y de una sexualidad responsable y humanizadora.
* ciertamente, lo dicho por el Papa, amplía el campo de la moral sexual “para determinados casos”, pero muchos se animan a calificar este paso como ‘valiente y revolucionario’ y que abre las puertas para otros avances.
Por mi parte, hubiera deseado que estas expresiones de Benedicto XVI hubiesen sido dichas y escritas en algún documento oficial, a fin de que no se suscitaran dudas sobre la interpretación de las mismas o que alguien no bien intencionado pudiera afirmar que el Papa no dijo lo que dijo.