Un almuerzo inesperado

Dicen que ganar en el juego es una cuestión de azar. Eso me pasó cuando este miércoles terminé almorzando con gente con la que ni me imaginaba que podría hacerlo.

La cuestión es que, de pronto y a minutos de bajar del micro que me llevaba de vuelta a casa desde la Universidad, me vi rodeado de personalidades en una situación que, ante mi vista, resultaba muy peculiar: codo a codo con Orlando Terranova, Ricardo Monteacuto y Gabriel Conte viví uno de los almuerzos más interesantes del año.

La pregunta que abrió mi interés fue del director de MDZ Online: “¿Sos sanjuanino prominero?, y dejé acentuado con mi voz bien enfática que soy sanjuanino, sí, pero totalmente antiminero.

Fueron largas horas de charla, trazada por una rica comida en la que pude degustar buenos vinos y, por sobre todo, el sabor de la buena onda.

El primero en hablar a modo de bienvenida estuvo a cargo de Terranova, presentándose como un tipo común, más de lo que yo pensaba.

Es ahí cuando más cómodo me sentí. Busqué participar y entender lo que se dijo y viceversa, sin dejar de mencionar a los periodistas encargados del prestigioso medio que estaban abiertos y con la atención puesta en cinco desconocidos que en ese momento oficiábamos de la voz de miles lectores que visitan al diario y dejan plasmado en pocas líneas sus críticas destructivas y constructivas hacia MDZ.

Ahora, me enfoco en los 5 que estuvimos comiendo y hablando de todo lo que se podía decir sobre la realidad social, política, educativa y de salud.

Resultó ser un núcleo tan peculiar que, si tuviera que definirlos en pocas palabras, debería decir que uno puede ser comparado con Roberto Carlos, el cantante,  porque -según su relato de anécdotas- parecía tener "un millón de amigos".

"La dama", una señora muy coqueta que no dejaba vivir tranquilo a su cabello, por que a cada instante se lo arreglaba... Un buscavida -como él dse definió- callado y reservado, tal vez por miedo a que lo echen por tercera vez como forista del medio. Y último, un personaje joven ,de la política actual, cuya militancia se veía a lo lejos.

Describirme a mi mismo resultaría una acción narcisista, por lo que no lo haré. Sólo, advertir que me quedé callado y permanecí observador. Puse toda mi atención en lo que me rodeaba, hasta en los mozos, que cumpliendo con su trabajo nos acercaban comida y bebida para acompañar los interminables debates.

La experiencia, para un estudiante de Comunicación Social como yo, es que se puede llegar a un medio grande con el esfuerzo propio, actuando y conociendo el oficio de periodista y usando esa gran herramienta que tiene el comunicador que es la lectura.

El almuerzo se extinguía ya por la siesta, bastante  tarde  y seguíamos en el acogedor restaurante. Quedaron los mejores sabores: no solo el de la comida, sino el de haber compartido un debate enriquecedor.

¡Gracias MDZ! La próxima, pago yo...