El pasado 23 de noviembre, el crucero Explorer, construido en el año 1969, se reclinó espectacularmente sobre estribor y desapareció en el mar congelado del estrecho de Bransfield.
Hasta ahora, la versión oficial es que el Explorer chocó contra un iceberg, impacto que derivó en una inundación. Los 100 pasajeros a bordo y los 54 integrantes de su tripulación fueron evacuados y hoy están a salvo, de regreso en sus países de origen, pero las preguntas no cesan. En un artículo publicado el fin de semana por ABCNews, el capitán Leif Skog, al mando del timón del Explorer entre 1980 y 1990, se declaró "sorprendido" por el accidente. "(La nave) era simplemente excepcional en su diseño, perfecta para navegación en hielo. Es muy improbable que un banco de témpanos le hiciera eso", manifestó.
Era conocido que el Explorer, reacondicionado en 1993 para las aguas antárticas, contaba con reforzamiento y equipos para navegar entre los hielos. "Debió resistir el impacto con hielo sumergido (...) que debió haber sido relativamente menor", estimó Sander Calisal, profesor emérito de arquitectura naval de la Universidad de British Columbia, en el mismo artículo.
Sostiene, además, que los equipos de radar y sonar debieron alertar sobre la presencia de un iceberg de grandes dimensiones (la punta sólo enseña 1/8 de su verdadera dimensión).
"Es sorprendente que el Explorer se haya hundido en menos de 20 horas a partir de un incidente relativamente modesto. Hace que uno se pregunte si pasó algo más", indicó Jim Barnes, director ejecutivo de la Coalición Antártica y Océano del sur, entidad con sede en Washington.
Los expertos coinciden en que a la historia le faltan piezas. ¿Realmente el Explorer chocó contra un témpano? ¿No pudo ser una roca? ¿Por qué fallaron los esfuerzos de la tripulación por controlar el agua que se filtró por un agujero del porte de un puño? Según testimonios anónimos de pasajeros recogidos por el Toronto Globe&Mail, el equipo selló los compartimentos inundados y usó "bolsas de achique" para retirar el agua, por lo que la situación estuvo parcialmente controlada durante una hora.
Lo que colapsó al Explorer habría sido un nuevo choque contra otro iceberg, contra el que fue empujado por la corriente. Los niveles de agua aumentaron otra vez y el capitán Bengt Wiman ordenó la evacuación.
Ricardo Jaña, investigador del Inach y especialista en hielo marino, explica que existen en la Antártica unos hielos flotantes llamados growler (gruñones), que no miden más de 10 metros de largo y que son planos y oscuros. "Son muy peligrosos, porque los equipos suelen no detectarlos y no se ven a simple vista", comentó al diario chileno La Tercera.
Un operador chileno de turismo antártico comenta que el Explorer habría acometido con velocidad excesiva (cercana a 10 nudos) el estrecho de Bransfield. Por ello, en lugar de desplazar los pedazos de hielo flotante, impactó contra uno de ellos.
Expertos cuestionan las causas del hundimiento del Explorer
Navegantes y arquitectos ponen en duda que haya impactado contra el hielo y buscan la cadena de hechos que impidió controlar la inundación. Varios pasajeros hablan de un segundo choque.