Las claves del proyecto Pierre Auger

El programa -dirigido en la Argentina por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CONEA)- reúne a unos 250 científicos de 30 instituciones dependientes de 17 países, entre ellos Brasil, Bolivia, México, Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia, Polonia y Vietnam.

El Proyecto Pierre Auger consiste en la construcción de dos observatorios, uno en cada hemisferio, para el estudio de rayos cósmicos ultra energéticos; el del hemisferio sur está emplazado en la zona mendocina de Malargüe, a 1.400 metros del nivel del mar, en tanto del norte, en la región estadounidense de Utah.

El programa -dirigido en la Argentina por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CONEA)- reúne a unos 250 científicos de 30 instituciones dependientes de 17 países, entre ellos Brasil, Bolivia, México, Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia, Polonia y Vietnam.

Las partículas estudiadas en el mayor observatorio de rayos cósmicos del mundo son muy escasas y logran detectarse a través de 1.600 tanques con agua purificada, ubicados cada 1.500 metros en el campo de Malargüe, distribuidos en una superficie de 3.000 kilómetros cuadrados.

Cada vez que una partícula de ultra alta energía penetra en los tanques cerrados a través de un orificio e impacta el agua, un sensor detecta la luminiscencia y la transmite a un mapa general.

El físico de origen francés Pierre Auger observó en 1938 los "chubascos aéreos", lluvias de partículas subatómicas secundarias causadas por la colisión de partículas primarias de alta energía con partículas de aire, diez millones de veces más intensa que la conocida hasta entonces.

Los rayos cósmicos fueron descubiertos en 1912 por Víctor Hess, que los describió como "radiación penetrante" proveniente del espacio.

Al llegar a la atmósfera, los rayos cósmicos interactúan con los átomos de nitrógeno y oxígeno y producen liberación de electrones y formación de nuevas partículas, que colisionan con otras desencadenando reacciones nucleares y sub nucleares.