Intervención del Indec, amenazas a funcionarios nacionales, persecución a consultores económicos, misiones comerciales insólitas, fallidos planes de control de precios, cepo cambiario, distorsión del régimen de importaciones y exportaciones, desaparición de pequeños productores tamberos, destrucción del stock de cabezas vacunas y hostigamiento a periodistas y medios son parte del prontuario de Guillermo Moreno, uno de los principales responsables de la "tragedia" que vivió Argentina en los últimos años.
Sin embargo, anoche, en el programa Intratables, Moreno se manejó como quiso, ante una liviandad que llamó poderosamente la atención: "pisoteó" a referentes económicos como Matías Tombolini, bromeó con panelistas como Liliana Franco y dio explicaciones insólitas. En otras palabras, como en los últimos años, volvió a tomarnos de imbéciles.
Que el exsecretario de Comercio diga que los globos de "Clarín Miente" fueron fabricados por un empresario dedicado al rubro de preservativos, es tomarnos de imbéciles. Que el exfuncionario -refugiado en los últimos años en un cargo diplomático- sostenga que el IPC (Índice de Precios al Consumidor) que tomó el Indec en su gestión era "espectacular", es tomarnos de imbéciles.
Moreno, como cualquier otro funcionario del gobierno que encabezó Cristina Kirchner, tiene derecho a hablar en los medios de comunicación. Es lógico. Sin embargo, no debería tomar "a la liviana" temas de semejante gravedad, que han afectado profundamente a Argentina y que han llevado a un escenario económico de difícil reversión.
El exfuncionario de Néstor y Cristina Kirchner, aún recordado por la amenaza pública contra el exministro de Economía Martín Lousteau, entre otros actos "patoteriles", nos quiere convencer de que estábamos en el primer mundo y que, culpa del Grupo Clarín, no nos dimos cuenta. Sin embargo, la realidad marca otra cosa. Moreno se ríe de una tragedia.