La ruta internacional a Chile representa un eje de comercio y desarrollo, más allá del vínculo con el intercambio turístico, de vital importancia no solo para Mendoza, sino para el país y aun, para los vecinos Uruguay, Brasil y Paraguay. Por aquí salen al Pacífico, a través del puerto de Valparaíso y con el destino puesto en China y el sudeste asiático cada vez mayor volumen de productos. Es un canal de crecimiento, sin dudas.
Sin embargo, su trazado permanece aletargado, inerte, no se ha adaptado al mayor tráfico vehicular y solo ha recibido mejoras parciales y requiere, siempre, todo el año, de un mantenimiento y una atención cada vez más costoso y mayor.
Nadie escucha buenas noticias del corredor internacional: en invierno las quejas por no poder cruzar debido a la cantidad de nieve acumulada es un clásico en las noticias, las discusiones y los mayores costos de exportadores y transportistas, además de un riesgo para la vida de muchos.
Ahora el verano también trae malas noticias: la nueva configuración climática, resulte ser temporal o definitiva, aporta tormentas y fuertes deshielos que terminan por borrar la ruta del mapa y generar un tropiezo de grandes dimensiones en el camino del desarrollo.
Es imposible que Mendoza, por sí sola,pueda prestarle atención al problema. Podrá acudir con todos sus brazos y fuerza de voluntad a socorrer a los afectados, pero es solo una actitud de emergencia que la distrae de sus asuntos cotidianos, importantes, prioritarios y de la agenda ciudadana.
Es el Poder Ejecutivo nacional el que debe ofrecer alternativas de corto plazo, más allá de lo que implica el Proyecto Bioceánico Aconcagua, con su trazado, nuevo túnel y tren.
MDZ convocó en diciembre a prácticamente todos los sectores interesados en que haya un vínculo fluido con Chile y, por su intermedio, con la enorme promesa que representa para ahora mismo la zona del Asia Pacífico. En un debate de tres horas realizado en el hotel Hyatt durante el programa "Tormenta de Ideas" se plantearon problemas y soluciones.
Entre las últimas surgió la posibilidad de que, más allá de los proyectos a 20 o 30 años que hay que ir viendo y promoviendo, debe actuarse ahora mismo sobre el trazado de la ruta, probablemente con un ensanchamiento y con obras complementarias que hagan menos azarosa la posibilidad de circular o no.
Pero para que ello ocurra, una vez es Buenos Aires quien debe comprender lo que significa esta ruta, que en el trazado que atraviesa la principal provincia argentina está siendo pavimentada a nuevo, pero que aquí, en su cola final, se transforma en un embudo que cada vez genera mayores problemas.
La Nación tiene que mirar hacia Mendoza con generosidad. No es un problema exclusivo del mendocino que quiere vacacionar en Chile que el paso internacional Cristo Redentor esté abierto, que el control integrado funcione ágil y adecuadamente o que la ruta esté despejada. Es una cuestión estratégica para el Mercosur y -si es que hay real interés en las nuevas opciones de integración comercial- para la relación con ese mercado inconmensurable que representa el continente asiático.
Ojalá que lo que está pasando en este momento, con once aludes sobre la ruta en forma simultánea y la emergencia y el gran esfuerzo local, tanto provincial como municipal, para subsanar las consecuencias, resulte un gran llamado de atención a quienes corresponde actuar.