La presencia del presidente Macri en el foro de Davos tiene varias miradas e interpretaciones. Una de ellas es la política. Macri, considerado por el New York Times como uno de los tres más importantes concurrentes a la reunión, comienza las reuniones mantenidas sucesivamente con altos dirigentes políticos de importantes naciones: una reinstalación del país en el mundo.
Las naciones modernas tienen vínculos con todos los países democráticos, cualquiera sean sus ideologías. Los únicos límites para interconectarse son el autoritarismo antidemocrático y la violacion de los derechos humanos.
Desde esta amplitud de vínculos políticos nacen las relaciones económicas en un mundo global . Asentados en una posición inteligente, amplia y defendiendo los intereses nacionales, se debe promover la mayor cantidad de intercambio comercial con todas las diferentes economías del mundo.
Hoy, los países no crean obstáculos a su propia actividad, ni tampoco a sus empresas nacionales en el mundo de los negocios. Esto no significa ceder soberanía, ni volver a auditorías condicionantes. Si el país hace las cosas bien y en su propio interés y el de todos sus ciudadanos, no tiene nada que ocultar, pero tampoco debe permitir patronazgos indebidos ni indicaciones o imposiciones de organismos internacionales contra de sus propios intereses.
Firmes pero con todos y seguros en lo propio y sin discriminaciones. Con reglas claras, transparencia, respeto a las normas y costumbres internacionales, y a su vez haciéndose respetar y obteniendo la mayor ventaja posible.
Generar obstáculos donde no debe haberlos y sin sentido, es poco inteligente y perjudicial a los propios intereses.
Es un comienzo de un largo camino. Hay que recorrerlo con habilidad y amplitud de pensamiento y acción, y poniendo delante de todo el bien común de los argentinos, sin ceder soberanía ni dignidad. Es absolutamente factible y necesario. Por el presente y nuestro futuro.