La escena de la semana fue sin lugar a dudas la que protagonizó Francisco Pérez, el miércoles, encerrado y aterrado en el baño de su despacho, teléfono en mano, llamando a Canal 9 para despotricar contra los ex policías que reclamaban por viejas deudas y que llevaron adelante un episodio tan violento como grave.
Pero el dato político de estos últimos días previos a la elección de hoy no estuvo allí. Muchísimo antes de lo esperado, comenzaron a surgir diferencias entre el gobernador electo, Alfredo Cornejo, y su vice, Laura Montero, que avizoran lo que se descontaba: que el vínculo político entre ambos será complejo, producto de las diferencias que siempre han mantenido con respecto a la forma de hacer política y que habían quedado disimuladas solo por la burbuja de la campaña electoral.
Por ahora el problema es más de ella que de él. “Laura no entiende su rol y se la ve realmente incómoda”, fue la definición categórica de uno de los radicales que trabajan junto a la dirigente cobista, quien no ha tenido disimulo, por caso, en expresar sus diferencias en reuniones privadas por un par de decisiones de Cornejo vinculadas a la transición.
Cornejo no le había contestado nunca. Hasta mediados de esta semana que pasó. La desautorizó públicamente al forzar al bloque de legisladores de la UCR a devolver el 35% de aumento salarial que cayó en la sociedad como un “dietazo”, cuando la futura vicegobernadora había ensayado una larga defensa corporativa asegurando que era “una ingenuidad” criticar al Poder Legislativo por el incremento.
A decir verdad, casi todos los diputados y senadores radicales opinaban lo mismo que Montero. Pero bastó que Martín Kerchner, la mano derecha de Cornejo dentro del bloque de Diputados, anunciara que resignaba parte de su dieta, para que todos entendieran la señal política y, a regañadientes, la terminaran imitando.
Hay quienes tienen una visión muy particular de lo que está sucediendo. Le atribuyen a la pareja de la actual senadora, el abogado y ex candidato a intendente de San Carlos Marcelo Romano, ser el fogonero de las disputas.
Romano y Cornejo arrastran viejas rencillas de militancia en el radicalismo sancarlino y sus diferencias se hicieron evidentes más acá en el tiempo. El abogado avanzó, un mes después de la victoria del 21 de junio, en un pedido de Jury de Enjuiciamiento contra el titular del Departamento General de Irrigación, José Luis Álvarez.
El caso no es nuevo, aunque sí muy grave. Se trata de la investigación sobre el polémico otorgamiento de los 21 pozos de agua en Agrelo durante la gestión de Eduardo Frigerio, que Álvarez todavía no cega (cierra), en una clara maniobra de dilación.
Ni Cornejo ni la UCR le terminaron dando, hasta aquí, entidad a la denuncia, más allá de su contenido.
En el fondo, los problemas entre Cornejo y Montero están en otro lado. La vice electa viene pujando sin demasiado disimulo desde hace semanas por incluir aliados en el futuro gabinete.
Mientras, Cornejo no da señales todavía puertas adentro de su partido respecto de a quiénes convocará.
Una cosa parece estar clara. Cornejo va a pagar con cargos a sus aliados electorales, aunque todos dudan del equilibrio en esa repartija.
Hasta aquí, el intendente de Godoy Cruz se ha manejado con mucho misterio en cuanto a los nombres de su futuro equipo y ha tratado, incluso, de dar ese mensaje en la transición.
Ha designado a solo dos representantes en esa mesa de negociación que por ahora no da mucho resultado, Kerchner y el diputado Enrique Vaquié, y ha frenado todo intento de aquellos que querían sumarse para que no se entienda que son sus voceros, y eventuales futuros ministros, en algunos temas.
No hay forma de que la dirigencia supere la concepción de que el poder viene asociado a la acumulación de cargos. Aunque se entiende la lógica de funcionamiento si, como sucede en casi todos los casos, ese cargo implica el control de alguna caja oficial para financiar la política.
Cornejo y Montero jamás se llevaron bien y el vínculo se firmó en enero como cierre de un matrimonio por conveniencia. El entonces precandidato aceptó a su compañera de fórmula para que Julio Cobos se saliera de la carrera por la gobernación y, hasta acá, más allá de los roces, solo una vez y durante la campaña Cornejo explotó por las reacciones de su socia electoral.
A futuro, el escenario será difícil, sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes genéticos de los radicales para las divisiones y las pujas internas.
Montero manejará la Legislatura y no estará sola. Detrás de ella estarán Cobos y su grupo de legisladores afines, que podrían reeditar la historia ya vista en las administraciones radicales anteriores, tanto de Roberto Iglesias como del propio Cobos, en donde estuvo en riesgo en variadas ocasiones la gobernabilidad.
Mazzón, el verdadero transversal de la política
La aguda crisis financiera del Gobierno no le dejó a Paco la posibilidad de transcurrir, como hubiera deseado, sin sobresaltos la semana previa a las PASO nacionales. Tanto él como todo el peronismo mendocino no están dedicados a otra cosa que a entregarle un triunfo a Daniel Scioli esta noche en la provincia.
Quizás puedan salvar la ropa. En un aparente contexto de apatía en Mendoza por las internas abiertas, Scioli podría ser el candidato más votado aquí y le terminaría ganando por muy poco margen a Mauricio Macri, según varios sondeos previos locales y nacionales.
Pero el resultado final podría arrojar una foto distinta. Scioli tiene mejor imagen y mejor intención de voto que Macri, pero la presencia de Cobos en la boleta terminaría por llevar al triunfo al Frente Cambiemos. Aunque nadie se anima a arriesgar la diferencia.
La izquierda conservaría su caudal electoral de las pasadas elecciones y el frente UNA, de Sergio Massa y José Manuel de la Sota, llegaría al 10%.
Independientemente de lo que suceda en esta jornada, Pérez mañana deberá volver trabajar. Y a enfrentar otra vez sus problemas.
No hay caso, por más que se esfuercen en desactivar los conflictos que semana a semana van apareciendo, como el de las clínicas privadas, el transporte, el de los ex policías o el desfinanciamiento de OSEP, el rojo de la caja no se detiene.
Para que se entienda: de acá a diciembre faltarán, mes a mes, $300 millones para hacer frente a los gastos y no quedará otra que manejarse con el criterio de la frazada corta.
Hacienda salió a prometer recursos para desactivar el paro nocturno de los micros pero dejó sin fondos a las comunas a quienes, en su gran mayoría, no les hizo las transferencias antes del 5 de agosto correspondientes a la coparticipación municipal.
La muerte de Juan Carlos Mazzón le agregó una sensación de desasosiego al PJ mendocino, golpeado por la derrota de junio y por los problemas para gobernar.
Al “Chueco” le debemos la llegada al poder de los dos últimos gobernadores justicialistas, Celso Jaque y el propio Pérez, y podría haber hecho triplete si Adolfo Bermejo no hubiera perdido.
Su poderío se había desdibujado en el último año (sobre todo luego de que Cristina Kirchner lo echó y le quitó recursos para financiar la política), pero nadie puede dudar de su influencia en la última década.
Mazzón fue el verdadero transversal de la política menduca, aunque detrás de ello no haya una carga positiva.
A las roscas internas del PJ se les sumó la construcción de varios candidatos radicales y demócratas a quienes financió para permitir que el peronismo ganara en 2007 y 2011.
De su caja, por ejemplo, habrían salido los fondos para la controvertida sesión del senado en 2008 en la que Eduardo Frigerio fue avalado como superintendente de Irrigación y tras esa designación forzó el desembarco en el organismo de su mano derecha, Jorge Villalón, protagonista de escándalos de corrupción que todavía hoy se investigan sin mucho entusiasmo en el organismo del agua.
Un hombre del peronismo que pulseó con él solía definir la rapidez para la rosca del mítico dirigente mendocino con una frase. “Mientras algunos dirigentes caminan los pasillos de la Casa Rosada, el Chueco ya te caminó el país”, solía decir.
El dicho se ajusta estrictamente a la realidad, aunque tanta viveza no haya estado siempre, por no decir casi nunca, al servicio de Mendoza.