Una de las obras más significativas a nivel cultural para el gobierno de Francisco Pérez y para la provincia es, sin dudas, el Centro Cultural Julio Le Parc, un edificio que inicialmente iba a ser un estadio para más tarde convertirse en un lugar de convocatoria de conciertos de todo tipo, exposiciones de arte y la Feria del Libro, entre otros eventos, además de ser sede del primer canal mendocino, Acequia.
Sin embargo, este espacio tiene un gran problema que tendrá que ser enfrentado por el próximo gobierno: no cuenta con presupuesto propio, por lo que todas las actividades que en él se realizan, además de su mantenimiento, su seguridad y el pago del personal, dependen de partidas que deben desviarse de otros organismos de gobierno, especialmente del Ministerio de Cultura.
¿Cómo es posible que el centro cultural más grande de la provincia no cuente con una partida presupuestaria propia o, al menos, un monto fijo incluido en el presupuesto de alguna otra cartera?
La respuesta es tan breve como increíble: es que el Le Parc, en términos legales, no existe. Nunca hubo hasta ahora un decreto, una ley u otro tipo de documento oficial que le diera entidad. Es decir, es un espacio que existe de hecho, lo que, para el sistema de distribución de dinero, no tiene ninguna validez.
El dinero para el funcionamiento
El Centro Cultural Julio Le Parc es un espacio de convocatoria de espectáculos grandes y pequeños y de eventos culturales de los más variados, desde la Feria del Libro hasta encuentros de microemprendedores. Pero, al no contar con un presupuesto propio, las maniobras que deben hacerse para mantenerlo en funcionamiento lindan en varios casos con la ilegalidad.
La forma de subsidiar al Le Parc es muchas veces la de facturar eventos o compras a nombre de otros organismos, a veces sobrevaluando el valor de las compras o los servicios contratados para luego desviar ese exceso de dinero al centro cultural.
Técnicamente, el Le Parc no existe, porque no hay ningún documento oficial que avale su apertura.
De hecho, el funcionamiento del Le Parc est{a más que próximo a la precariedad, ya que, sin presupuesto, los servicios de limpieza, mantenimiento y vigilancia no son propios. Y, para peor, tampoco hay contratado para este gigante un servicio de seguro para el espectador, por lo que cualquier accidente entre los concurrentes puede costarle al Estado sumas siderales.
Elefante a peteco
Ante semejante panorama, la gran pregunta es qué hará el próximo gobierno con el Le Parc.
Los próximos administradores de la Provincia conocen esta situación y saben que tendrán entre sus manos un gran elefante blanco con el que cualquier decisión que se tome puede ser contraproducente.
Una buena opción sería la de blanquear al Le Parc en los papeles, pero eso implicaría que debería entrar en la ley de presupuesto 2016, con suerte, sino en la 2017. Por lo tanto, en caso de que la decisión fuera que el centro cultural siguiera funcionando como hasta ahora, deberían desviarse partidas de otros organismos, lo que se chocaría de frente con la austeridad y el blanqueo de gastos que Alfredo Cornejo está proponiendo para cada una de las áreas de gobierno.
Cualquier decisión que tome la próxima gestión sobre el Le Parc puede acarrearle dolores de cabeza.
La otra posibilidad implicaría tal vez un alto costo político: asumir que el Le Parc no puede seguir funcionando como hasta ahora, reducir entonces de manera drástica el dinero desviado al centro cultural y desfinanciarlo (hecho paradójico, ya que no cuenta con financiamiento propio), lo que acarrearía las feroces críticas de los adherentes y las personas próximas al kirchnerismo, además del descontento de mucha gente relacionada con la cultura.
La carga que acarreará el Centro Cultural Julio Le Parc puede ser enorme si los próximos administradores del gobierno provincial y de la gestión cultural no toman una decisión a tiempo y con firmeza.