Ganadores
Alfredo Cornejo. El radical se opuso a las nominaciones del Poder Ejecutivo para la Corte, el Tribunal de Cuentas y la Fiscalía de Estado. Obligó a sus senadores a "cantar" de antemano el voto secreto y se comprometió a que, si es elegido gobernador, impulsar la reforma constitucional de los artículos anacrónicos, como el que establece el secretismo en la elección de miembros de poderes de control. Apenas se conoció el supuesto error en la votación con bolillas, salió a las redes sociales a reclamar que no se volviera a votar, como se sugirió, quería el vicegobernador Carlos Ciurca. Fue tratado de "caradura" por el gobernador Francisco Pérez en diversas oportunidades por oponerse férreamente a la incorporación de la concejala Miriam Gallardo a la cúpula del Poder Judicial.
Los "dueños" de los que sí entraron. Los hermanos Emir y Omar Félix lograron que su candidato al Tribunal de Cuentas, Ricardo Pettignano, obtuviera el consenso dentro del peronismo que no tuvo Gallardo. Y entró. Sorteó las críticas de la oposición en torno a la falta de antecedentes para ocupar el puesto. "La Corriente" y Alejandro Cazabán se anotaron su propio triunfo con la llegada de Fernando Simón a la Fiscalía de Estado. El senador Simón creció acompañando a Cazabán en la función pública y es uno de sus discípulos.
Ricardo Pettignano. Consiguió uno de los cargos "de por vida" por un solo voto. Es muy difícil removerlo del cargo de titular del Tribunal de Cuentas. Llegó a pesar de quienes lo señalaron por la falta de antecedentes en estamentos de control de las finanzas públicas. Reemplaza a un radical que "sobrevivió" 30 años al frente del organismo que hace un anacrónico control ex post de los gastos de los funcionarios y tiene el desafío de actualizar sus funciones a los nuevos tiempos.
Fernando Simón. Fue el menos cuestionado de los postulados por el gobernador y se queda con una Fiscalía de Estado que deberá reconducirse para velar efectivamente y sin favoritismos por los intereses de Mendoza. Obtuvo cuatro bolillas blancas más que las negras.
Matías Stevanato. El senador peronista que quiere ser intendente de Maipú dio sus argumentos antes de la votación y blanqueó, corriendo todos los riesgos que implica "sacar los pies del plato", que no le parecía correcto que Miriam Gallardo asumiera en la Corte. Produjo un terremoto filas adentro de un partido acostumbrado a la obediencia.
Matías Roby. Presume de que los votos que le faltaron a Gallardo son los de dos de los tres senadores que le responden: Stevanato y María José Ubaldini. Roby venía advirtiendo que la elección de los nominados debía postergarse para después de las internas que representan las PASO.
Perdedores
Miriam Gallardo. A pesar de que no tenía antecedentes jurídicos ni académicos suficientes, de acuerdo con lo requerido por la Constitución para ser nominada al cargo de ministra de la Suprema Corte de Justicia, aceptó la nominación y persistió en la intentona hasta el final, haciendo caso omiso a cuestionamientos y vetos. Se equivocó y la decisión en torno suyo resultó un bochorno institucional sin precedentes.
Paco Pérez. Defendió la nominación de Gallardo hasta el final y rompió todos los puentes con la oposición y también con el peronismo, al insistir con que los pliegos fueran tratados antes de las PASO, lo que rompió cualquier posibilidad de consenso.
Adolfo Bermejo. El precandidato a gobernador por el oficialismo partidario del PJ se anotó una derrota fuerte: Miriam Gallardo era su candidata y no solo no ingresó a la Corte, sino que protagonizó un escándalo institucional que todo el mundo recordará.
Los senadores de voto automático. Quedaron en evidencia y quedarán en la historia como los autores del (ojalá) último papelón legislativo de la historia de Mendoza: el intento de tergiversar el resultado de una anacrónica votación secreta con bolillas.