Cristina Kirchner pensó en Amado Boudou como un potencial sucesor al momento de elegirlo como vicepresidente. Sin embargo, hoy ya no se hablan.
El escándalo que involucra al vicepresidente en la compra de la imprenta Ciccone Calcográfica sepultó su futuro político y se convirtió en un búmeran: su caída en desgracia significó también un golpe para el Gobierno, que quedó salpicado por la sospecha de la corrupción.
Según revela hoy diario Perfil, la presidenta dejó de recibir a Boudou y de delegarle visitas institucionales a las provincias. Teme que el vicepresidente sea finalmente condenado por la Justicia, a medida que avanza la pesquisa sobre el misterioso desembarco del fondo The Old Found en Ciccone, que llegó para “salvar” a la imprenta de la quiebra.
El viernes, Cristina Kirchner cumplió un mes desde su último discurso. Regresó a la Casa Rosada tras su estadía en Santa Cruz pero redujo sus apariciones públicas. Gobierna mediante audiencias y contactos telefónicos, que dejan afuera al vicepresidente.