Cristina Kirchner cambió su lenguaje, tanto verbal como gestual. Repentinamente, se mostró más conciliadora y su discurso viró a lo religioso. Ello sorprendió a propios y ajenos, ya que fue un giro de 180 grados que se dio justo después de haber visitado al papa Francisco en el Vaticano.
¿Es espontáneo el cambio presidencial o solo un “acting” en medio de un año netamente electoral? Quienes la frecuentan juran que la nueva conducta de la jefa de Estado es real en un 100%, a punto tal que decidió dejar de confrontar con sus otrora enemigos y hasta se animó a iniciar un incipiente diálogo con referentes de la oposición. Por ahora, se puede observar con tibieza, pero la tendencia iría creciendo al paso de los meses.
Algo similar ocurrió con el caso de Pedro Robledo, un joven que fue agredido por su condición de homosexual y que llegó a tildar a Cristina de “führer” a través de las redes sociales. Lejos de enojarse, como sucedió en otras ocasiones, Cristina emitió un mensaje conciliador: “Esta es la Patria de todos... en la que cada uno dice lo que piensa y lo que quiere".
De más está decir que hace apenas unos meses, ante la misma situación la mandataria hubiera hecho un duro escrache contra Robledo, presumiblemente con cadena nacional incluida.
La religiosidad de la Presidenta llegó al punto de mostrar una postal nunca antes imaginada, el pasado 26 de marzo en el marco de la inauguración de la terminal B del aeropuerto de Ezeiza. Allí, pudo verse cómo el cura párroco de Ezeiza bendecía el acto de marras.
¿Cuándo pudo verse una imagen semejante en los últimos diez años?
Para no dejar dudas respecto a su nueva postura “bergoglista”, Cristina cerró esa inauguración con una frase inusual: “Que Dios los bendiga a todos y a todas”.
Más claro, echarle agua… bendita.