“No sirvió absolutamente para nada” dijo uno. “Fue algo así como ‘mental masturbation’ explicó otro. “No sé para qué vinimos… no habló del dólar, ni del cepo, ni dio pistas, ni nos dijo si había que invertir o esperar…” dijo un tercero. Uno más: “Estamos al horno… dijo que la apuesta es el mercado interno. Los exportadores nos las vamos a tener que arreglar…” Y siguen las firmas. Una media docena de hombres de negocios y empresarios mendocinos que estuvieron ayer en la reunión que el gobierno de Mendoza les organizó con el gobernador bonaerense Daniel Scioli se fueron de la bodega Vistalba, de Carlos Pulenta, con sabor a poco, y tantas dudas respecto de la economía que viene como cuando habían entrado al encuentro, al aire libre, con sándwiches, agua, jugo, y en mesa compartida de casi un centenar de empresarios y algunos funcionarios. La visión negativa, en las charlas muy reservadas, fue generalizada. Algunos incluso se animaron a decir alguna cosa en Twitter, pero no mucho más. Fue tan decepcionante la reunión que los empresarios pasaron la tarde comentando un incidente menor entre Jorge Magnaghi, de la cooperativa de Godoy Cruz, y el gobernador Pérez, ante una pregunta sobre la tarifa eléctrica. Scioli estuvo en Mendoza firmando acuerdos con la provincia, y coqueteando con alguna idea Scioli-Pérez 2015 que ni siquiera fue insinuada pero que sobrevoló el ambiente. Además de los acuerdos y la reunión con empresarios, hubo un almuerzo con intendentes, legisladores y funcionarios.
A lo mejor las expectativas fueron desmesuradas. En el propio gobierno estaban sorprendidos ayer por la enorme concurrencia que habían tenido. Desde Enrique Pescarmona –un hombre habitualmente esquivo a las reuniones donde no hay empresarios por lo menos de su nivel- hasta humildes viñateros, pasando por numerosas ramas de la economía estuvieron allí, prestos a la convocatoria oficial. No era para menos. Hoy Daniel Scioli es algo así como el “presidente a cargo de la política” del peronismo, mientras Amado Boudou ejerce una mínima representación institucional, porque la verdad es que entre el kirchnerismo y el PJ clásico lo esconden todo lo que pueden. Y los hombres de negocios están inquietos y quieren saber de qué viene la mano el año próximo. Tenerlo a Scioli en la mesa para hablar de cepo, dólar, crédito, inversión, oportunidades, inflación, caída de reservas, pobreza, empleo/desempleo, clima de negocios, o aunque sea para anticipar la visión que de la economía tiene un “presidenciable”; era una oportunidad inmejorable, pero aparentemente la chance fue desperdiciada, un tanto por el silencio de la mayoría de los empresarios, y otro porque Scioli se debatió entre ser y no ser, mostrarse sin exagerar, y decir sobre la economía algunas frases políticamente correctas pero que a los empresarios mendocinos que allí estuvieron, de acuerdo a las consultas, no les sirvieron de gran cosa para anticipar decisiones.
La reunión entre Scioli y los mendocinos fue una idea que motorizaron entre Francisco Pérez y Carlos Ciurca y que el bonaerense aceptó de inmediato porque “Mendoza es una provincia amiga” con la que tiene afinidades. La convocatoria que movilizaron desde el Cuarto Piso de la Casa de Gobierno fue importante. Desde Enrique Pescarmona hasta empresarios que han casi perdido sus negocios, los invitados estaban todos; aunque los organizadores se cuidaron muy bien de invitar a los de perfil más crítico de la gestión, o a los que están en serios conflictos por trabas a las importaciones o atrasaos inconcebibles en la devolución de IVA. Pescarmona, Fernando Porreta por CEOSA, Mario Groisman por Presidente, Carlos y Eduardo Pulenta, el oftalmólogo Roberto Zaldívar, el concesionario Adrián Yacopini, Carlos y Aldo Ostropolsky (automotor y Grupo Jornada, medios), Sergio Pensalfine, todos los “grandes” de la construcción, Julio Camsen del Sheraton… Y también bancos, sectores vitivinícolas (todas las cámaras) la FEM, el CEM, la metalmecánica, la energía con Magnaghi y la gente de Edemsa, y varios empresarios más. No hubo hombres de medios a excepción de Ostropolsky, ni estuvieron los más afines al gobierno como Daniel Vila o José Luis Manzano, amigos de Scioli además. El escenario de negocios estaba interesante pero la verdad es que de lo importante, se habló poco.
EL SEÑOR DÓLAR
Una de las preocupaciones compartidas de los empresarios fue la competitividad a través del tipo de cambio. Pero Scioli no adelantó una devaluación. Admitió que el dólar estaba barato pero que se iba a ir “llevando de a poco” y que no había que alimentar expectativas de devaluación. Por el contrario, el bonaerense desalentó cambios profundos en la economía en los próximos dos años, aunque sí dijo que el próximo presidente podrá tomar deuda, créditos internacionales, porque el gobierno de Cristina va a dejar las cuentas pagas. No explicó si esto significaba arreglo definitivo con los fondos buitre pero sí con el Club de París y el CIADI. El “capítulo” competitividad de la charla tuvo su perlita cuando el ex “recaudador” bonaerense Santiago Montoya tomó el micrófono para recriminar a los empresarios que tras la presión por el dólar alto, muchos esconden “lo que no hacen en sus negocios por la competitividad”.
Una de las definiciones de Scioli dividió la platea. Dijo que habría una fuerte apuesta, el “resto” de lo que le queda a Cristina, a mover el mercado interno a full. Los constructores sonrieron. “Eso significa que no se va a parar la rueda” dijo uno de ellos consultados por MDZ. En cambio, un bodeguero de los menos enojados con CFK admitió “estamos por las nuestras”. No hubo en las medias palabras de Scioli sobre la economía nacional una luz al final del túnel que permita el crecimiento a las tasas de 2007 ó 2008, los últimos años “normales” antes de la inflación y el actual crecimiento a fuego lento y que algunos ya definen como estanflación.
La intervención de Enrique Pescarmona era muy esperada. El dueño de IMPSA funciona aún como el oráculo cuando habla en público. Pero no se salió del libreto ni hizo preguntas incómodas. Defendió el acuerdo con Chevron al poner en valor la explotación de petróleo y gas no convencional y planteó la “coparticipación política energética” para beneficiar a provincias productoras de hidrocarburos, como Mendoza.
Scioli eludió prolijamente los pocos intentos que hubo de hablar de inflación o cepo. “Las esquivó todas” dijo uno de los empresarios que dialogó con este diario, y que se dedica a la venta de bienes durables.
Hubo algunas generalidades más: Scioli habló de invertir para salir de la crisis energética, de defender las economías regionales con instrumentos como el BAPRO (¿Habrán corrido lagrimones? Algunos de los presentes fueron parte del Banco Mendoza SA con Raúl Moneta), de achicar el déficit fiscal aunque no avanzó en el “cómo”. E incluso se “corrió” del chisporroteo entre Jorge Magnaghi (su padre Emilio estuvo en el festejo radical por los 30 años de democracia) y el gobernador Pérez, cuando el hombre de la Cooperativa Eléctrica de Godoy Cruz planteó que había que dar aumentos de tarifa, y Pérez lo mandó a leer los diarios por el aumento del 7 % que regirá desde mañana. “Nosotros en la provincia fuimos dando tarifa” dijo Scioli a su turno, poniendo incómodo a Rolando Baldasso, el ministro de infraestructura de la Provincia.
Una de las materias pendientes que tocó Scioli fue la “industrialización del país” y les pidió a los empresarios “no parar la máquina”. Y no hubo mucho más. La mayoría dejó la reunión con gusto a fósforo.
En la reunión resonaron silencios llamativos, al menos entre los empresarios. Hubo algún sorprendido porque el transportista Badaloni o el oftalmólogo que trabaja la mayor inversión para Mendoza de los últimos tiempos, Roberto Zaldívar, no hicieran preguntas. Hubo también intervenciones menores, algunos productores expusieron sus problemas de precio –histórico- y les contestaron con que se trabajará por las economías regionales.
Tal vez, y luego de monitorear lo ocurrido con varios empresarios, la mejor definición del cónclave la haya dado Jorge Pérez Cuesta en Twitter. “Me pareció una reunión donde unos decían una cosa y otros contestaban cualquier otra…” expresó. “Muy parecida a una reunión de sordos… Donde todos querían “escucharse” a sí mismos lo que venían a decir…” escribió en la red social. Y después de las amabilidades del caso, Scioli se paró y se fue. Poco para un presidenciable que carga hoy con la mayor representatividad del peronismo después de la presidenta. Pero se ve que para anticipar la “economía que viene” habrá que esperar un tiempo. O preguntarle a otro.