Cómo sobrevivir al 2015: el desafío del kirchnerismo

Para Graciela Cousinet, el oficialismo debe saber negociar ante las próximas elecciones. La búsqueda de aproximarse a las clases más bajas.

Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

El 2013 es un año electoral, por lo tanto los kirchneristas  se abocarán a lo que mejor saben hacer: pelear electoralmente. Con el agregado de que estas legislativas serán para ellos la gran batalla.

Parten del reconocimiento de que Cristina no podrá aspirar a una segunda reelección y que no tienen un candidato o candidata propios. Esto no quiere decir que en el entorno más íntimo no hayan quienes se apuntan, sino que ninguno tiene suficiente conocimiento y consenso en el electorado como para ser votado masivamente. En esto las encuestas deciden, porque si bien es cierto que poniendo todo el aparato justicialista y todos los recursos del Estado se podría llegar a pelear el triunfo, los peronistas (especialmente los intendentes del conurbano) se preguntarán por qué hacerlo y a cambio de qué. Ellos preferirían a alguien de su casta, como Massa o Scioli, quien sigue siendo la mejor alternativa, eso está claro.

Sabiendo esto, el kirchnerismo se prepara para apoyarlo a cambio de un acuerdo leonino. Pero, mientras más tiempo pasa más se fortalece el gobernador, ya que el único recurso del gobierno para disciplinarlo son las partidas del Estado que pueden, en caso de que no lleguen, producir un caos en la provincia. Pero este es un recurso boomerang, como se vio con los aguinaldos de los empleados estatales. Scioli sabe que esperar y resistir es su mejor estrategia, porque el gobierno se debilita a medida que se acerca el fin de su mandato.

Al no tener candidato propio, el kirchnerismo sólo puede negociar, una de las cosas que Cristina menos sabe hacer. Y aun cuando negocien, pocas garantías tienen de que los pactos se cumplan en la jungla hobbesiana peronista.

¿Qué le quedaría al kirchnerismo después del 2015? Todos los diputados que pudiera meter, especialmente en el 2013, y todo el dinero que pudiera sacar de las arcas del Estado hasta el 2015.  No es poco pero, ciertamente, es mucho menos de lo que tiene actualmente.

Y La Cámpora, claro. ¿Pero cuánto tiempo se podrá sostener una organización no demasiado grande aunque sí disciplinada sin los generosos cargos estatales que la sustentan?

Probablemente, después de dejar el gobierno, el relato sea el principal recurso político del kirchnerismo, sobre todo porque ya no habrá que confrontarlo con la gestión. Aunque para relativizar su importancia podemos decir que en este plano la izquierda le lleva ventaja.

Es por todo esto que las elecciones son el principal desafío del kirchnerismo. No desconozco que también está el problema de la inflación, de la falta de un sistema energético acorde con las necesidades, del retroceso del poder adquisitivo de los salarios, del deterioro de la competitividad de las economías regionales, del colapso del trasporte público, de la brecha creciente entre gastos y recursos genuinos, del cuello de botella que una industrialización dependiente de insumos extranjeros produce en la balanza comercial, de la falta de una política ambiental que proteja nuestros recursos, el de la inseguridad y algunos otros.  Muchos de estos problemas nunca formaron parte de la agenda gubernamental y otros serán evaluados sólo como parte de una táctica electoral.

Salir bien parados en las próximas legislativas le permitirá al kirchnerismo  llegar en mejores condiciones a las negociaciones con el PJ para el 2015. Buscarán reforzar su electorado fundamental: los peronistas por tradición y los pobres del conurbano (no porque no haya otros aún más pobres en el resto del país, sino porque son millones) pero como con esto no alcanza, tratarán de revertir el enojo de la clase media.

Lo primero es más sencillo aunque tiene sus complejidades. La inflación deteriora la Asignación Universal por Hijo, el freno a la economía, especialmente en la construcción, atenta contra el empleo informal de estos sectores tan vulnerables. Hay dificultades para mantener la asignación al ritmo inflacionario, por lo tanto se tratará de incluir más elementos de la cultura popular en el relato (el Nestornauta es muy de clase media intelectual) por eso la invocación de la presidenta a la Virgen de Luján en el discurso al arribo de la fragata Libertad.

Con la clase media la relación parece estar rota. Sabiendo que el estilo de gobernar del kirchnerismo es uno de los principales escollos, se notan intentos de moderar el discurso, de mostrar a una presidenta más conciliadora, que usa menos la cadena nacional. Pero esto no parece ser suficiente mientras subsistan la mayoría de los otros elementos que caracterizan esta gestión.

El gran poblema para que pueda hacer una buena elección es el mismo kirchnerismo que ha construido su enorme poder de una manera que ahora se le viene en contra. Está atrapado en su propia creación.

Graciela Cousinet