El teorema de Moreno

La concentración de poder, una mala noticia para la mayoría de los empresarios. Dos facciones que parecen necesitarse. El 7 de diciembre se acerca. ¿Habrá ley pareja para todos?

Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

En Twitter: @villalongaj

El 24 de octubre del año pasado, horas después del triunfo electoral de Cristina Kirchner, el de mayor distancia entre un candidato y otro en una presidencial en la historia argentina, un empresario importante que no había votado a la Presidente comenzó a adaptarse a la situación. "Yo prefiero que un presidente (sic) tenga mucho poder, porque en países como los nuestros, con un presidencialismo tan marcado, un presidente débil termina mal, ya lo vimos". La segunda parte de esta suerte de "ecuación conveniente", según el hombre de negocios, indicaría que, cuando el poder se concentra, se evitan interlocutores secundarios. "Para bien o para mal, hablás con uno o con dos y llegás a una solución", teorizaba el empresario, que ya había pasado de la melancolía a un incipiente optimismo. Si hubiera seguido hablando podría haberle puesto nombre a su teoría: el "Teorema de Moreno", podría haberse llamado. Pero no. Se contuvo.
El capital es conservador, lo que explica que se invierta en países con regímenes autoritarios como Rusia o China, con fuertes poderes centrales, más allá del sistema político o económico que en ellos impere.

El empresario del primer párrafo ya no piensa lo mismo. La concentración de poder en pocas manos aparece ahora como un defecto y no como una virtud a la hora de hacer negocios. En rigor, el problema no es la concentración de poder sino la falta de coherencia en su ejercicio. Lo que buscan los empresarios es un poder concentrado que no cambie las reglas de juego. Y que esas reglas los beneficien.

La libre competencia es tan inusual en el mundo real como una devolución de dinero perdido.
La Argentina no es ese lugar que desean los empresarios. Existe una enorme concentración de poder pero las normas cambian periódicamente, lo que impide prever el futuro.

Quienes anticipan que la profundización del modo de gobernar del kirchnerismo conduce indefectiblemente a una "chavización", no tienen en cuenta una cantidad de factores, entre los que no son menores el peso del aparato militar bolivariano en el Estado venezolano y la composición de esa sociedad, absolutamente polarizada.

En las últimas semanas se ha radicalizado el discurso sobre esta cuestión, en particular el opositor, que advierte que la falta de cuidado de la Administración Kirchner por las formas democráticas vacía peligrosamente de contenido a las instituciones. En una postura ambigüa que no es posible establecer aún si es deliberada, el Gobierno no contesta estas persistentes críticas, básicamente publicadas por los medios opositores nucleados alrededor del Grupo Clarín. Esto es así al punto de que a veces resulta difícil determinar si no se beneficia con esas acusaciones, que lo ubican cómodamente –en el relato, se dirá– en las antípodas de sus críticos. Desde la oposición de izquierda a Cristina Kirchner se insistirá en que ésta es sólo un "acting" y que la Presidente desearía mantener mejores relaciones con Washington, pero esa es otra historia.

Estamos, en este punto, ante dos facciones que parecerían precisarse: una, en el poder, justifica casi todas sus acciones en su cruzada contra la otra, la que busca impedir el desarrollo de un proceso destinado a cambiar de cuajo a la Argentina. Desde el otro lado, se acusa al neokirchnerismo de constituir apenas una camarilla autoritaria enquistada en el poder para beneficiarse personalmente y perpetuarse allí. En suma, que la Presidente y sus leales serían un grupo de cínicos que se arropan con un relato seudorevolucionario pero que, en realidad, ni siquiera se creen lo que dicen. Paradojalmente es lo que dicen en privado los directivos de los grupos de medios pero no lo que escriben sus columnistas.

Ni una cosa ni la otra. Los casos de corrupción que han manchado al kirchnerismo en el poder involucran, en su mayoría, a funcionarios del gobierno de Néstor Kirchner. Eso no significa que el primer mandato de Cristina no tenga puntos oscuros, pero fue una transición marcada por la presencia de su esposo. Desde el fallecimiento de Néstor pero, muy especialmente, desde que asumió su segundo gobierno, la Presidente le ha impreso un tono marcadamente distinto a su gestión. O mejor dicho, a su modo de pasar por el poder. Hemos reflejado en esta columna las distintas "guerras" en las que se embarcó Cristina en los últimos meses: profundizó la iniciada por su marido contra el Grupo Clarín; también la desatada muy poco antes de enviudar, contra el líder de la CGT, Hugo Moyano; y paralelamente las escaramuzas más modestas pero también determinantes contra empresarios "nestoristas" como Enrique Eskenazi o Jorge Brito, por citar solo a dos de los que han caído en desgracia con Cristina. Todos estos enfrentamientos dicen mucho sobre la impronta que la primera mandataria quiere darle a su último mandato.

También dice mucho el equipo de colaboradores con el que se ha rodeado. Carlos Zanini y Juan Manuel Abal Medina son los principales operadores políticos, cada uno desde su lugar. Y Axel Kicillof, un viceministro que está a cargo de los principales resortes económicos. Sobre esta manera concentrada de administrar el poder se han escrito libros. Otros funcionarios tienen una posibilidad más reducida de llegar a la Presidente. Es el caso de Mercedes Marcó del Pont, la titular del Banco Central, a quien se acusa de haber sugerido el "secado" de la plaza local de dólares, el que comenzó hace tres meses y concluyó con el "cul de sac" de la explosión del mercado "blue" o paralelo. Guillermo Moreno asegura que fue ella y Miguel Pesce, el segundo de la entidad monetaria, quienes le llevaron la idea a la Presidente. Y que él siempre la rechazó.

La intervención en el mercado cambiario es cosa seria, en particular en un país que nunca dejó de pensar en dólares. Cada día que pasa se suma un nuevo obstáculo en esta trama malhadada y el "blue" no deja de subir. Los economistas heterodoxos siguen sosteniendo que no los preocupa el valor del dólar paralelo y que es "ficticia" la distancia de casi 40 por ciento con el dólar oficial porque son muy escasas las operaciones a 6,50 pesos. El enrarecimiento del clima económico parece haber hecho triunfar a quienes le recomiendan a la Presidente que muestre actividad e iniciativa. Los anuncios con cadena o sin ella producen una devaluación, la de la palabra presidencial. Cristina no cree en esto y piensa seguir relatando la realidad por televisión, sin intermediarios. En la otra banda, el número 7 actúa como una suerte de mandala. El 7 de diciembre próximo pueden suceder muchas cosas. Todos aquellos grupos de medios que no apliquen para la Ley de Medios y no se hayan presentado a la Justicia con algún planteo de inconstitucionalidad, habrán debido vender entonces los activos que les sobren. Son varios los casos. El Grupo Clarín y el Multimedios Uno contarían con un año más a partir de entonces para desprenderse de las licencias que no puedan conservar según la norma aprobada por el Parlamento. Se presume que algún "as" legal bajo la manga deberán tener. El conglomerado que aún conduce Héctor Magneto milita sin dudas en la oposición al kirchnerismo. El de la dupla Vila-Manzano oscila, según intereses concretos y de más corto plazo. ¿Hará diferencias entre uno y otro la autoridad de aplicación de la Ley de Medios? En especial cuando se ve en el horizonte el próximo comicio de mitad de mandato, una elección clave para la continuidad del "modelo".

* Director de gacetamercantil.com