La guerra por YPF

Una "hoja de ruta" para entender hacia dónde va el Gobierno. "A los dogmáticos que vos acusáis...". "La Cámpora" y un nuevo plan de negocios para la petrolera de bandera.

Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

Por @villalongaj

El enfrentamiento entre el Gobierno nacional e YPF, la compañía petrolera de bandera que controla la familia Eskenazi, puede servir como “hoja de ruta” para entender hacia dónde se encamina la Administración de la presidente Cristina Kirchner en su segundo mandato.
En primer lugar, las escaramuzas dejan en evidencia que nuevos jugadores buscan terciar en esta etapa, revestida de un carácter tan fundacional como otras. Y que viejos guerreros del kirchnerismo hoy deben hacer enormes esfuerzos para sostenerse dentro del flamante esquema de poder.

El ministro de Planificación, Julio De Vido, mano derecha de Néstor Kirchner en la primera fase del kirchnerismo, manejó a discresión el mayor presupuesto que haya tenido la democracia y que fue destinado a la obra pública. En los últimos tiempos, el poder inocultable de De Vido se ha venido desvaneciendo al calor del avance de una flamante dirigencia, la encarnada por los profesionales y militantes de “La Cámpora”.

De Vido mira con una mezcla de desdén y temor a esta pléyade de advenedizos de la política que sólo pueden exhibir en su carnet algunas piezas de baile en las últimos carnavales, tal la visión del superministro del fallecido ex presidente. “No me van a correr por izquierda estos pendejos”, dicen que dijo De Vido en alguna ocasión en el último tiempo. La frase es el resumen de la derrota. Porque no se va a dejar “correr por izquierda”, De Vido ha perdido la compostura desde enero a esta parte al punto de borrar con el codo varias de las cosas que escribió –y prometió– en público (En rigor, la segunda tesis del derrotado es la que afirma que cuanto más cerca de Tribunales se encuentra, más declaraciones altisonantes realiza. La tesis, como toda tesis, pretende ser general y no se aplica sólo a De Vido, claro). Los más asombrados por la pérdida del eje del ministro son los empresarios con los que ha tratado en todos estos años, los conocidos, los amigos y los íntimos.

La aparición de los “neocamporistas”, por más que la Presidente haya intentado arroparlos diciendo que tienen apenas 29 cargos de más de once mil, ha puesto nervioso a varios representantes del viejo kirchnerismo, entre ellos a algunos ministros del gabinete nacional.
Uno de ellos cenó en estos días con un grupo de empresarios, a quienes dejó preocupados. Dejando de lado sus planteos existenciales, el secretario de Estado a cargo del departamento X, tal como rezan los decretos de unción, desestimó que las paritarias vayan a terminar desmadrándose (“Se van a cerrar en un promedio de entre el 18 y el 25 por ciento”, aventuró), pero instaló una luz de alarma en el último trimestre del año por otro tema candente. “El verdadero problema va a llegar por la falta de insumos, lo que va a comenzar a golpear el empleo a fin de año y a comienzos del que viene”, apuntó.

El ministro señaló de este modo al supersecretario Guillermo Moreno, quien con su cruzada por la aspiración de dólares está complicando de manera severa a algunas actividades productivas. No obstante, los propios industriales admiten que Moreno, con su tosquedad y baja altura teórica, no es tan irracional como muchos lo pintan, en especial aquellos medios que se han pasado sin pudor a la oposición. “Si uno le explica los pro y los contras, Moreno dice: ‘Dejámelo ver’– y después te lo resuelve”, relata un beneficiado. Los que no pueden mover un contenedor desde hace meses no opinan lo mismo, pero admiten que no han recibido indirectas de ningún funcionario de Moreno para destrabar trámites, práctica que dicen que era habitual en algunas áreas del Gobierno años atrás.

Moreno no se da baños de ideología, en cualquier caso. Le han dado una tarea y la cumple en la medida que puede como el mejor de los militantes.

El caso del viceministro de Economía, Axel Kicillof, es diferente. Con su prosa pseudobarroca el columnista de “La Nación” Carlos Pagni no se preocupó en disimular su costado más reaccionario al escribir sobre Kicillof. Ascendió por sus ancestros judíos para ridiculizarlo con la afirmación de que pertenece a una saga de dogmáticos. El tiro le salió por la culata porque gatilló en un tema que a la familia Saguier, los dueños de “La Nación”, no parece preocuparles: el historial de intolerancia de ese diario. Pagni se siente cómodo escribiendo en el matutino fundado por Bartolomé Mitre y los Saguier, de igual modo con su columnista, una versión más moderna y presumidamente culta de Claudio Escribano, el secretario general del diario que desde sus páginas le “bajó” a Kirchner un bando antes de su asunción en el que por poco le admitía apenas la potestad de servir el café en la Casa Rosada, cuando asumiera.

Kicillof es un lúcido intérprete de la historia económica y tiene cerca a un grupo de jóvenes –y no tanto– que no han perdido el tiempo a su paso por la Academia. Pero entre Kicillof y Moreno se abre un océano en el que no se da la mezcla virtuosa de las aguas del conocimiento con aquellas que provienen de la calle. El viceministro de Economía no tiene experiencia en gestión y el Gobierno no dispone de muchos cuadros con experiencia, lo que resulta evidente cuando se analiza el organigrama de la cúpula del Estado.

La falta de experiencia quedó plasmada con algunas de las acciones de Kicillof, el secretario de Energía, Daniel Cameron, y el subsecretario de Coordinación del ministerio de Planificación, Roberto Baratta. Hace dos semanas, los tres buscaron participar de una reunión directorio de YPF a la que sólo podía ingresar Baratta, el representante del Estado en esa compañía. Los abogados de los Eskenazi no se lo permitieron, pero luego acordaron que acudieran todos a la presentación de la Memoria y Balance de la petrolera, cuya mayoría accionaria está en poder de la española Repsol.

Parecía haberse llegado a una tregua luego de semanas de hostigamiento, pero el encuentro no fue feliz. Kicillof , Cameron y Baratta volvieron al edificio de YPF en Puerto Madero para tratar de enmendar algunos párrafos de la Memoria, la que, según la conducción de la petrolera, sólo podía ser aprobada o rechazada, no había posibilidad legal de enmiendas, tal como pretendían los funcionarios. La Memoria es un informe que se adjunta al Balance, el verdadero documento, sobre el que no tenían objeciones.

El objetivo de aumentar la presencia y el peso del Estado en las ramas principales de la economía no debería chocar con los intereses de compañías privadas que operan en sectores estratégicos de la economía. Resulta complicado que, tal como especularon algunos en una prensa desaforada, YPF sea re-estatizada. Mucho más probable es que se busque imponerle un nuevo plan de negocios que debería ser negociado con los Eskenazi. Si las condiciones no fueran confiscatorias o afectaran una tasa razonable de rentabilidad, muy probablemente llegarían a un acuerdo.

El mote de “dogmático” que Pagni le colgó a Kicillof lo atraviesa para llegar a la Presidente. El problema que le propone el “neocamporismo” a la derecha es que, con varios argumentos de peso, discute un “status quo” que la ha beneficiado a pesar de que casi nunca ha contado con los votos en casi 30 años de democracia. Paradójicamente o no tanto, interpelan a "La Cámpora" desde el propio "dogma conservador", un menú que en los días que corren no goza de mucho prestigio. 

“La Cámpora” no es ni una cooperativa, ni una “orga” ni la asociación “HIJOS”, pero contiene a un grupo generacional que no ve la política como aquellos que han detentado el poder en la Argentina en las últimas décadas. Esto, “per sé”, no les da la razón, porque la razón se está construyendo. Y encima estamos a mitad del río y en un momento en el que no hay demasiado lugar para las confusiones.