El martes por la tarde, en las escalinatas de la Legislatura, Carlos Ciurca volvió a poner la cara frente al reclamo masivo por la muerte de Matías Quiroga. Como en los viejos tiempos del ministerio ahora conducido por Carlos Aranda, ante cada crimen que conmocionaba a la sociedad y en medio del silencio oficial que reinó en Casa de Gobierno desde el viernes pasado.
Carlos Ciurca recibió ayer el petitorio de Osvaldo Quiroga y María Inés Ortíz, los padres del joven deportista muerto de un disparo efectuado por uno de los asaltantes del camión de caudales en la playa de Carrefour de Godoy Cruz. Unas tres mil personas se movilizaron a la Legislatura en reclamo de justicia y con el firme pedido de que cambien las leyes penales.
No todas las manifestaciones que llegan a la Casa de las Leyes son recibidas por el vicegobernador. Desde que dejó el cargo de ministro del área más caliente en manos de Carlos Aranda, Ciurca no enfrentaba a una multitud enardecida que clamó con bronca y hasta llegó a insultar a los pocos legisladores y funcionarios que los recibieron en la puerta de la Legislatura.
Que el vicegobernador haya recibido a la multitud es un gesto simbólico con fuertes connotaciones políticas. Aunque en la actualidad se dedica a tejer los hilos invisibles de la gestión legislativa, transparentó su rol, que sigue siendo decisivo en el ministerio de Seguridad. De hecho, en las puertas de la Legislatura, se encontraba flanqueado por sus principales hombres, funcionarios de Seguridad puestos por él.
Carlos Aranda llegó como sucesor de Ciurca desde el área de Inteligencia. Era uno de los escuderos permanentes del entonces ministro de Seguridad cada vez que tenía que enfrentar la bronca e impotencia de los vecinos. A un paso, se encontraba el director de Policía, Juan Carlos Calleri, que volvió a la función pública durante la gestión de Ciurca como director de Investigaciones.
También estaba Emilio Caram, el subsecretario de Seguridad. Caram subió un escalón en el organigrama ministerial, ya que fue director de Apoyo a la Comunidad en la gestión Jaque y puede decirse que es otro de los pichones de Ciurca. En el acto de asunción, el joven subsecretario aseguró que Ciurca es su "maestro y guía" y llamó "hermano mayor" a Eduardo Bauzá.
Bauzá fue jefe de gabinete de Ciurca en Seguridad, pero la relación de compadrazgo comienza antes, cuando eran compañeros en la Legislatura. Ambos podrían haber vuelto a la Casa de las Leyes con un Ciurca como jefe del Senado y del oficialismo en ambas cámaras, pero la postulación de Bauzá en la interna peronista no prosperó porque fue desplazado -desde Buenos Aires- por la gente de La Cámpora. Ciurca requería a Bauzá en el recinto legislativo para terminar su armado político en la Cámara Alta. Finalmente, fue designado como jefe de gabinete de Francisco Pérez.
Bauzá fue el único representante del Ejecutivo en las escalinatas de la Legislatura. No es poco, en medio del silencio de radio que se autoimpuso Francisco Pérez. Pero da a entender que su presencia responde fundamentalmente a un gesto de respaldo al vicegobernador.
Con la marcha por Matías Quiroga, Ciurca volvió a sentir la reprobación social, esta vez con silbidos hacia su persona la vez que "El Oso" Quiroga lo nombró por micrófono.
La prueba más dura la había vivido en junio de 2009. Tras el asesinato de Angela Quinteros, Ciurca asistió en calidad de ministro a una protesta de los vecinos de la víctima en la Sexta Sección. No la pasó bien. Lo insultaron, increparon y hasta salivaron. Ciurca tuvo que salir protegido por su gente. Minutos después, el oficialismo denunciaba que aquella protesta había sido rosqueada por la oposición. Eran tiempos de previa electoral y los ánimos estaban caldeados por el mal inicio de la gestión de Celso Jaque.
Días después, Ciurca encabezó el arresto del asesino de Angela Quinteros en el Este provincial, con un estilo que supo imprimir en la cartera: con la presencia de los medios y permitiendo que las cámaras tomaran al sospechoso a cara descubierta. Una forma de escarmiento público a través de los medios de comunicación. Pero también una manera de validar su gestión, después de los insultos y los salivazos.
Este martes, rodeado por los funcionarios que había designado en el ministerio, Carlos Ciurca confirmó que sigue teniendo injerencia en los asuntos de mayor conflictividad, aquellos que tienen que ver con la problemática delicitiva y el reclamo social emergente. Un día después y en Tunuyán, Francisco Pérez volvió al ruedo político y expuso por primera vez desde el viernes del crimen sus impresiones como gobernador.
Maxi Quinteros en Twitter: @rayosycenteyas