Este es uno de los momentos políticos más hilarantes que puedan recordarse. Y sólo la instalación temática que intenta disimularlo le pone alguna cuota de seriedad, aunque podría no ser el término más exacto.
Que esto haya sido gatillado por cifras electorales de dos distritos con peso numérico casi nulo ya era síntoma de un desconcierto gigantesco. Al cabo de Catamarca, la conducción periodística opositora puso el grito en el cielo y advirtió que podrían venirse tiempos peores. Comenzaron los movimientos y declaraciones que, antes de llamar a la unidad, mostraron signos de expectativas cambiadas. Eso registra lo que se afirmaba en público; no lo que, según se permite señalar esta columna, hace tiempo, es la realidad: la oposición no quiere ganar, porque tiene plena conciencia de que no puede ofrecer absolutamente ninguna alternativa creíble. Como fuere, la derrota catamarqueña bastó para que, dentro y fuera del radicalismo, tomaran nota del alerta de tsunami. Lo de los radicales fue solamente más explícito, porque viajaron para celebrar y se volvieron de un velatorio. Chubut acabó por blanquear la crisis, pero ya de manera generalizada. Concluyó la carrera política de Mario Das Neves, que aparecía como el único sin prontuario de la derecha peronista. Felipe Solá terminó de borrarse esa misma noche. La UCR se plegó al kirchnerismo en la denuncia de tongo, construyendo un hecho del que debe haber escasos antecedentes si es que los hay: fraude para apenas rascar una diferencia de cientos de votos en elección a gobernador. Es que hay que anoticiárselo así, con mezcla de cinismo y estructura de sketch. Como Macri, que no puede comandar el Colón y (dice que) pretende ser presidente de la República, el Peronismo Federal ni siquiera tuvo organización para hacer la Gran Santa Fe de 1983, cuando se perdía contra el alfonsinismo, apagaron la luz en el centro de cómputos y a las dos horas salieron ganando la provincia por 14 mil votos. O como se los enrostró un connotado periodista de El Grupo: había que ganar, aunque sea, con un gol sobre la hora y con la mano. Ni eso.