¿Cristina gana hasta cuando pierde?

Los exámenes electorales de Catamarca y Chubut dejaron un saldo a favor de la presidenta. La imagen de la mandataria se agiganta en los distritos más pequeños del país, postula nuestro columnista de política nacional. A la vez que revisa el caso Moyano y su incidencia en la campaña. Ahora se viene Salta con Urtubey corriendo con ventaja.

Mil quinientos votos. Apenas mil quinientos votos separaron a Martín Buzzi de Carlos Eliceche en la elección a gobernador de Chubut, el domingo pasado. Y son casi cuatro mil los recurridos. Buzzi fue el candidato del gobernador Mario Das Neves y Eliceche, el impulsado por el Gobierno nacional.

El comicio chubutense volvió a mostrar que, en distritos pequeños, resulta determinante, cuando se juega, la figura de la presidente Cristina Fernández de Kirchner.

Ocurrió en Catamarca, una semana antes. En los dos casos, los derrotados se quejaron amargamente de la "nacionalización" de la campaña. Sucedió con Eduardo Brizuela del Moral y ahora con Das Neves.

Si, no nos equivocamos, porque Das Neves "perdió" al ganar de esta manera. Después de mantener una ventaja de dos dígitos hasta un mes antes de la elección, Eliceche y Cristina dieron vuelta el resultado y a poco estuvieron de ganar la elección en un distrito emblemático porque el kirchnerismo medía fuerzas con el Peronismo Federal.

De hecho, la renuncia de Das Neves a competir en la interna de ese sector, que por regiones comenzaba el 3 de abril, deja en evidencia tanto las discrepancias internas del volátil peronismo disidente como el hecho de que el magro triunfo en Chubut es vivido como una derrota por el dasnevismo.

El catamarqueño Brizuela fue asesorado por un "gurú" porteño que a una semana del comicio seguía asegurando que Lucía Corpacci no tenía ninguna posibilidad de ganar, a pesar de que el "Huracán Cristina" había pasado por la provincia con una estela de encuestas que marcaban un ascenso indetenible.

Das Neves veía con desesperación cómo se acercaba Eliceche a su "delfín" y no tenía herramientas para evitarlo. Esa desesperación le hizo cometer un error garrafal: prometió que si Buzzi perdía, dejaría la política. Con este único gesto terminó de "nacionalizar" la elección: un sector de los chubutenses, como muchos catamarqueños, perciben a los candidatos "cristinistas" como puentes que pueden acercarlos al poder más concentrado, el que les podría garantizar una mejor calidad de vida.

Es que la combinación entre toneladas de publicidad oficial y discrecionalidad en el manejo de la obra pública están produciendo su efecto. En aquellas provincias hacia las que la mano presidencial se extendió, y en donde los gobernadores cerraron filas con la Casa Rosada, los candidatos –en general por la reelección– gozan de un "plus" difícil de neutralizar por parte de sus opositores.

Podemos anticipar que así será el próximo domingo en Salta, en donde el "kirchnerista" Juan Manuel Urtubey busca su segundo mandato. Y en el que otro kirchnerista, sin comillas, es quien se ubica en segundo lugar de las preferencias del electorado.

Pero, entretanto, quedó en evidencia que la performance electoral de Cristina se mantiene ajena a los conflictos internos del oficialismo. O que, incluso, hasta se nutre de algunos de ellos.
Es el caso del tire y afloje entre la Presidente y Hugo Moyano, quien como ya hemos señalado en esta columna contesta el poder presidencial desde hace tiempo. El líder de la Confederación General del Trabajo (CGT) volvió a la carga después del grave incidente por el exhorto diplomático suizo.

Moyano aseguró: "Estamos ante un ataque sistemático que ya trascendió las fronteras ¿Quién puedo ser yo en Suiza? Acá los medios inventaron que yo tengo algo que ver con Covelia, cuando lo cierto es que mi relación es permanente con todas las empresas de transporte".

En este punto hay que decirle a Moyano que él no es nadie en Suiza, en efecto. Pero es la columna vertebral del proyecto político que conduce Cristina, lo que justifica una investigación internacional por lavado de dinero. O, dicho, de otro modo, por el manejo supermillonario de fondos que su organización realiza, se explica que alguien dedicado a investigar transferencias le dedique un momento de su tiempo.

Después del enfrentamiento que, él aseguró no fue con el Gobierno, el martes pasado Moyano volvió a la carga. "A nosotros nos gustaría que acompañe a la Presidenta un hombre de extracción gremial. Pero la Presidenta todavía no ha decidido si va a ser candidata", se atajó el líder del gremio de los Camioneros.

No es lo mismo que viene diciendo desde octubre del año pasado en todas sus apariciones públicas. El matiz, que aclara que Cristina no se definió, apareció a partir del momento en que Moyano se chocó de frente con el poder presidencial. "El Negro se complicó la vida con lo que hizo, se calentó y perdió la cabeza. Lo paró Julio (De Vido) porque se pudría todo", explicó a Gaceta Mercantil una fuente de acceso diario a la Casa Rosada.

Pero lo verdaderamente interesante de la crisis desatada con el pedido de informes de la Justicia helvética han sido algunas de las consecuencias políticas del embrollo.
Por ejemplo, las acusaciones de Moyano al "ala izquierda" del Gobierno, que apuntaban a Carlos Zannini, Juan Manuel Abal Medina, Nilda Garré y Horacio Verbitsky, entre otros dirigentes sin vínculos con el partido Justicialista.

El columnista de Página/12 sabe perfectamente lo que son las contradicciones fundamentales y secundarias. Y al explotar el conflicto, comenzó un realineamiento.
Moyano retrocedió en sus dichos y quien comenzó a ocupar un lugar importante entre los portavoces del moyanismo fue Facundo Moyano, el titular del gremio de empleados de peajes.
Facundo, con un manejo del idioma y de la argumentación política superiores a las de su padre y su hermano Pablo, tomó la "posta" de la defensa y justificación de las decisiones de Hugo.

Podría decirse que el titular de la CGT decidió delegar en su hijo Facundo, el líder de su "ala revolucionaria", la tarea de defensa política que tan mal encaró en plena crisis. "No quiero ser extremo con esto que digo, pero está claro que el ataque (a Moyano) es obra del imperialismo anglosajón y de los multimedios que lo representan", acuñó Facundo en un contacto con los medios.

No se salió de ese discurso cuando fue entrevistado por Víctor Hugo Morales en su programa "Bajada de línea". Facundo Moyano demostró allí un manejo discursivo e ideológico que, si no fuera que es quien es, podría ser confundido con el "obrerista" Jorge Altamira.

El reciente acercamiento de Facundo a "La Cámpora" se inscribe en la misma estrategia de "ideologización" de la imagen de Hugo, que no se siente cómodo en esos ambientes pero acudió al programa "6,7,8", a charlas organizadas por "Carta Abierta" y a eventos convocados por Hebe de Bonafini, quien en el último tiempo consideró oportuno tomar distancia de él porque en su "ultracristinismo" lo ve como una amenaza para la Presidente ("Debería salir de la canastita del poder", recomendó).

Pero Facundo es el hijo de Hugo. Y todo su arsenal dialéctico lo utiliza para defender a su progenitor, no a Vilma Ripoll. Ni Hugo ni Facundo pueden contestar puntualmente un cuestionario de alguien informado sobre los avatares judiciales que enfrenta el líder de la CGT, tanto en la causa por la "mafia de los medicamentos", en la que la actual pareja de Moyano padre está comprometida, como en el pedido de ayuda de la Fiscalía General de Suiza a la Justicia argentina.

Pablo, el hijo mayor de Hugo, desaparecido en los últimos tiempos, es a quien verdaderamente apunta el famoso exhorto helvético. Pero nadie puede garantizar que, si se destapa la olla de Covelia, el propio Hugo no vaya a pasar sofocones, en especial porque está claro que el accionar "empresario" de Pablo tuvo, hasta no hace mucho, el total acompañamiento de su padre.

Ahora bien, un "caso Covelia" tendría la potencialidad de golpear a los Moyano, de hacerlos retroceder, de detener el impulso político que traen, pero no de hacerlos caer. Y además una hipotética caída de los Moyano implicaría un peligro cierto para el proyecto político del kirchnerismo, sobre todo por la inestabilidad que supondría.

Mientras la Presidente analiza cuándo es el mejor momento para lanzar su candidatura, analiza a la vez quién sería el mejor candidato para acompañarla. Según Verbitsky, Cristina le contestó a Hugo que mal podía pensar en su segundo cuando ella no había tomado la decisión de presentarse. Todos alrededor de la Presidente tienen en claro que será ella la candidata. Hugo también. Cristina resistió el embate privado del líder cegetista y, más tarde, resistiría los públicos.

Moyano busca forzar la llegada de Héctor Recalde al segundo peldaño a cambio de garantizar la "paz social" de un eventual segundo mandato de CFK. Y la Presidente se imagina otro diseño, con Moyano bajo control y un fiel gobernador acompañándola en la vicepresidencia. Nadie sabe hoy si esta alquimia es posible.

* Director de gacetamercantil.com