Cuando se acaba la política

El acto anticristinista de Moyano termina de delinear el escenario del conflicto sobre el que disputará hacia adentro el peronismo. Amplitud y sectarismo.

Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

En Twitter: @villalongaj

La contraofensiva contra Hugo Moyano y su paro “destituyente”, tal como lo califican en la Casa Rosada, tendrá un nuevo capítulo en poco tiempo que profundizará, si cabe, el enfrentamiento entre el “cristinismo” y el todavía titular de la CGT: el avance de la investigación judicial por lavado de dinero que se sustancia en Suiza y que lo involucra por ahora de manera tangencial. La fiscal helvética que hace más de un año pidió informes a la Justicia argentina sobre el líder cegetista y su entorno familiar y económico, recibió algunas pocas precisiones del juez federal Norberto Oyarbide, pero todo indica que, junto con otras de las unidades internacionales de inteligencia sobre lavado, la funcionaria dio varios pasos en la línea de rodear jurídicamente a Moyano y a los presuntos accionistas de Covelia, la empresa de recolección de basura que simultáneamente comienza a enfrentar serios problemas con municipios del Conurbano en los que opera mientras Mauricio Macri le abre las puertas en la Ciudad de Buenos Aires.

Esta causa en el extranjero se relaciona con otra en la Argentina, la que lleva adelante el fiscal Carlos Stornelli por denuncia de la diputada y ex ministro de Salud, Graciela Ocaña. Esta avanzada investigación, parte de la cual ya fue traducida y se encuentra sobre el escritorio de la fiscal suiza, es la verdadera “espada de Damocles” que pende sobre Moyano y su entorno, más incluso que la que involucra a su actual esposa por los troqueles “truchos” de los medicamentos oncológicos en la Obra Social del Sindicato de Camioneros.

Stornelli cerró el círculo sobre los vínculos entre Moyano, el PAMI, el APE, la Cooperativa de Crédito y Vivienda Lanús y al menos dos “cuevas” que atribuye a dos personas estrechamente relacionadas con Covelia. Sólo es cuestión de tiempo –poco tiempo– para que este escándalo estalle. Será un paso más en la escalada sin retorno entre el Gobierno y el moyanismo.
Mientras tanto, el “scrum” que tiene como cara visible a Moyano ha terminado de ordenarse, para mayor paranoia de Cristina Kirchner. No hay quien pueda convencer a la Presidente de que la conspiración para voltearla –una y otra vez revivida– no está en plena marcha. Los “datos”, acumulados frente al periodista por un funcionario de trato diario con la primera mandataria, lucen concluyentes. Ninguno de los errores políticos de los últimos seis meses, algunos groseros, tienen que ver con lo que hoy sucede, según el análisis del colaborador de Cristina, que como su jefa aparece “blindado” a las críticas, todas de carácter “destituyente” por muy prudentes que sean.

Cuando nos referimos al plan opositor estamos hablando de un plan destinado a terminar abruptamente con el “cristinismo” en 2015, sin posibilidad alguna de negociación. Esta es la hipótesis de máxima del inestable arco opositor: que Cristina deje el poder ese año sin que su proyecto “nacional y popular” disponga de herederos. De allí para abajo en términos de expectativas se abre un amplio abanico de especulaciones entre los dirigentes políticos, sindicales y empresariales que por estos días se reúnen en distintos cenáculos, algunos de ellos con varias décadas de operación.

La cuestión, como ha sido siempre, es el manejo de los tiempos. La Presidente no es una “tiempista”, precisamente, pero dispone de un manejo concentrado del poder que compensa ese defecto político. Moyano, por su parte, tampoco es un representante de la alta política y se encamina hacia su inmolación personal. Tal como están las cosas, su única salvación implica el destierro de Cristina de la política. En el trayecto, el líder de los Camioneros podría servir para derruir las bases de un gobierno cada vez más autista, o al menos para complicar todavía más las cosas en los terrenos económico y social como para hacer casi imposible la supervivencia del oficialismo. ¿Está dispuesto Moyano a servir de mascarón de proa de un proyecto alternativo al “cristinismo”, promovido por enemigos y expulsados del modelo como el Grupo Clarín, el sciolismo, el macrismo y la dispersa oposición no peronista? Proyecto que, como se ve, no tiene una figura política visible. Cuando se está por perder todo, ya no hay nada que perder. Y en esto radica el peligro de un Moyano desbocado.

Ex socios del kirchnerismo en las organizaciones sociales dividieron aguas aún más en los últimos días. Desde un sector ultraoficialista se puso de manifiesto que a Moyano sólo le faltó convocar a la Plaza de Mayo a los caceroleros de Barrio Norte. Más allá de la chicana, la imagen busca poner en la vereda de enfrente a todos los “malos” y “sucios” que enfrentan a Cristina en esta maratón presuntamente golpista. Desde “Libres del Sur” se ha venido machacando que un gobierno pesuntamente progresista como el de Cristina es en realidad el autor de una política regresiva en materia de impuestos. Utilizan un dato cierto: en 2007 sólo 8 por ciento de los asalariados tributaba Ganancias contra 19 por ciento que lo hace hoy. Y advierten que lo más regresivo del sistema impositivo argentino, cuya reforma ya no resiste más dilaciones, es la alícuota del IVA. Usan el remanido argumento de que un rico y un pobre pagan el mismo 21 por ciento sobre cualquier producto, lo que se refuerza cuando los artículos, encima, son de primera necesidad.

Cuando Moyano reclama la suba del mínimo no imponible de Ganancias apunta a un sector que tradicionalmente no se reinvindica peronista. Se instala en una exigencia de sectores que por sus ingresos integran una parte de las capas medias de la sociedad, que votaron masivamente a Cristina Kirchner hace apenas ocho meses pero frente a un eventual enfriamiento de la economía no tendrían problema en migrar para expresar su enojo. La volatilidad del voto es un dato incontrastable.

Claro que para canalizar ese potencial desagrado la oposición debería conseguir rápido candidatos y partidos que lo encarnen. Moyano no tiene uno, y esos mismos sectores medios podrían entrar en pánico si el líder camionero no tiene quien lo pare.

Una aparente paradoja como ésta es la clave de la política actual. Sucede que si se acelera mucho, se corre el riesgo de pasarse, tanto como si se frena antes de tiempo se puede quedar rezagado. Y decimos aparente paradoja porque en realidad no lo es, el primer paro nacional al kirchnerismo es la representación viva de la ausencia de equilibrio en el escenario político, y también un anticipo del desmadre en el que se caerá si los protagonistas apelan a la desmesura.
Moyano comenzó su acto antikirchnerista con un estudiado cambio en el rito: en lugar de la marcha peronista, los asistentes entonaron el himno nacional. Sus asesores le advirtieron que no debe “encasillarse” dentro de los límites del PJ, que debe salirse del corcet del sindicalismo peronista para representar a “todos” los trabajadores, incluso aquellos que no la tienen porque están en negro. Y que debe robarle al “cristinismo” las banderas nacionales y populares, que son banderas del peronismo de toda la vida. El consejo se completa con una caracterización: “Tenés que hacer lo contrario que hace ella, que es sectaria y gobierna con unos pocos”, le han dicho. El equilibrio entre la doctrina que diseñó Juan Domingo Perón, movimientista, y la amplitud democrática a que obliga la hora para reunir al antikirchnerismo no parece una tarea sencilla. Para Moyano y quienes se esconden detrás, no hay otra salida.   

Julio Villalonga es director de www.GacetaMercantil.com