Era inverosímil anteanoche ver en Catamarca las imágenes del incombustible Ramón Saadi saltando de alegría por una victoria de Cristina Kirchner. Pero eran aún más asombrosas las imágenes de la conducción nacional del radicalismo cabizbaja porque había perdido un antiguo kirchnerista que aspiraba a la re-reelección. Lo que se vio en Catamarca fue a un gobierno nacional haciendo política con el mármol y el barro, y a una oposición incapaz de crear una opción política y moral distinta. Es difícil establecer cuánto del triunfo kirchnerista corresponde al arte del kirchnerismo y cuánto a los errores de la oposición, pero éstos existieron decisivamente en las primeras elecciones del crucial año electoral.
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