Todo el gabinete de Jaque menos uno –Guillermo Carmona, el secretario de Ambiente- se hizo presente en la escuela Escultor Roberto Rosas para dejar abierto el ciclo lectivo.
Muchas perlitas (pero muchas, realmente) dejó el acto. Es que la masiva presencia gubernamental no tuvo desperdicio.
La llegada. Jaque llegó 40 minutos tarde y por eso la broma de la mañana fue "el gobernador tiene media falta". En la esquina de la escuela lo esperaba el intendente Abraham, ancho por las obras realziadas en la zona, que incluiyen asfalto y un destacamento. Pero Jaque no llegó solo y, cuando el resto del gabinete presente lo vio, se generó un rumor por lo bajo que demuestra el estado de competencia en que vive el gobierno de Mendoza. El gobernador se bajó del auto con Alejandro Cazabán y fueron recibidos a toque de trompeta por la banda de música de la Policía. Juntos, gobernador y precandidato caminaron los 50 metros que hay entre la esquina y la entrada a la escuela.
A los codazos. Los ministros se pasaron de rosca: estaban casi todos, como dijimos. Pero lo que resultó increíble fue cómo fueron tapando al anfitrión, el intendente Abraham. Uno a uno se fueron colocando cerca de la cinta de inauguración, al punto que el quedó descolocado fue el que los invitó a los demás: el propio Abraham.
¿Y la corbata? “Este ya viene en modo candidato”, sopló un asesor del Gobierno cuando vio arribar al ministro de la Producción al acto inaugural ¡de una escuela! Mercau llegó como buscando a quien saludar, pero ni la gente lo conocía ni los funcionarios le dieron mucho calce. Y lo hizo sin corbata. “Si vos llegás a un acto formal sin corbata, es porque venís como candidato, ¿o no?”, insistió el asesor enardecido.
Los quioscos, de parabienes. Los dos quiosquitos de la cuadra sabían que con la apertura del nuevo edificio tendrían más clientela. Pero ni se imaginaron que entre los desesperados clientes que buscaban agua, gaseosas y alguna barrita ligth estarían funcionarios de todos los colores y niveles. Una veintena de choferes cubrió la cuadra completa de trajes y lentes oscuros y avanzó raudamente –tras los pedidos que llegaban por mensajito al celular- en la búsqueda de refrigerio para un acto que resultó interminable.
Un prócer de carne y hueso. Roberto Rosas, el escultor en reconocimiento de quién se bautizó a la nueva escuela, participó en un segundo plano de los festejos. “Cuando me dijeron que le querían poner mi nombre a la escuela obviamente que me dio mucha vergüenza y atiné a ofrecer otros nombres que creo que hubiesen sido más apropiados”. Humilde, Rosas se fue acompañado por su compañera, tranquilo, apenas terminó el acto. No hubo forma de ubicarlo antes telefónicamente: le robaron las líneas que conectan a los vecinos de Mathus Hoyos, muy cerca de la escuela inaugurada, en donde tiene su casa – taller.
Los chicos y vecinos, en otra cosa. En el nuevo salón de usos múltiples no entra mucha gente. Allí se montó el escenario principal del acto, compuesto por una mesa académica desde la cual el gobernador Jaque y el intendente Alejandro Abraham se comunicaron vía teleconferencia con la presidenta Cristina Kirchner. La gente del barrio y gran parte de los alumnos quedaron afuera, en el patio, en donde el sol golpeaba con fuerza. A los 40 minutos tarde que llegó el gobernador le siguió el extenso acto que incluyó un par de bendiciones (una vía satélite y otra in situ) y palabras de gobernadores y de la propia Presidenta. La gente se fue. Y mientras todos hablaban por televisión, los chicos fueron a buscar unas banderitas argentinas que un grupo de choferes de la Casa de Gobierno regalaba en el patio.
Desaprovechado. “Es que somos serios”, dijo un funcionario cuando alguien (en realidad otro funcionario) le dijo que habían desaprovechado el acto, al hacerlo tan acotado y cerrado. Pero no: fueron muchos los que pensaron que podrían haberlo hecho en la calle, en la vereda, convocando a cientos de personas teniendo en cuenta que lo que inauguraban era nada menos que una escuela por la que los vecinos lucharon durante 20 años.
Aburridos… y esto, para empezar. El de El Bermejo fue el primero de una serie de seis actos inaugurales de edificios escolares, tal cual lo advirtió el gobernador Jaque. “Si a todos los organizan igual –bromeó o chicaneó un funcionario- nos vamos a ver las caras y escuchar las mismas palabras seis veces; un embole”.
Todos para uno… Todos, pero todos los funcionarios del gobierno _menos uno, Carmona- estaban presentes. Y todos, pero todos los de Guaymallén, también. Al punto que, por ejemplo, estaban el ministro de Salud, Carlos Behler y sus dos subsecretarios: Landete y Quesada.
“A ese lo conozco”. En medio del larguísimo acto, el ministro Behler se asomó a una ventana a hablar por teléfono. Los chicos lo reconocieron como “alguien que sale en la tele” y se le fueron encima a saludarlo. Un funcionario de segunda línea fue más que sarcástico: “Que no lo saluden mucho por los ministros de Jaque son a fricción: alguien los saluda y ahí no más son candidatos a gobernador”.
Tarde, tarde. El ministro que más tarde llegó fue Aranda, el de Seguridad. Pero ya estaba casi todo su gabinete ocupando sillas. Entre ellos, el jefe de Gabinete, Eduardo Bauzá y el subsecretario de Seguridad, Luis Parigi, quien se sentó en primera fila. Nadie le cedió su lugar y Aranda se resignó con ubicarse en la cuarta fila.
Un gabinete que es un amor. La imagen vale más que mil palabras: de izquierda a derecha, Francisco Pérez, Carlos López Puelles y Celso Jaque.