Apuntes para entender a Scioli

Le gusta salir en las páginas de Gente, que lo aplaudan en IDEA y escucha a Pimpinela y no a Los Olimareños. Es un auténtico conservador. Como el Solano Lima que acompañó a Perón en el ’70. Unos y otros pretenden que Scioli sea distinto a lo que es. Scioli es Scioli, y nada indica que vaya a ser el candidato de Clarín, ni tampoco Néstor Kirchner va a reencarnar en él.

Desde que los editorialistas de Clarín descubrieron, gracias a los cables de WikiLeaks, que Daniel Scioli dice en público más o menos lo mismo que en privado sobre Cristina Kirchner, la distancia que hay entre la realidad de las cosas y sus deseos los mantiene tan confundidos como angustiados.

Lanzados a una operación política, revestida de falsa cobertura periodística, que busca conseguir un candidato para Héctor Magnetto y AEA tras detectar que Mauricio Macri no mueve el amperímetro nacional, intentan por todos sus medios y licencias convencer a Scioli de que lo más conveniente para él sería traicionar y convertirse en el candidato de la Argentina conservadora, que clausure por derecha los cambios operados en el país en los últimos años.

Parten de una premisa equivocada. Scioli, es cierto, no milita en La Cámpora, pero tampoco es Julio Cobos, y es probable que nunca lo sea. En las peleas más importantes que da el gobierno, Scioli está a su modo, aunque no diga mucho. Su estilo, es verdad, abona la confusión: cambiar a la cúpula de la Bonaerense después de tres inexplicables fusilamientos e intervenir Ferrobaires, no antes, sino con la tragedia de San Miguel ocupando la tapa de todos los diarios demuestran una especial tendencia suya al reflejo tardío y a las señales equívocas. Pero eso no lo ha transformado, por ahora, en el ariete que combata las políticas públicas del Estado nacional con el que sueñan los dueños del poder y el dinero. Acompaña lento sin sacar los pies del plato, quizá esperando su momento en 2015.

Scioli es moroso, desideologizado, a veces hasta frívolo y en extremo cauteloso para los que pretenden que el kirchnerismo produzca cambios a una velocidad mayor que la actual. Avanza desde atrás y jamás se enfrentaría, de modo llano y a campo abierto, con Clarín, la UIA y el duhaldismo remanente. Le gusta salir en las páginas de Gente, que lo aplaudan en IDEA y escucha a Pimpinela y no a Los Olimareños. Es un auténtico conservador. Como el Solano Lima que acompañó a Perón en el ’70. Y desespera con su andar anestesiado tanto al grupo de Magnetto como a los kirchneristas de paladar negro. A los primeros, porque necesitan que ya mismo supla lo que no hay ni existe en el terreno electoral, luego del abandono de Reutemann, el abrazo de Duhalde y Venegas, el codeo de “Lilita” Carrió con los arcángeles y el testimonialismo fácil de “Pino” Solanas. A los segundos, porque muchas veces les ocurre lo mismo que a ese ex comunista interpretado por Nanni Moretti en la película Aprile, que sufre cuando mira en el televisor a Massimo D’alema, primer ministro de izquierda italiano, dando un discurso en exceso blando, y le implora: “Dinos algo de izquierda, por favor.” Estos miran a Scioli y claman: “Decí algo kirchnerista, Daniel.”

Unos y otros pretenden que Scioli sea distinto a lo que es. Scioli es Scioli, y nada indica que vaya a ser el candidato de Clarín, ni tampoco Néstor Kirchner va a reencarnar en él. Pero cuidado: los que dan por sentado que está fuera del armado de Cristina Kirchner 2011, apuntalan la versión clarinesca para debilitar a la presidenta. Y mucho más se equivocan, los que lo entregan en bandeja a las conspiraciones magnetto-duhaldistas.


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