El modelo sindical ha sido desde su formación, un elemento indispensable para el avance en los derechos de los trabajadores. Desde su creación, hacia principios del siglo XX, logró contener el reclamo de las necesidades laborales y plasmarlas en leyes que protegieran a los trabajadores del abuso de los grupos económicos. Esto se magnificó a partir de mediados de siglo donde los sindicatos se politizaron y lograron contener a la mayoría de los trabajadores logrando un progresivo avance en materia de derechos y cuestiones sociales necesarias para la estabilidad laboral de los obreros.
Desde esta perspectiva es que reivindicamos el papel histórico y fundamental que significa el sindicalismo para la vida social y económica de nuestro país.
Sin embargo, no podemos dejar de señalar que el sindicalismo argentino contiene en su esencia algunos vicios estructurales que deberían ser corregidos a la luz de los avances democráticos que ha logrado nuestra sociedad en esta última etapa. Frente a esto el sindicalismo actual puede correr el riesgo de quedar retrasado frente al resto de las instituciones que buscan actualizarse permanentemente en beneficio de todos y de la democracia en su concepto general.
Dos aspectos nos parecen fundamentales destacar en esta situación de atraso relativo que vive el movimiento sindical, cuyas consecuencias han sido noticias los últimos días.
El primer punto tiene que ver con la falta de democratización en su vida interna. La ley de Asociaciones Sindicales no presta una adecuada atención en cuanto al ejercicio democrático interno, otorgando a los estatutos de cada sindicato, el poder de determinar sus procesos electorales, lo que nos ha llevado en la práctica a tener burocracias sindicales perpetuadas en el tiempo generando mecanismos burocráticos y mañosos que impiden la renovación sindical, la generación de nuevas propuestas y la adopción de prácticas que no atenten contra sus propios representados.
El otro aspecto fundamental a tener en cuenta, es el que implica a los sindicatos con el manejo de fondos económicos. La mayoría de los sindicatos, sobre todo los de mayor cantidad de afiliados, manejan recursos económicos de diversos orígenes, cuota sindical, obras sociales, y diversas concesiones otorgadas por el gobierno nacional que engrosan aún más el poder de los sindicatos. Este aspecto, sobre todo el económico, aparece como el eje central en las luchas intestinas gremiales que se terminan dirimiendo, muchas veces, por la violencia. Da la sensación de que la lucha se centra más que nada por aspectos económicos internos que por la verdadera defensa de los derechos de los trabajadores, a diferencia de la década de los 70 en donde las luchas estaban basadas entre posiciones ideológicas y metodologías de negociación.
En conclusión, necesitamos un movimiento sindical fuerte, organizado y democrático, que permita en el seno de sus conducciones contener a las mayorías y minorías, lucha que históricamente ha sostenido el radicalismo.
Modificar la ley de asociaciones sindicales garantizando la representación minoritaria, puede ser una herramienta que nos permita tener un sindicalismo más transparente en el manejo de sus fondos, plural en la representación de sus afiliados y diverso en la expresión de sus ideas. Útil a los intereses del país y a un desarrollo sustentable de la economía nacional.
Jorge Teves
Secretario de Gobierno - Municipalidad de Godoy Cruz