Eternidad vacía

Un enorme dispositivo más mediático que político volvió a poner sobre el tapete un proyecto inexistente. Se trata de escribirle la agenda al nuevo mandato de CFK. La sucesión o la pared.

Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

El presunto intento de lanzar la re-reelección de Cristina Kirchner, a esta altura y por forzado que parezca, obliga a desentrañar el proceso por el que fue instalado en el último mes y medio, y las razones políticas que están detrás. 

En medio de una campaña electoral anodina por el resultado del 23 de octubre, que se descuenta y amenaza repetir el de las Primarias, el único asunto político que se discute, en estos días, es si Cristina Kirchner tiene planeado impulsar una reforma de la Constitución que le habilite presentarse a un nuevo mandato en 2015. Los más osados analistas aseguran que se trataría de una reelección indefinida.

Unas declaraciones de la diputada nacional Diana Conti de finales de febrero instalaron el tema.  “Los sectores ultra K a los que pertenezco avizoramos el deseo de una reforma constitucional porque quisiéramos una Cristina eterna”, declaró a una radio rosarina. Luego se arrepentiría (“Estuve medio tonta”, dijo), pero la semilla ya estaba plantada.

Entonces, La Nación llegó a denunciar un plan del kirchnerismo para alejar del PJ a la Presidente, que comenzó incluso “a dejar que sus operadores hablen de una nueva reforma de la Constitución sobre la base de un sistema parlamentario que le permita soñar con otra reelección en 2015 y la convierta en una presidenta sin plazo de vencimiento”.

Después de las elecciones de Capital, Córdoba y Santa Fe, en las que la oposición aspiraba a dar vuelta la tendencia a favor del kirchnerismo, y con la debacle en las Primarias del 14 de agosto, la aspiración a la “eternidad” de Cristina de parte de sus seguidores volvió a aparecer, aunque esta vez sin que mediara ningún nuevo incidente que lo justificara. En realidad, el “incidente” fue la bomba del triunfo de Cristina, que ya todos descontaban pero imaginaban en torno a 25 puntos y no 40.

A coro, Mariano Grondona, Joaquín Morales Solá y otros defensores de las instituciones republicanas, volvieron a insistir luego del rotundo triunfo de la Presidente que tanta distancia con la oposición, tanta “concentración de poder” en manos de la primera mandataria, además de ser peligroso para la democracia auguraba un proceso de “radicalización” del kirchnerismo hegemónico. 

En el párrafo anterior hemos hecho una brevísima síntesis de los principales “argumentos” utilizados por los comentaristas de los medios más importantes, declaramente opositores.


El 1° de marzo, de viaje con la Presidente en Roma, el vocero Alfredo Scoccimarro le advirtió al diputado Carlos Kunkel, que se había “subido” al “eternismo” planteado por Conti, que Cristina no necesitaba “exégetas” ni “jefes de campaña”. 

Desde entonces y hasta ayer, es decir, durante más de siete meses, nadie del Gobierno salió a enfrentar la campaña armada para demostrar que la líder del “cristinismo” pretendía hacerse eterna y no solo en el alma de su pueblo.

El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, fue enviado a aclarar ayer, martes, que las críticas al oficialismo por la eventual intención de promover una reforma constitucional que habilite tres mandatos presidenciales consecutivos son un "sinsentido". El funcionario descartó así que los legisladores del Frente para la Victoria estén impulsando una modificación de la Constitución que le permita a la Presidente pensar en un tercer mandato, si logra un segundo período en las elecciones del 23 de octubre, tal como indican las encuestas.

”La discusión la han inventado, nada tiene que ver con nosotros" sino con la oposición, aseguró Fernández, con quien no solemos coincidir. El jefe de los ministros sostuvo que "si hay alguien que ha honrado y respetado a las instituciones ha sido (la presidente) Cristina Kirchner, desde cualquiera de los lugares que ha ocupado".

En la ensalada de “salidas” que le servirían a Cristina para quedarse muchos años en la Casa de Gobierno, una variante, la “parlamentarista”, se basa en aquella declaración de Zaffaroni que comentó Conti, quien se mostró favorable a un sistema de gobierno menos presidencialista, aunque lo planteó en el terreno de lo ideal. No obstante, se diferencia de las opciones “salvajes”.

Tanto esta declaración como las tomadas al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, al candidato presidencial del radicalismo Ricardo Alfonsín o al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, pertenecen al orden de las obviedades.

Todos, con malicia o sin ella, contestaron lo que le preguntaron. ¿Qué opina del intento del oficialismo de impulsar una reforma de la Constitución que permita la reelección indefinida del Presidente?

Binner opinó que los argentinos, hoy, “tenemos otras preocupaciones y hay que avanzar” en ellas. "Es un tema de otra galaxia", desestimó cuando fue consultado por Marcelo Longobardi en Radio 10. El gobernador santafesino habló de esta forma luego de que los candidatos de la Udeso, el radical Ricardo Alfonsín, y de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, advirtieran sobre su "comportamiento" favorable a una eventual reforma constitucional que le abriría la puerta a Cristina a un nuevo mandato. Sin nombrarlos, Binner les pidió que no vean fantasmas donde no los hay: "Hay que dejar de confundir a la gente", enfatizó, metiendo el dedo en la llaga.

Pero en TN, La Nación y otros medios notoriamente “antiK”, después del terror paralizante que los recorrió después del 14 de agosto, se disparó sin pudores un operativo destinado a machacar sobre tres cuestiones que pasaron a ser clave: con los antecedentes del kirchnerismo en la materia, la distancia de 40 puntos entre Cristina y su inmediato perseguidor es una invitación a profundizar los ataques a la “prensa libre” y a otras instituciones de la democracia; el aislamiento internacional del kirchnerismo y su vocación latinoamericanista anticipan un mayor acercamiento a Hugo Chávez y Javier Correa;  la vocación hegemonista de la Presidente y sus acólitos le abriría la puerta a una serie de venganzas: el Grupo Clarín y el campo serían sus principales destinatarios (Hay quienes dicen que Héctor Magnetto habría lanzado el rumor para “arroparse” con los dirigentes agrarios, en especial de la Sociedad Rural, cuando en rigor sabe que el kirchnerismo “va por él”).            

En realidad, la “movida” mediática que prendió en algunos desesperados candidatos estuvo destinada a escribir la agenda política de un nuevo gobierno de Cristina. Desde el 11 de diciembre, la reelecta Presidente se vería obligada a iniciar su campaña por la reelección porque no podría confiar en Daniel Scioli como su sucesor.  Es una manera de empezar a descontarle el tiempo aceleradamente, discutiendo algo que no quiere discutir: una reforma de la Constitución reclama un esfuerzo descomunal y un consenso que se encarna en los dos tercios del Parlamento, algo lejano para el kirchnerismo aún en un escenario electoral en el que supere el 50 por ciento de los votos. Ni contando con los diputados socialistas que arribarán al Congreso llegaría al número.

Pero nadie está dispuesto a usar el sentido común. Ni la honestidad intelectual es un activo en las actuales circunstancias. Como la moderación, que, mirada en detalle la magra oferta electoral que se propone a los argentinos, apenas si roza el 15 por ciento del electorado.

Julio Villalonga es director de Gaceta Mercantil

En Twitter: @villalongaj