No existe el tal "modelo": es lo que hay

Una serie de características califican a las políticas en marcha a nivel nacional como "modelo económico". Defendido a rajatablas por el Gobierno, no encuentra sustento real en su multifacética performance ni en sus ejecutores. El modelo no es más que un "modelito".

El gobierno nacional insiste con la necesidad de “cuidar el modelo” y juega con la idea de que su descuido pueda mandar al demonio a la Argentina. Es así que el miedo, y no el reconocimiento a lo que se le llama “modelo”, alinea a numerosos sectores y pone en guardia sectores de la población que prefieren el statu quo. Lo que sucede, es que estas agua quietas, tras siete años, comienzan a ser agitadas por un viento que cada vez suma más fuerza destructiva, como es la inflación.

¿Por qué sucede esto de que “el modelo” se agite, cuando se lo postula como si se tratase de los pilares de una Argentina más sólida? Lo primero, sería determinar si la política económica que lo sustenta – de eso hablamos cuando hablamos de “modelo”- es capaz de sustentarlo o bien, alcanza para constituir tan sólo un “modelito”.

Puesto bajo análisis el modelo económico del actual Gobierno podemos distinguir sus bases principales en:

- un tipo de cambio alto
- superávit fiscal
- superávit comercial
- politicas públicas para expansión del consumo
- obras públicas
- distribución del ingreso
- desendeudamiento

Muchos de estos elementos, sabemos que hoy estan en declinación o cuestionados por la propia dinámica de la economia. Pero es innegable que subsisten como pilares del modelo.

Un elemento resaltó en el inicio de la gestión y ese fue la renegociación de la deuda. Luego, el afán de desendeudamiento transformó al discurso “nacional y popular” en parte del cotillón de medidas más ortodoxas que populares, con lo cual se mezcló lo que en alguna otra época de la historia se denostó como populismo con algo que en términos formales podría encuadrarse en la “racionalidad económica”.

Pero si tuviéramos que calificar al “modelo” que se construyó con una sola frase capaz de pintarlo de cuerpo entero, podríamos decir que se trata de “tomar la renta sojera y concentrar el manejo discrecional de estos recursos en el Poder Ejecutivo”.

Aquí está la matriz del “modelito”: la concentración del poder real en manos de la Presidenta/e quien, a su vez –y en los hechos concretos- lo delega en superministro que tiene a su cargo la Planificación Federal, Inversión pública y Servicios. Con 10 mil millones de dólares, la suma del poder pasa por sus manos. Y, de esa forma, las decisiones de lo que se supone un modelo se tranforman en “modelito”, habida cuenta que el manejo no es estratégico, sino discrecional.

Todo los condimentos del modelo económico nacional, aunque fuertes y determinantes, no terminan por constituir un perfil del país hacia adentro ni incidir en su inserción internacional, por varias razones que también son contundentes:

- El superavit comerial como el fiscal son altamente dependientes del precio de la soja.
- Genera inflación y un nivel inflacionario por encima del 20 por ciento no es sustentable en el tiempo.
- No genera ahorro, y en ese plan se vive un presente cada vez más condicionado por el recorte que produce la inflación. Nadie guarda dinero porque el dinero se deprecia.
- No es capaz de provocar las inversiones necesarias desde el mundo privado.
- No es estratégica la gran obra pública, sino que se autoriza según la demanda de la red de intendentes, gobernadores y referentes afines.
- No hay mercado financiero: la clase media argentina  no se puede comprar una casa por que no hay creditos  largo plazo y cuando los hay las exigencias son tales que nadie puede acceder, pero el empresario mediano o chico tampoco puede iniciar nuevos emprendimientos apoyado por los bancos públicos o privados como ocurre en otros lugares del mundo.

Con alta inflación, sin una inserción internacional clara, sin inversión que no sea pública, sin ahorro y sin financiamiento genuino de largo plazo,   el modelo termina siendo “modelito”. Y eso lo vuelve, se quiera o no, un plan sin destino ya que no se ha logrado consolidar estratégicamente con confianza y estabilidad jurídica y financiera a los largo de nada menos que siete años, con sólo los primeros 2 o 3 de emergencia.

Pero además, hay cuestiones operativas que hacen que el modelo se torne modelito:

- la toma de decisiones y el protagonismo está en manos de personajes como Guillermo Moreno. Sus medidas de control de importaciones tienen poco que ver con el sustento de un sistema económico serio y demasiadas aristas que lo acercan al Medioevo.
- Sin el control de los sindicatos sería inviable la aplicación de muchas de las medidas que se toman. Es el Gobierno el que les dice qué deben hacer y viceversa, según el asunto en cuestión. Esa relación transforma a gran parte de la realidad en una ficción escrita por rehenes de sí mismos.
- La aplicación de precios máximos y de arbitrarios cupos a la exportación al campo es un recurso al alcance de la mano, pero no es una decisión de fondo, sino un recurso que siempre fracasa.
- La prohibición “al boleo” de importaciones, sin táctica ni estrategia por parte de Moreno, es un condimento fuerte y palpable.

Los resultados

¿Qué producto argentino que no sea la soja puede señalarse como emblemático en el comercio mundial a raíz del funcionamiento de este “modelito” en los últimos años? ¿Cuál es el producto industrial argentino que inunda el mundo? ¿En dónde se ha producido una gran inversión tecnológica, capaz de reconfigurar el perfil productivo del país? ¿Porque Austral le compra aviones a la brasileña Embraer y no se da la situación inversa en ningun área?

Es muy probable que si a las exportaciones le quitásemos la soja y las exportaciones a Brasil en un régimen protegido sin competencia internacional, el modelo o el modelito se transformaría en casi nada.

La oportunidad está abierta. Los commodities siguen valiendo en el mercado mundial. La crisis financiera mundial ha dejado a los líderes  seriamente afectados. Con Estados Unidos en medio de una inusitada dificultad de sostener su liderazgo, con Europa en medio de un profundo pozo, son muchos los “nuevos líderes” que pasan al frente: Brasil, paises de Oceania y el Sudeste asiático, India, China, entre otros. Y la Argentina no está allí, tampoco.

Una cuestión final que inquieta a mas de uno y que debería inquietar a los funcionarios nacionales, no porque sea muy probable sino porque muestra la debilidad y dependencía del presunto modelo argentino: ¿que pasaría si el precio de la soja cayera a la mitad? Las inquitantes respuestas muestran el verdadero carácter del ¨modelo¨.