En el Reino Unido, una ley estableció en 1775 que las novias no podían maquillarse porque eso era considerado una trampa, haciendo que el matrimonio no resultara legítimo debido a que “el novio había sido atrapado con engaño”. Otra tradición inglesa establecía que la novia que vistiera una enagua blanca durante la boda se liberaba ella misma y liberaba al novio de cualquier deuda que hubieran tenido. No se sabe si Cristina Kirchner usó enagua blanca el día que juró como Presidenta, pero al menos usó vestido blanco. Y el maquillaje ha sido siempre su constante.
Tan prolíficos en tradiciones nupciales fueron los británicos, que a ellos debemos una costumbre que perdura en nuestros días. Es el ritual galés que disponía que tras la boda, los novios se retiraran por unos días a gozar de su intimidad, ver la luna y comer dulces (por entonces de fruta). De allí surgió la “luna de miel”, período que hoy está gozando la Presidenta y que no pudo disfrutar tras su asunción, cuando parecían acabados todos los dulces.
Al contrario, desde la Ley de Medios hacia aquí, el Gobierno saborea un creciente idilio con la sociedad, que tuvo su pico más elevado en el clima patriótico del Bicentenario –salvo que Argentina gane el Mundial de Sudáfrica– y lo lógico sería que comience a desinflarse progresivamente para depositarlo en las elecciones del año próximo en condiciones iguales o peores a las de las últimas, en junio de 2009. Es decir, un Kirchner que perdería el ballottage contra cualquier candidato del panradicalismo y algunos del Peronismo Federal.
Estos dos sectores aprovecharon la última semana antes del Mundial para dejar instalada en la agenda política post Sudáfrica sus reorganizaciones partidarias. Por un lado, Alfonsín y Cobos se comprometieron civilizadamente para elegir el candidato radical a presidente 2011 a través de una interna. Y por el otro, aunque menos orgánicamente, el Peronismo Federal juntó para la foto a referentes que parecían definitivamente distanciados, como Reutemann y Duhalde o De Narváez y Solá, comprometiéndose también a crear otra alternativa de gobernabilidad para 2011.
Leer aquí la nota completa
De novias, compromisos, maquillajes y bodas
En el Reino Unido, una ley estableció en 1775 que las novias no podían maquillarse porque eso era considerado una trampa, haciendo que el matrimonio no resultara legítimo debido a que “el novio había sido atrapado con engaño”. (Jorge Fontevecchia en Perfil).