Viene otra época

Se dio este domingo el puntapié inicial de un nuevo tiempo en la Argentina. Son los últimos pasos que da el kirchnerismo "puro" y, sí o sí, viene "otra cosa" que podrá ser parecida en algunas cosas a ésta o totalmente diferente. Lo deberá definir la sociedad en las elecciones generales de octubre.

Los argentinos hemos dado a lo largo de toda la jornada electoral el puntapié inicial hacia un nuevo gobierno que, gane quien gane en las elecciones generales, tendrá su propio signo diferencial. Lo que viene podrá ser parecido a lo que tuvimos en los últimos 12 años o -según lo termine de decidir la ciudadanía en octubre- totalmente diferente. 

Pero este domingo la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner comenzó a despedirse del sillón presidencial desde el colegio electoral en donde emitió su voto, en Río Gallegos.

Como siempre tras una jornada electoral hay cosas positivas y negativas que señalar y, hacerlo, representan combustible para darle más millaje a la democracia. Entre ellos, que a pesar de los años transcurridos en el ejercicio del derecho a elegir y ser elegidos, el sistema de elección no se perfecciona y sigue permitiendo -al menos en Mendoza- la existencia de la "lista sábana", las colectoras y alrededor de ello, un sinnúmero de trampas pergeñadas desde la política para tener privilegios. Son menores pero se vuelven tremendas cuando afecta el normal desarrollo del comicio, lo entorpecen o hacen que la ciudadanía pierda la alegría que debería tener de poder concurrir a votar.

Todos los candidatos presidenciales han hecho hincapié en que hay que cambiar estas situaciones, haciéndose eco de un reclamo que emerge desde la sociedad que levantan como bandera, pero no cambian ahora. En cada elección, el mismo lamento, aunque el director nacional electoral, Alejandro Tullio, dijo este domingo en diálogo con MDZ Radio que "el problema no es el sistema con el que se vota, sino que siempre hay gente a la que le disgusta el resultado". Y dio por clausurado el debate. Una foto del pasado que hay que desenmarcar.

Lo mismo ocurre con lo que está pasando en el Conurbano bonaerense y muchas zonas del país que, puede decirse, se han "conurbanizado". O viceversa: ¿se adoptan en las inmediaciones de la Ciudad de Buenos Aires las mismas mañas de provincias con mecanismos feudales? 

Sea como fuere, la pelea feroz se da hasta entre partidarios del mismo espacio político, y con los peores métodos. 

Este domingo fue un momento importante de la vida política: se termina el ciclo del kirchnerismo puro y se inicia otra etapa del país. 

No sabemos quién ganará la elección presidencial y es temprano para pronósticos, pero en caso de que el ganador resulte ser Daniel Scioli, se iniciará un espacio de negociación y tensión entre lo que el actual gobernador bonaerense representa por sí solo y su vicepresidente, que cataliza a todo el kirchnerismo más "pingüinismo", una síntesis de la amplia alianza que gobernó el país durante poco más de una década pero que se resumió en un "puro". Si el ganador es uno de los referentes de Cambiemos, con Mauricio Macri como su principal exponente, habrá que ver cuánto de coherencia hay entre el discurso electoral continuista y la real tarea de hacerse cargo de la conducción de un país cuyo molde actual no le queda bien: su posición en lo político y económico dista muchísimo de lo que impera en la actualidad.

Todo esto sucede en una política nacional que surfea sobre índices de popularidad de la Presidenta que resultan inéditos para un mandatario que termina la tercera presidencia de un ciclo (eso nunca antes pasó en democracia) y la segunda propia. Cristina, que no es candidata a nada, es la otra incógnita pendiente. 

¿Cuál será su rol desde el llano? ¿Qué implica que quede como la "conductora" del peronismo con Scioli o Macri en la presidencia de la Nación?

Se ha cumplido la primera etapa de los últimos días del kirchnerismo. Decidir qué es lo que viene es nuestra gran responsabilidad ahora.

Hay mucho por hacer. Con las primarias no se concluye nada todavía y la tarea que queda por delante no es sólo de los líderes políticos sino a los de todos los sectores que componen la sociedad y, por cierto, de toda la ciudadanía.