Sanz fue Morales y ahora es Cobos

La designación del mendocino Ernesto Sanz al frente del radicalismo nacional, como un blanqueo de quién es quién en esta nueva etapa. Su rol como soporte de Gerardo Morales y su futuro como lazarillo del candidato presidencial comprovinciano.

El senador mendocino Ernesto Sanz se enfrenta a un desafío de grandes proporciones: encolumnar detrás de Julio Cobos a los radicales, pararadicales y protoradicales dispersos por todo el país.

Así como en la primavera alfonsinista surgieron los “filo radicales”, aquellos que sin ser afiliados defendían a su gestión, el surgimiento del liderazgo de Cobos a partir de su “voto no positivo”, generó los deseos de retorno al hogar de los muchos que se habían ido. Pero también, adhesiones desde afuera, proveniente de gente que jamás fue radical.

Pero el camino de Cobos a la presidencia no está pavimentado: baches de todo tipo interrumpen su paso y, como eso no fuera suficiente escollo, la ausencia de una conducción catalizadora de todas las posiciones, hasta ahora, amenazaba con transformar la ruta hacia el poder en un sendero que se dividía hacia destinos inferiores y colaterales.

El diálogo entre el vicepresidente y la conducción formal de la UCR terminó por generar un triunvirato en el que se cae de maduro que será Sanz el encargado de conducir esta etapa. Lo integra junto al titular del partido, Gerardo Morales y al chaqueño Ángel Rozas.

De esta manera, los radicales lograron sorprenderse a sí mismos, al dejar atrás cualquier posibilidad de confrontación interna para decidir quién preside el partido, una pasión que caracteriza a los radicales.

Si bien los cobistas no renuncian a sus intenciones de sentar al frente de la mesa nacional a Raúl Baglini y los radicales – radicales no desisten de levantar las banderas de la ortodoxia de Rozas, todo el mundo tiene bastante en claro que el nombre de Sanz es la solución no sólo intermedia, sino la ideal.

Sanz es Morales, y viceversa. Ha sido así desde que el jujeño se hizo cargo de los destinos de la UCR. Y ahora, Sanz es también Cobos, aunque a muchos le resulte difícil de creer y aceptar.

Sin discusiones en lo primero -ya que el hecho de que Sanz suplante a Morales en la conducción partidaria es más bien un blanqueo de situación- en la segunda opción es Cobos quien ha puesto la mayor parte: honró la palabra, designando a su comprovinciano como cabeza de lista en las últimas elecciones; se comió todos los sapos de las arremetidas del sanrafaelino en su contra y, ahora, acepta que puede confiarle su candidatura presidencial a la muñeca partidaria de este mismo hombre.

Tal vez, el momento más incómodo lo esté viviendo el propio senador mendocino, ungido antes de tiempo, apurado por las circunstancias y obligado por las formas.

Sin embargo, todas las señales indican que así -y solo así- el Radicalismo podrá marcar la diferencia con un Justicialismo atomizado. Con la casa en orden, los radicales ya pueden salir a organizar una confederación federal de partidos, los interbloques legislativos nacionales y provinciales y ponerle fecha a las internas abiertas y simultáneas que permitan determinar cómo se catapulta a Julio Cobos hacia la Casa Rosada en 2011.