La última jugada del Viti

Víctor Fayad y su jugada política. Una apuesta a todo o nada que lo llevará a la carrera de gobernador, o al ostracismo y el retiro. ¿Capricho, o estrategia genial? Las motivaciones profundas que lo empujaron a patear el tablero político mendocino.

Foto: Gerardo Gómez /MDZ
Foto: Gerardo Gómez /MDZ

Quienes lo conocen, lo saben bien: El Viti es así… Es un tipo que volvió de la muerte. Y no de una, sino de dos. De la física -y emocional- y de la política. Es, de alguna manera, un sobreviviente de otras épocas, de otros códigos. Un dinosaurio que a muchos les puede parecer simpático –de hecho, lo adoran y lo votan- y que otros odian y desprecian con las mismas fuerzas. Por eso, el alcalde se va a dar, mientras pueda, todos los gustos que su cuerpo y espíritu político le permitan. A veces se mira en el espejo de Alfonsín, o de los grandes estadistas democráticos del mundo, y es capaz de intervenciones memorables, como las muchas que acumuló en su carrera de legislador. Y en otras oportunidades actúa según el flujo de sus humores, -de su malhumor, más bien-. Más como patrón, que como conductor; más como autoritario, que como demócrata.

El Viti está en un punto importante de su vida política. Ahora ha decidido ser un Gran Cabrón. Y lo va a disfrutar con creces.

Tengo muy presente una escena de Vendimia, en uno de aquellos almuerzos de las fuerzas vivas, cuando todavía eran exactamente eso, y no un desfile snob o una demostración de fuerzas. Ocurrió varios años atrás, posiblemente en 2001. Hacía un calor de mil infiernos en aquella bodega, y el “Viti” buscaba la sombra reparadora del parque… absolutamente solo. Vestido con una camisa rayada de mangas cortas, disfrutaba del escaso aire del lugar, y veía pasar de un lado a otro a empresarios y políticos ‘estrellas’ del momento. Aún era diputado nacional, pero en los corrillos políticos, al Viti lo daban por muerto.

-¿Qué hacés acá, no hablás con nadie?- le pregunté, conociendo los enconos que ya tenía con varios de sus correligionarios.

-Me están velando en vida-

dijo, entre divertido y resignado, en aquel momento. Aquella imagen, capturada en la foto de la izquierda, y aquellas palabras, me quedaron grabadas. Después, el tiempo es testigo, resucitó.

Los que lo odian de manera militante suelen decir, con sarcasmo, que cada tanto el Viti se sube al Aconcagua para observar cómo se ve Mendoza sin él. Es una exageración, pero tal vez les asista algo de razón, como también es cierto que el alcalde no le saca el cuerpo a las discusiones mano a mano con los vecinos, hasta para defender causas imposibles, insólitas, aun injustas. Y gusta mucho de su rol protagónico cuando logra diferenciarse de la media de los intendentes, por ejemplo, al corretear a los vendedores ambulantes, al plantarse frente al gobierno provincial llamando a consulta por el famoso trencito de la calle Belgrano –aunque jamás rompe- al ningunear a otros intendentes, o como ahora, cuando decide que los vecinos de la Capital van a elegir concejales cuando se le antoje a él, y no a Néstor Kirchner o Juan Carlos Mazzón, ya que –es sabido- Celso Jaque no opina en estos asuntos de Estado. Muchas veces, y en varios temas, el Viti asume posiciones del gobernador que no fue… ¿será? Al menos, pareciera que trabaja para ello.

En los últimos meses, su dilatada experiencia, su trayectoria enorme, sus ardides de zorro viejo de la política experto en rosca, y su formación sólida y socialdemócrata, no le sirvieron de nada en la difícil interna del radicalismo, englobando en ella a los cobistas, radicales al fin. En esta, al Viti se lo fumaron en pipa. Desde Cobos, hasta Alfredo Cornejo, desde Iglesias, hasta Eduardo Cicchitti, desde Armanague, hasta Ernesto Sanz, Juan Carlos Jaliff, y los territoriales del Este, pasando por casi cualquier otro radical con un poco de trenza. En el complejo proceso que desembocó en la lista única de cargos nacionales y en las internas distritales, Fayad jugó a ser el gran elector, el hombre de consulta, el gran decisor del radicalismo. Pero, con la máquina de la interna le pasaron por arriba, aun sabiendo que en comicios mano a mano el Viti tiene casi siempre las de ganar.

En la interna radical, Fayad se quedó afuera de todo. Entonces, decidió su Gran Cabronada. Capricho o genialidad estratégica, en la Capital no se elegirán concejales el 28 de Junio, sino cuando a él le parezca conveniente. ¿Lo hace en resguardo de la institucionalidad? ¿Para que las autonomías municipales sean respetadas? ¿Para favorecer a los minorías? ¿O para mostrarles a radicales y peronistas quién manda? ¿Para evitar que le aparezcan listas “raras” que le manoteen el Concejo? ¿Para garantizarse la gobernabilidad y llegar al 2011 con posibilidades de discutir en la liga por la gobernación? ¿Por qué lo hace?

El principio que sostiene la autonomía de los municipios para fijar sus fechas de elecciones está sostenido en el resguardo de las minorías, en evitar que los “arrastres” de boletas presidenciales y de gobernador contaminen las elecciones, en defender el vecinalismo, y evitar que colgado de la boleta de algún prócer –es sólo un ejemplo, prócer no hay ninguno- aparezcan tipos impresentables buscando acceder a una banca salvadora. Y se busca así que los candidatos discutan únicamente los asuntos atinentes a su comunidad. Pero, analizando lo que pasó en la interna radical, y los movimientos que buscan cercar a Fayad, la medida del alcalde se parece mucho más a una necesidad estratégica y táctica, que a las numerosas razones institucionales que aquí hemos mencionado.

La interna radical de Capital venía plagada de nebulosas. Si hasta los ex socios del Viti en Convergencia le habían plantado una lista de candidatos a concejales, en las que Fayad había quedado afuera, aunque –dicen- le ofrecieron integrarla. Y por el otro lado, había otra nómina más, sospechada de contar con “banca”, dinero, movilidad y votos de un sector del peronismo de Las Heras. Se sabía -también- de más participaciones “por afuera”, con otros enemigos internos del intendente.

Visto así, la postergación de las elecciones en Capital tiene –si se quiere- el mismo disvalor político del adelanto electoral de los Kirchner, con una salvedad: Fayad goza de popularidad en la ciudad y va a ganar algunas elecciones más antes de decidir su retiro.

¿Y el futuro?

Es simple. Los candidatos a concejales que sean consagrados en las elecciones internas de este domingo serán válidos, como lo son los del PJ. Y deberán aguardar hasta el 1 de Mayo de 2010 para asumir. Y Fayad, con seguridad, y con varios meses a favor, va a generar un nuevo armado político con algunos radicales que no están con Cobos ni con Iglesias; el socialismo, la Coalición Cívica, y sus propios votos, claro, para ir a las elecciones como agrupación vecinal e intentar garantizarse así un Concejo Deliberante que no le sea adverso. Lo hará, seguramente, sobre el fin del año político, o después de la próxima Vendimia, con la “chapa” del resultado de junio puesta.

Esta será la última gran cabronada del Viti. Si le sale bien, puede pensar para sí en el sillón de San Martín, un lugar que debió dejar pasar varias veces. Y si no, habrá pasado a retiro, aunque en política nada es definitivo. Él, que volvió del féretro, lo tiene clarito. Y por eso apuesta todo, como los Kirchner. Es capaz, incluso, de plebiscitar su gestión. Si no lo creen así... hagan sus apuestas. Las tomo.