Impresentables

El adelantamiento de las elecciones representa un manoseo institucional, que torna a este país más imprevisible, más inseguro, y menos serio. La institucionalidad de la república, al servicio del matrimonio gobernante.

Foto: Gerardo Gómez /MDZ
Foto: Gerardo Gómez /MDZ

El adelantamiento de las elecciones y la reforma del Código Electoral Nacional, por necesidades tácticas del gobierno, representan un manoseo –uno más- de la institucionalidad de la república, que parece marchar hacia formatos mucho menos democráticos e imprevisibles.

Las necesidades políticas del gobierno son claras, e incluso hasta podrían ser entendibles: Éxodo de aliados, fuga de votos, profundización de la crisis económica, la pelea con el campo, el tobogán de la actividad industrial, baja imagen de los candidatos oficiales, altas probabilidades de perder los comicios en provincias grandes, es decir… se viene la noche. Pero ello no significa que se deban violentar las reglas de juego, sólo por las necesidades políticas no ya del partido del gobierno –hay provincias en las que al PJ le va bien al frente de sus administraciones- sino del matrimonio presidencial. La decisión, como se sabe, fue tomada anoche en un grupo minúsculo en Olivos, y los gobernadores no fueron consultados.

Cualquiera sea la lectura positiva que los Kirchner hagan de esta medida, no hay forma presentable de explicarle al país por qué se van a adelantar las elecciones. ¿Cuál es el beneficio para la gente? ¿Cuál es la ventaja para el país? ¿Cuál es la razón de peso que obliga a modificar el Código Electoral Nacional? Hay que buscar estas respuestas en el pensamiento íntimo de los jefes de Estado, si es que alguien puede hacerlo. Pero hay dos hipótesis posibles: La oposición no podrá armar un programa creíble ni candidatos confiables en 90 días, y además, un buen resultado en algunos distritos -incluso Buenos Aires- reduciría el impacto negativo de una segura derrota a manos del macrismo en Capital Federal, y del resto de la oposición más el peronismo disidente en Córdoba, Santa Fe, y posiblemente Mendoza.

El estilo K –ya deberíamos saberlo todos- comprende una manera obcecada de hacer política, una forma cerril y cabezadura de imponer lo que sea. El límite, aunque temporario, fue el famoso “No positivo” de Julio Cobos. Así, el destrato hacia las formas republicanas y democráticas ha sido una constante en aumento. De ello, desde la seguridad que brinda el anonimato, dan cuenta muchos peronistas que tratan con Néstor y Cristina Kirchner casi a diario.

La presidenta sacralizó hace instantes el adelantamiento de las elecciones. Esto es, descender un escalón más en un país que ya resulta de pronósticos imposibles, en el que nada o muy poco se puede planificar, donde las formas que consagran la Constitución y las leyes son permanentemente violadas. Queda ver cómo será el debate por este tema en el Congreso, y si los legisladores son capaces de ponerle racionalidad a la locura política que parece haber invadido a los máximos dirigentes.

Por lo pronto, votaremos tres meses antes, porque sí, porque es una urgencia del gobierno.

¿Y la república? Mejor ni hablemos…  Debe de andar lamentándose por los rincones.