Baglini dice que es "el esclavo negro de Cobos"

Recurriendo a la historia, el ex legislador y actual asesor de Cobos, reconoció que se siente como el esclavo negro que tenía la misión de recordarle al general que regresaba victorioso de la batalla -a Roma- que seguía siendo un simple mortal. "Yo soy eso, el esclavo negro de Cobos", confesó aludiendo a su costumbre de decirle al vicepresidente siempre lo que piensa, con total crudeza. La expresión fue recogida en una nota de Clarín que revela la actual misión de Baglini: que un radical vuelva a  la Rosada.

Raúl Baglini, actual asesor íntimo de Julio Cobos. Foto: NA
Raúl Baglini, actual asesor íntimo de Julio Cobos. Foto: NA

El ex legislador nacional y referente indiscutido en asuntos económicos del radicalismo, Raúl Baglini, confesó sentirse como aquel esclavo negro que se subía al carruaje del general romano que volvía a la ciudad capital victorioso sólo con la misión de recordarle: “Recuerda siempre que eres mortal”. En ese sentido, en una nota publicada por el diario Clarín, “el gordo” ventiló: Yo soy eso, el esclavo negro de Cobos”, dijo ligando el comentario a su costumbre de decirle lo que piensa al vicepresidente con total franqueza y crudeza.

A continuación el contenido publicado por el diario porteño:

"El consejero privado de Cobos y su trabajo para 2011"

No es un operador político tradicional. Ya le avisó a su jefe que no pretende ningún cargo si llegan al poder en 2011 y trabaja sin despacho fijo. Cuando está en Buenos Aires, atiende en el lobby de un hotel del centro. Lo conocen por su apodo "El Gordo" -da una pelea eterna contra las dietas-. Y es famoso por su teorema político: "Cuánto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados; cuánto más cerca, más sensatos y más razonables se vuelven". Raúl Baglini es el consejero privado de Julio Cobos, el hombre que, según varias encuestas, podría ser el próximo Presidente.

Su último trabajo reservado fue acordar la nueva conducción del bloque radical. "Muchachos déjense de joder, no podemos seguir discutiendo", dijo en una cena. Una vez resuelto el tema dijo: "Sólo los radicales podemos estar casi al borde de la ruptura por la conducción del bloque".

Cobos quería a Baglini al frente de la UCR; el ex legislador conoce como pocos el partido. Pero la unidad se mantuvo con el senador Ernesto Sanz, que tenía apoyo. "La UCR es como el ombú de La Pampa: cada tanto se cae una rama, pero el tronco sigue", suele decir Baglini en sus extensas charlas de café.

El vicepresidente habla con Baglini todas las semanas o se ven en el despacho de Cobos en el Senado. Si no lo hacen, Baglini ni se preocupa: "A veces no hace falta. Entiendo los mecanismos de sus razonamientos", a dicho en privado el ex senador radical.

A Cobos no le gusta que digan que tiene entorno y a Baglini no le agrada salir en los diarios. Si no está en un cargo público y ejerce su profesión de abogado, cultiva el bajo perfil. Esa situación actual la define así: "Estoy privatizado", dice. Igual la política está siempre.

Hace tiempo que es asesor político y económico de Cobos. El vicepresidente lo escucha. A Cobos no le gusta hablar mucho y detesta "la rosca" partidaria. Baglini le hace reuniones, hablan de estrategia política y de economía.

Una escena refleja hasta dónde llega ésa relación: la madrugada en la que se debatía la resolución 125 de las retenciones móviles, Cobos habló varias veces con Baglini. El ex legislador estaba en el departamento de una de sus cuatro hijas y no quería ni ver el debate del Senado que transmitía en TV. Llamó Cobos. "Hablé con Alberto y Pampuro pero no hay caso: Kirchner está empacado", le comentó. "Si hay empate estás obligado a resolver el conflicto. ¿Alguien más sabe esto?", le contestó Baglini. Cobos sólo estaba con su esposa y su asesor opinó que debía hacer pública la situación. Hablaron más tarde. "Siguen en la misma. Me ofrecen de todo y dicen que me van a cortar la luz del Senado", le contó. Baglini se acordó de dos cortes de luz históricos: cuando la UCR ganó a Menem una votación clave y cuando estaban por echar a Luis Barrionuevo de su banca.

"Si se concreta el empate, mi voto es negativo", le adelantó Cobos a Baglini en un nuevo llamado. Antes de cortar, el ex legislador radical le dijo: "Una cosa más Julio, la palabra negativo a mí no me gusta". Fue la última vez que hablaron esa madrugada decisiva para la carrera política de Cobos.

Baglini, que fue cinco veces diputado nacional y una senador, afirma que es difícil asesorar a un ingeniero. "Los ingenieros tienen el concepto válvula: las cosas se abren para un lado o para el otro. En política es más complejo", dijo.

Cuando está en el lobby del hotel que parece su oficina, se le acercan a saludar. "¿Y Gordo? Parece que esta vez se alinearon los planetas, ¿no?. Te llamo", le dijo un empresario.

Baglini conoció a Cobos en Mendoza, tierra natal de ambos. Cobos era secretario de Obras Públicas de Roberto Iglesias. Baglini se acuerda que Cobos, como ingeniero, hizo un colegio al que después fue una de sus hijas. Ya como gobernador, a Cobos le gustaba aparecer de sorpresa en el colegio. Un día lo llamó a Baglini y le dijo: "Tu hija me cagó a preguntas. Va a ser una líder social". Ninguna hija de Baglini hace política, pero ellos afianzaron la relación.

Cuando Cobos aceptó la fórmula con Cristina Kirchner, Baglini tomó distancia. "En esta excursión transversal no te acompaño", le confesó. Cobos estaba convencido que tenía una "oportunidad histórica".

Nunca se pelearon, aunque a Cobos lo echaron del partido. Baglini igual fue a la asunción de la fórmula Kirchner-Cobos ante la Asamblea Legislativa. Fue al palco donde estaban los familiares y amigos de ambos. Había un hombre que le llamó la atención. Desentonaba: tenía un traje brilloso y un reloj Ulysse Nardin, marca que hace relojes de oro inspirados en cronómetros de marina. Era Ricardo Jaime. "Qué reloj extraordinario", dijo Baglini. La situación fue para él como una mala señal del flamante gobierno de la "concertación".

"Julio ya estoy privatizado, no quiero cargos y puedo ser tu asesor", le dijo "El Gordo" ya en la intimidad del despacho.

Baglini había terminado su mandato como senador en 2003, donde había compartido el recinto con la Presidenta. "Tenía la sensación de que Cristina me apuñalaba", dijo con su típica ironía: la senadora se sentaba atrás suyo. "Yo soy parte de los muebles del Congreso", dice siempre Baglini. Por su experiencia política y legislativa sus opiniones son valoradas.

Algunos dirigentes le han dicho en estos días que Kirchner es la excepción a su teorema: está en el poder y sus jugadas son "irresponsables". "Kirchner también confirma el teorema. Sabe que se va del poder y por eso actúa así", explicó a un radical amigo.

"Además, Kirchner no es Perón; es Nerón, si tiene que incendiar Roma lo va a hacer", siguió. Baglini puede hablar horas de política y de historia.

Va y viene de Mendoza todas las semanas. Practica un solo deporte: estudiar los fallos de la Corte, como suele decir.

Está convencido que Kirchner tiene una "ilimitada capacidad de destrucción" y que logró poner a la oposición en una situación que se da en el ajedrez: el zugzwang, el que mueve pierde. Igual cree que existe para Cobos una oportunidad inmejorable. Describe a su jefe como la "atipicidad andando".

Hace poco, Baglini lo esperaba para una caminata a beneficio y él no llegaba. Lo llamó. "¿Dónde estás?", le dijo. "Estoy en Ezeiza con mi mujer, en el súper. Vine a comprar yogur. Tengo sesenta personas alrededor que me saludan, se sacan fotos. Cuando pueda salir de acá, voy", le contestó.

Cobos siempre le pide "papeles cortos" y hablar de cosas concretas. Según Baglini, Cobos tiene una "tranquilidad interna" que le permite manejarse en la compleja situación en la que está desde que rompió con los Kirchner.

Baglini está en plena misión para que un radical vuelva a la Casa Rosada. Y siempre dice que nunca hay que sentirse dueño del Presidente.

Para explicar su papel poco conocido cerca Cobos, recurre a la historia romana. Cuando los generales llegaban victoriosos a Roma iban en carruajes y el pueblo los vivaba. El general desfilaba solo y hacía subir a un esclavo negro que tenía una única misión, decirle al general: "Recuerda siempre que eres mortal". Y Baglini se siente así en la intimidad: "Yo soy eso, el esclavo negro de Cobos", confesó antes de empezar un almuerzo reservado.