Y de repente, todo se complicó para Cobos

Foto: NA
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No ha sido una buena noticia para el cobismo el resultado electoral correntino: ganó el candidato del radicalismo tradicional comandado por Gerardo morales a nivel nacional, imponiendo a Ricardo Colombi en la gobernación.

Arturo Colombi, el hombre de Cobos en aquella provincia, fue arrasado: su primo radical-radical casi lo duplicó en votos. Pero antes, el vicepresidente había formulado una maniobra que pocos fuera de Mendoza comprendieron: le quitó el apoyo a su “pollo” Arturo, le pidió que se bajara y –poco antes de declararse “prescindente” en el comicio- pidió apoyo para Ricardo.

“La gran Cobos”, se pudo haber escuchado recitar a todo un coro de radicales mendocinos si existiera la posibilidad de ponerle un bluetooth a sus cerebros.

“No es nada; sólo es Corrientes. Cobos es imparable”, repitieron en silencio –aunque temerosos de las maniobras raras de su líder- los operadores cobistas.

Lo cierto es que justo una semana antes de las elecciones correntinas, reapareció como el Ave Fénix, como haciendo caso a algún mensaje divino o impulsada por los vientos de una potente revelación, la malquerida Elisa Carrió.

Lo hizo, no sólo sin irse de la Coalición Cívica, algo que sus agoreros se cansaron de anunciar, sino uniendo a esa alianza de partidos más o menos nuevos con su creación primigenia: el ARI.

Y allí está ahora, oronda, esperando que, por turnos, los radicales correntinos de uno u otro lado le vengan a pedir espacios, luego de ser defenestrados por los vaivenes del mendocino.

No es todo.

Cobos está buscando consolidar su imagen como patrimonio propio para, una vez logrado esto, lanzarse a la conquista del espacio político opositor como su piloto principal.

Pero el humor de la sociedad argentina es demasiado cambiante. Si el malhumor colectivo por el maniqueo conflicto del campo, durante el año anterior, le reportó a Cobos su primera avalancha de popularidad, nada impedirá que la alegría de ver los partidos gratis por televisión o el exitismo multiplicado por miles de propaladoras, luego de que el kirchnerismo logre aprobar la Ley de Medios produzcan un efecto contrario.

Cobos crece cuando desde el Gobierno y sus amigos lo menosprecian, insultan y provocan. Pero al desaparecer el escenario de disputa, también él desaparece de escena. “Fue un flash; ya pasó. Ya fue. Estamos muy tranquilos”, confía un operador mendocino del kirchnerismo más huérfano del que se pueda saber: ni PJ ni colector, kirchnerista “a la carta”, no más.

Mientras tanto, a nivel nacional ya especulan con que la puesta en vigencia de la Ley de Medios que se aprobará pronto hará crecer a otros protagonistas: los no políticos, los medios que se verán afectados por la nueva norma. Y esto ocurrirá en detrimento de quienes buscan consolidarse como oposición política.

La falta de estructura en las sombras hace que Cobos no encuentre dónde respaldarse. Así, apenas tambalee su popularidad, podría caer de bruces. Por eso, desde duhaldistas hasta los radicales-radicales le insisten con la necesidad de que –ya que no puede/quiere/sabe construir un espacio propio, “compre” o al menos “alquile” uno, para no caerse.

El socialista Hermes Binner dijo esta semana que él no será el candidato a vicepresidente de un Cobos nominado a la primera magistratura. Con su liderazgo revalidado por el resultado de las elecciones municipales de la provincia de Santa Fe, Binner decidió consolidar una alianza de partidos, ninguneando cualquier posibilidad de frente de figuras o “seleccionado” opositor, idea con la que se juega desde la presidencia del Senado.

No hay caso: la política se construye con equipos y no sólo con figuras. La construyen los líderes, no los que corren más rápido o hablan más fuerte. Y quienes creen la idea loca de que su sola figura es garantía de “nueva política”, no hacen más que repetir -voluntariosa o torpemente- un viejo juego en el que no se sabe quien gana, pero si se puede anticipar quiénes pierden: la mayoría. Porque garantiza, con su egoísmo ególatra, la perpetuidad de los más prevenidos.