La legitimidad de Celso Jaque y los exabruptos de Raquel Blas

La sindicalista pidió que el gobernador se someta a "la voluntad popular", como si su investidura proviniera de algún extraño poder que nada tiene que ver con el voto.

Si hay algo que valoramos y defendemos desde MDZ es el correcto funcionamiento del sistema democrático. Dentro de él, todas las críticas son permitidas, fuera de las normas que rigen el funcionamiento que establece la Constitución Nacional y la Constitución provincial, no cedemos ni un ápice. Entendemos que nuestro país ha sufrido (y todavía sufre) de manera abundante las interrupciones y los menoscabos que ha padecido la institucionalidad.

En ese sentido, nos ha preocupado sobremanera las expresiones de la secretaria general de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), Raquel Blas, quien ha vinculado de forma errónea una reivindicación particular (como es la de los salarios de los empleados públicos) con la función y atribuciones que posee un representante legítimo de los mendocinos como es el caso del gobernador de la Provincia, Celso Jaque.

MDZ puede dar cuenta de innumerables ocasiones en las que las decisiones del gobernador, o de sus funcionarios no nos han merecido el mejor de los juicios. Sin embargo, nunca hemos dejado de reconocer su legitimidad y la autoridad que emana de su cargo, al haber sido elegido por la mayoría de los mendocinos en la última elección general. Y eso, la soberanía popular expresada y la legitimidad de su poder, son indiscutibles.

Es por ello que estimamos que se equivoca Blas cuando le pide a Jaque que tenga “huevos para someterse a una votación del pueblo”, ya que no hace más que interpretar erróneamente que justamente si Jaque está en el sillón de San Martín es porque no hizo más que someterse a un comicio popular y transparente hace menos de un año.

No conforme con ello, la dirigente indicó que el gobernador debe renunciar y dejar el camino abierto al pueblo en “una asamblea organizada” para elegir nuevos representantes. La fortaleza y la misión de la democracia recuperada es la de cumplir con los mandatos de los ciudadanos elegidos, mecanismos que además (en el caso que se produjera una eventualidad como es la renuncia) están previstos en la Constitución, que nada indica sobre asambleas populares, como le gustaría a Blas.

Finalmente, y relacionando de una manera casi extorsiva sus reclamos con la institucionalidad misma de toda la provincia, Blas se permite el exceso de pedir una revocatoria de mandato. Un mecanismo que en muchos lugares está contemplado, no en Mendoza, pero que más allá de su instrumentación, se pretende usar aquí como un reaseguro para obtener beneficios particulares sin importar que se avasalle con las autoridades constituidas.

Tal vez haya que atribuir estos conceptos de Blas a la euforia y el contexto de una manifestación con un público adepto, pero sin embargo, y por la responsabilidad social que conlleva ser también una legítima representante de los trabajadores, la ocasión pueda convertirse en una excelente oportunidad para repensar el poder de las palabras. Y especialmente, el valor que toman según quien las pronuncie.