El conflicto de la agroindustria pampeana y el gobierno nacional ha arrastrado increíblemente al país a una crisis política y económica, hasta dejarlo al borde de desperdiciar una oportunidad inmejorable dentro del contexto internacional.
Paradójicamente, la pelea se da entre los dos sectores más favorecidos en los últimos años: el gobierno y el campo; uno por la caja fiscal que generan los ingresos por retenciones, y el otro por su rentabilidad.
El Gobierno nacional aparece, por institucionalidad, como el principal responsable. Tiene una conducción bicéfala, pero que duerme en la misma cama. Luego de cometer severos errores en la política de leches y carnes, se creó un sistema de retenciones móviles para la soja, sin un proyecto concreto ni plan de contingencia para contrarrestar los embates de los sectores afectados.
Recién tras meses después de iniciado el conflicto, y con cruces que ya generaron desgastes de ambos lados, hoy la apuesta sigue apuntando a una victoria pírrica en lugar de un dialogo racional y abierto sobre el núcleo del problema, que es la Resolución 125 del Ministerio de Economía.
En el Ejecutivo Nacional creen que reconocer los errores puede ser visto como un signo de debilidad. Por ello han otorgado concesiones a pequeños productores sin cambiar el esquema de retenciones móviles, para lo cual debieron crear un engendro de subsidios y compensaciones que será virtualmente imposible de administrar.
Como si fuera poco, la popularidad del matrimonio presidencial cae rápidamente. Primero fue la de ella y luego la de él. Aún así, la pareja todavía cuenta con apoyos significativos.
Los apoyos K
Los gobernadores KK, como Daniel Scioli, José Alperovich, Jorge Capitanich, Juan Manuel Urturbey, entre otros, apoyan incondicionalmente las políticas nacionales y están dispuestos a sostenerlas, muchas veces en contra de los intereses de sus propias provincias. Dan explicaciones que, a veces, son razonables y que, en otras ocasiones, rayan el absurdo.
Los gobernadores K,
Celso Jaque, José Luis Gioja y quizás Luis Beder Herrera, defienden al gobierno en público, pero en privado critican el estilo utilizado por la pareja que vive en Olivos. No expresan sus diferencias porque son peronistas orgánicos y ven una oportunidad de insertarse y de obtener beneficios para sus gestiones. Saben que han quedado atados al éxito o al fracaso de este proyecto político, a pesar de no simpatizar con el entorno y con el estilo del matrimonio presidencial.
El gabinete nacional debería llevar adelante una política agropecuaria de alto nivel, pero sus integrantes no tienen capacidad para dar la discusión política con el campo. Están completamente desgastados. Sus principales espadas, Guillermo Moreno, Julio De Vido y Aníbal Fernández son rechazados por la opinión pública. Alberto Fernández quiso jugar un rol conciliador y quedó en el medio del fuego cruzado; debilitado, fatigado y limitado por la intransigencia de Néstor K, y por eso ya no puede actuar con eficacia. El Ministro de Economía (un tal Fernández) y el Secretario de Agricultura (un tal Urquiza) no deciden, no debaten y carecen del peso político para inclinar la discusión hacia el lado que busca el kirchnerismo.
Los diputados oficialistas. Más allá de haber sido ignorado por Néstor K en los últimos años, el bloque oficialista otorgó al gobierno el primer triunfo político desde que empezó el conflicto. El diputado Agustín Rossi recibió presiones formidables de la Casa Rosada, y por momentos pareció ser controlado cuerpo a cuerpo por diputados como Carlos Kunkel y Carlos “Cuta¨ Moreno, pertenecientes al riñón de Néstor Kirchner, con quien comparten la militancia en los ‘70.
Finalmente, Rossi pudo obtener los 129 votos. Y para ello fue notoria la actividad de la mendocina Patricia Fadel e igualmente llamativo el aislamiento de Enrique Thomas.
Pero no alcanzó con el buen trabajo de Rossi. En la recta final se requirió cierto apoyo de la Jefatura de Gabinete para cerrar algunas negociaciones de madrugada. Luego de la votación, algunos diputados enfervorizados fueron a la plaza a festejar el triunfo con “el pueblo”. ¿Creerán que ha comenzado la revolución?
Las organizaciones sociales de izquierda, piqueteros e intelectuales, también han jugado su partido con suerte diversa. La virulencia de Luis D’ Elia y en menor medida de Hebe Bonafini fueron una de las peores pesadillas para el gobierno por el desgaste que le produjeron en la opinión pública. Sin embargo, al momento de las movilizaciones, aportan gente y militancia al gobierno. La presencia de las Madres y Abuelas -siempre cercanas a Cristina- y las opiniones de Horacio Verbistky en Página 12 le dan influencia en un sector de la sociedad.
El aparato comunicacional oficial. Canal 7 y TELAM sostienen el discurso oficial, olvidando que son organismos del Estado argentino y no del gobierno. La distribución arbitraria de la publicidad oficial ha aceitado extraños cambios de opinión de algunos medios y periodistas, mientras que otros quedaron definitivamente jugados a favor del gobierno; en algunos casos, ya sin siquiera tratar de guardar las formas del periodismo independiente.
La oposición
Las entidades del campo. Su fortaleza fue lograr una unidad y poder mantener el apoyo de las bases. Consiguieron instalar el conflicto como algo que excede su interés sectorial y convirtieron la defensa y la discusión por la denominada “renta extraordinaria” en un debate de fondo sobre los principios del federalismo. Sacaron a la superficie el abuso de poder del gobierno nacional y por eso consiguieron un fuerte apoyo social. Mientras el conflicto no produjo desabastecimiento fueron los buenos de la película. Hasta que se creyeron los dueños de la película y la gente, al igual que al gobierno, no se los perdonó.
Fue realmente notoria la falta de movilización en el debate de Diputados. ¿Qué paso en aquellas horas donde estaban a pocos votos de rechazar el proyecto oficial? Es algo que nadie puede explicar. Quizás, en ese momento clave, hayan perdido su gran oportunidad.
Esta semana están tratando de recuperar protagonismo con la marcha federal. Su relación con la opinión pública está abierta. Hoy gozan de la simpatía popular, pero deberán ser muy inteligentes y prudentes para continuar su protesta sin seguir tomando de rehenes al resto de los argentinos.
Los partidos políticos opositores. El gobierno, con sus torpezas iniciales, les dejó la pelota picando, pero no hicieron el gol. La opinión pública estaba esperando la consolidación de nuevos líderes democráticos y con capacidad de gobierno, pero la oposición no lo aprovechó. Expresaron el enojo social, hicieron discursos ampulosos, aunque al momento de presentar una alternativa seria y real al proyecto oficial, no estuvieron unidos, y en esa extraña noche de votación quedaron solos y perdieron.
El discurso de Elisa Carrió quedó de nuevo envuelto en esa mezcla de profecías y razonamientos brillantes que tanto confunden a los ciudadanos. El gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, siempre serio y aplomado, terminó siendo un tibio apoyo a la oposición, mientras que Mauricio Macri pareció decidido a no cumplir un rol en la política nacional, se recluyó en una gestión que va tomando volumen como alcalde de la ciudad de Buenos Aires y en su agenda cambió conflicto gobierno-campo por carriles exclusivos para taxistas.
El peronismo disidente. Se trata de gente pragmática, que descree de parte de las políticas K (como el acercamiento a Chávez) y que en el fondo no están dispuestos “a dejarse llevar por los montoneros”, como les gusta decir a algunos en privado.
Hay que decirlo: descubrieron algo tarde los problemas del matrimonio K. Y tienen cada uno su pasado. Algunos de ellos tuvieron mucho poder en los 90 y también descubrieron años más tarde los defectos del gobierno de Carlos Menem. En todo caso, su participación no les alcanzó para influir en el debate.
Felipe Solá, Juan Manuel De la Sota, José Schiaretti, Mario Das Neves y, en un digno segundo puesto, Carlos Reutemann han sostenido posiciones dialoguistas y racionales.
Frente a la evidencia de la caída de la popularidad del matrimonio K, se están posicionando para el 2009 y el 2011. ¿Eduardo Duhalde será su compañero de ruta? La aparición de una CGT alternativa a la de Hugo Moyano conducida por Luis Barrionuevo es también parte del peronismo disidente. Como vemos, nada nuevo bajo el sol.
Un párrafo final para los radicales K. No porque sean más o menos importantes, sino porque no sabemos dónde colocarlos. ¿Son gobierno u oposición? Después de dividir a la UCR, ahora se subdividieron entre ellos en partículas atómicas y subatómicas.
Cobos abogó por el diálogo y el consenso y quedó aislado de la Casa Rosada y de sus propios correligionarios. Obtuvo sólo tres votos en la Cámara de Diputados. Los gobernadores de Río Negro y Santiago del Estero se separaron de él y apoyaron abiertamente al presidente Kirchner. Los tres senadores por Mendoza no le responden. Mónica Troadello lo critica desde el PJ y Ernesto Sanz desde la UCR. Perceval, parte de su propio espacio concertador, es la única que en público no lo critica, aunque ni por asomo lo apoyará ni hará algo que le disguste al matrimonio presidencial.
En definitiva, la crisis nos esta mostrando un panorama político desolador. Todos jugaron sus pequeños juegos y nadie mostró grandeza, capacidad y talento para conducir la Argentina.
Mientras todos perdemos, parece que hay varios políticos que todavía creen que pueden ganar solos, sin saber que, si algo se puede rescatar de esa crisis es la recuperación del Congreso como epicentro del debate nacional.
¿Habrán tomado cabal conciencia de que estamos frente una oportunidad histórica como quizás nunca tuvo el país? Hemos estado esperando 100 años por una oportunidad así.
Las viejas teorías del siglo XX, que pregonaban el “deterioro de los términos de intercambio” -es decir, que éramos subdesarrollados porque vendíamos alimentos baratos y comprábamos productos industriales caros- han quedado obsoletas. Hoy, debido al crecimiento mundial, por el contrario, podemos vender alimentos “caros” y comprar productos “baratos”, que se producen masivamente en China y toda Asia.
Una dirigencia seria tendría que estar planificando qué hacer para que esta renta espectacular sea la palanca para convertirnos en 10 años en una país moderno y desarrollado, que no tenga que depender más de estos golpes de suerte.
El ejemplo debe ser Brasil. Conducido por un ex obrero metalúrgico, militante de izquierda, ha entendido el desafío y ya está ejecutando un plan para convertirse en el granero del mundo. Mientras, nosotros seguimos empeñados en hacernos daño. Una vieja costumbre argentina que parece no podemos abandonar.