Al asumir, el nuevo ministro de Seguridad, Carlos Ciurca, eligió recurrir a la fórmula del llamado al consenso. Esto es: fijar un acuerdo general respecto de alguna cuestión en particular. Para nuestro caso, la seguridad, el tema que más interesa a los mendocinos.
Ya desde las entrevistas que concedió, decidió jugar con una suerte de sinceramiento respecto de las promesas en seguridad que le valieron a Jaque convertirse en gobernador de Mendoza, promesas que luego el malargüino no ha podido refrendar, hasta ahora, en la gestión.
En este marco de sinceramientos, Ciurca prefirió no ratificar algún rumbo, si lo hubo, que hubiere planteado el saliente Aguinaga. También pudo rememorar la Reforma Policial de 1998 comandada por Alejandro Cazabán. Sin embargo, no eligió ninguna de estas dos vertientes, aunque tampoco mostrar un plan propio, algo que, sin dudas, ha de estar urdiendo.
Lo que Ciurca hizo, contra su costumbre, es pedir ayuda y llamar a un indefinido “consenso”, postura saludable, ante tanta soberbia sin hechos que se ha exhibido. Al pedirlos, el nuevo ministro se muestra como amplio y, a la vez, como débil. Y deja en claro -de una vez y para siempre- que aquella suculenta propuesta electoral del 30% de descenso en número de delitos no podrá ser llevada a la práctica.
Vale preguntarse de qué habla Ciurca cuando habla de consenso. Bien sabemos que su designación cerró finalmente “hacia adentro” del Justicialismo y con naturales oposiciones internas y que, por tanto, probablemente cuando hable de apoyos, el reclamo hecho público también se circunscriba a ese otro y complejo mundo que representa la vida intestina de su partido. No obstante, la vida no empieza ni termina en el seno del PJ, sino que bulle en las calles, donde el mendocino común siente miedo de moverse libremente.
No es la primera vez que las autoridades de Seguridad piden apoyo. Lo hizo Lafalla, lo hizo Orquín al nombrar a los coordinadores departamentales de Seguridad y al contar con las presencias de políticos como Iglesias, Lafalla y hasta Gutiérrez en ese acto. También lo hicieron Bondino, apadrinado y protegido de cerca por Julio Cobos y recibiendo parvas de proyectos de organizaciones sociales e individualidades voluntariosas, aunque sin plasmarlos luego en la práctica.
Ahora, fue el turno de Ciurca. Por ello es necesario que señale con precisión a qué clases de consenso apela y qué necesitan como apoyo: ¿leyes?, ¿recursos?, ¿ideas?
Frente a los intendentes, pero también (y fundamentalmente) ante las cámaras de televisión, el nuevo ministro buscó arrancar con fuerza una gestión para la que se ha rodeado de operadores políticos territoriales y no de técnicos, quienes, a la vez, lo que más pueden aportarle es contención social y cisternas pletóricas de diálogo para casos de incendios barriales.
Lo que esperamos de Ciurca es que despliegue un plan paliativo que aborde la complejidad de la problemática en cuestión. Todos tuvieron apoyo cuando lo pidieron, pero tal vez lo desperdiciaron. Unos, desbordados por la coyuntura; otros, creyendo que ese ministerio servía como catapulta política y le restaron horas a la dedicación exclusiva que la tarea requiere.
Ahora, lo que debe seguir es un detalle de las acciones que les serán propias a los municipios, como son la iluminación, la limpieza de los baldíos, la activación de las plazas y espacios deportivos. También la definición de estrategias de “prevención social” vinculadas a la determinación de causas de la violencia y su enfrentamiento franco y coordinado con el resto del gobierno, especialmente con Educación y Desarrollo Humano.
La participación del vecino, ya sea que se trate de un encumbrado empresario o de un jubilado, será central para otorgarle visibilidad ante los planificadores de la tarea policial de un verdadero mapa vivencial del delito.
Pero indudablemente que la tarea principal estará en quien hoy pide ayuda y en su equipo: Mendoza requiere de un plan de política criminal que involucre saber qué Policía queremos y qué Justicia hace falta; qué ayuda social otorgamos, a quiénes y a cambio de qué condiciones, de modo de fortalecer la inclusión social y de desterrar el clientelismo.
Esto es, en definitiva, hacer política.
El desafío para Ciurca es aprender de los errores cometidos
El flamante ministro de Seguridad asumió pidiendo ayuda y consenso social. A la vez reconoció errores que son comunes en la actual gestión provincial. Ahora bien, qué clase concreta de ayuda solicita y a qué tipo de consenso social se refiere. Ya otros pidieron lo mismo: todos tuvieron ayuda y consenso de los mendocinos y, no obstante, los desperdiciaron.