Defendamos Mendoza

Un informe especial de MDZ sobre el estado de la provincia y las razones de su estancamiento en relación con su potencial. Análisis periodístico y notas de columnistas invitados.

¿Tenemos la Mendoza que soñó San Martín? Foto: mdz
¿Tenemos la Mendoza que soñó San Martín? Foto: mdz

Si bien debiera ser hija dilecta, la política es esclava de la historia. En el siglo XIX de la historia argentina, dos facciones contrapuestas –unitarios y federales– se enfrentaron en un campo de batalla que quedó cubierto de sangre. Mucho se escribió al respecto y las interpretaciones de aquel período histórico han sido diversas, porque los historiadores ven teñidos sus puños con afanes que son diversos. Miradas liberales o nacionalistas, tradicionalistas o revisionistas se han ido tejiendo y buscando réplicas en el presente. El resultado cultural ha sido la implantación de dos modelos antagónicos que tienen más valor como paradigma conceptual, que como ejemplo de rigor histórico: el modelo unitario es centralista y hegemónico y el federal es regionalista y postergado.

La antinomia conceptual unitarios-federales, para Mendoza, tiene un impacto inequívoco:  en las últimas décadas, la provincia ha perdido enorme terreno en el concierto geopolítico, económico y social del país.

Vivimos una Argentina cada vez más centralista, en la que el gobierno central usa y abusa de su propio criterio para fijar pautas, a veces de promoción y rescate, cuando no de premios y castigos políticos.

Dios atiende en Capital Federal. Actualmente, el poder económico y político se concentra en Buenos Aires. Quien desea ganar una elección nacional, debe concentrarse  cada vez en esa provincia  y en los mecanismos de clientelismo político que allí se utilizan.  Los Barones del Conurbano aquellos intendentes que son dueños de los resortes del poder real y manejan ¨la calle¨,  con todo lo que ello implica,  han pasado a tener más poder que muchos gobernadores y son los socios privilegiados del poder central.  

Mensualmente, enormes fortunas de los contribuyentes mendocinos van a parar a Buenos Aires y, con suerte en tiempos electorales, conseguimos que algo regrese. Sin embargo, la trama ha sido urdida para que la Nación reparta a discreción (y con clara intención política) los enormes recursos de que dispone.

Cualquiera que se interese por el tema, podrá darse cuenta de que el reparto del presupuesto nacional es una herramienta de domesticación por excelencia. En tanto, el sistema de copaticipación federal relega a nuestra provincia, perjudicada a la hora de establecer una relación entre aportes, cantidad de habitantes y fondos recibidos.

Mendoza, ante este panorama, poco y nada parece merecer, aún considerando el hecho de que hemos sido una de las provincias que más políticos de primera línea han aportado a la Argentina. Y no se trata de victimizarnos, sino de arribar a reflexiones que nos permitan determinar acciones para defender a Mendoza.

Ahora bien, que no recibamos lo que nos corresponde, ¿se debe a un problema estructural derivado del desgano de Nación o de nuestros escasos e inexplotados commodities y riquezas relativas o de la falta de capacidad de nuestra dirigencia?

Los gobernadores democráticos han hecho algunos intentos. Pero han sido dispersos y muy poco efectivos.

Recordemos a Felipe Llaver  tratando de  tomar de facto los Nihuiles. O las negociaciones de José Octavio Bordón para arrancarle una insignificante  mejora en los porcentajes de la primera ley de Coparticipación a un Antonio Cafiero con aspiraciones presidenciales.  Rodolfo Gabrielli y Arturo Lafalla apostaron -cada uno a su manera-  a recibir recursos y obras a cambio de dar su apoyo a Carlos Menem y debilitar así  a su ex compañero de ruta Bordón.

Los resultados fueron paupérrimos: Llaver y Bordón, a través de una jugada judicial permitieron que Gabrielli iniciara el gobierno con un colchón de 700 millones de dólares a favor en concepto de regalías mal líquidadas, aunque ese oxígeno se esfumó rápidamente con la creación del Fondo para la Transformación y el Crecimiento. A favor de Gabrielli, sí, aparece la devolución de los Nihuiles al ámbito provincial, mientras que Lafalla depositó un "plazo fijo" con su reclamo por los perjuicios que sufrió Mendoza por la Promoción Industrial; situación que, tal vez, algún día se traduzca en un resarcimiento histórico. Muy poco para 20 años de gobierno democrático.

Como una imagen opuesta  -la de una de picardía política efectiva-  Eduardo Duhalde, aprovechó su momento político en 1995 y obtuvo de Menem el fondo de reparación histórica del conurbano que le otorgó un enorme poder económico y político, que trascendió luego las fronteras de provincia.

Más recientemente, Roberto Iglesias tuvo que gobernar en el medio la crisis del 2000 y le quedó la ingrata tarea de tratar de refinanciar con la Nación -entre Petrones y Lecops- la gruesa deuda que heredó. Julio Cobos finalmente, desempeñó un rol fundamental en la división del radicalismo y el  armado político electoral del kirchnerismo y consiguió un lugar preferencial como vicepresidente de Cristina Fernández. ¿Conseguirá  desde allí mayores recursos para Mendoza? El presupuesto 2008, primero sancionado durante su gestión, todavía no lo demuestra.

La realidad es que hoy padecemos la fijación de un modelo fuertemente centralista. Y continuamos en los últimos lugares en la lista de provincias beneficiadas por la Coparticipación y en  la asignación de los fondos del Presupuesto nacional.

Increíblemente la Ley de Promoción Industrial, impulsada por Perón en la década del ’70, refuncionalizada por Alfonsín en la década del ’80 y abusada por Menem en los ‘90, sigue aun hoy dañando los intereses provinciales. Solamente en impuestos no cobrados Mendoza ha perdido más de $1.005 millones. Pero el verdadero perjuicio económico por la pérdida de industrias y puestos de trabajo multiplica varias veces esa cifra.

Mientras tanto el progreso económico en la Pampa Húmeda es abrumador si lo comparamos con nuestro derrotero. Allí, el contexto internacional favorece la explotación de la soja y los beneficios que están obteniendo son difícilmente calculables para nuestros ábacos malheridos. Nosotros, en cambio, aún no sabemos qué hacer con nuestras políticas petrolera y minera.

Hoy, Mendoza vende sus vinos al mundo, pero no promueve investigaciones o genera niveles educativos de alta calidad referidos al boom vitivinícola. Nos falta la gran novela del vino y la película del vino. Nos falta insertarnos en el mundo, ser parte de él, seducirlo, interpretarlo… Actividades que sólo podremos llevar a cabo si nos preparamos para hacerlo, entre otras cosas, modernizando nuestras instituciones y jerarquizando la actividad política, para que nos devuelva el lugar que en el país y el mundo nos corresponde.

A veces, cuando una persona mayor se acerca a su muerte, hay quienes se preguntan por qué será recordada esa persona. Seguramente, por sus obras. Mendoza vive una paradoja: tiene larga vida, pero muy pocas obras para perpetuarse. De aquí la intención de MDZ, de promover esta clase de especiales periodísticos. Otros temas nos aguardan: seguridad, minería, cultura, salud, vivienda, infancia… El mensaje es el mismo para todos: defendamos a Mendoza.