Los espesos nubarrones electorales que acechan al kirchnerismo anuncian una renovación legislativa con pronóstico adverso. Kirchner lo sabe, la presidenta también. En consecuencia su círculo de construcción política ha comenzado a tender algunos lazos para llegar al 2009. “Llegar”, en este caso, significa para el poder no sufrir una derrota de proporciones tales que inaugure la retirada, y tratar de mantener el control del Congreso, lo que hoy parece una fantasía.
Algunas encuestas muy reservadas que manejan en Olivos, a las que ciertos caciques provinciales han tenido acceso, muestran que el matrimonio presidencial anda cerca del 10% de imagen positiva, síntoma claro de la pérdida de capital político desde diciembre del año pasado hasta aquí, cuando el país está acechado además por la incertidumbre económica, el fantasma de la recesión, y la pérdida de empleo asociada a la menor actividad. A esta coyuntura difícil de por sí hay que agregarle el estilo cerrado y antipático de gestión, la intolerancia, la falta de debate, y el malhumor por la derrota política sufrida durante la crisis con el campo; más la resurrección de la oposición de la mano de las conversaciones entre radicales, Elisa Carrió y el socialismo.
Sin embargo, Kirchner logró encontrar algo de luz en medio del túnel.
La media sanción de la ley que elimina las AFJP y pasa al Estado fondos previsionales multimillonarios y aportes mensuales de empresas y trabajadores, le dio al ex presidente cierto aire, suficiente para asomar la nariz del agua y otear mejor el horizonte. Y así nació el plan de supervivencia. “Les vamos a pedir a los gobernadores, a los líderes territoriales que militen y recorran el país para sostener la imagen de Cristina, y mostrar las cosas buenas de la gestión” dice un hombre muy cercano a Julio De Vido, el superministro de la caja más grande del gobierno, y uno de los que monitorea de manera permanente lo que ocurre en cada rincón del país. Este “acuerdo” contempla no sacar los pies del plato oficial, a cambio de nutrir de obra pública y flujo de dinero a las provincias, para que a su vez los gobernadores puedan mantenerse a flote. En este bote salvavidas que Kirchner imagina hay algunos dirigentes que no caben, al menos por ahora: Eduardo Duhalde, Carlos Reutemann, Felipe Solá, y los Rodríguez Saá. El menemismo residual, ya reconvertido, no ingresa en las cuentas. Sí aparecen en la estrategia general algunos díscolos como el cordobés Juan Schiaretti y el chubutense Mario Das Neves. “Después de 2009… vemos…” analizan en el kirchnerismo, concentrados en superar batallas diarias para construir un escenario más amigable.
En este “armado” nacional hay algunos datos interesantes. Los hombres K siguen desde cerca la evolución de la alianza entre radicales, Carrió y el socialismo. Y apuestan a que el santafesino Hermes Binner termine por abrirse. “A Binner no le importa perder. Él va a ser candidato de por sí… No se va a aliar… Va a sostener su candidatura” cuentan los que manejan buena información entre el conurbano y la Casa Rosada. “Y Carrió y Morales lo mejor que tienen en Buenos Aires es Margarita Stoltbizer” aseguran, como si esa sola mención pudiera fabricar un triunfo del kirchnerismo en Buenos Aires, donde se juega de verdad el destino del gobierno.
En este escenario, el poder reparte los grupos entre el PJ, la nueva “alianza”, y el espacio que el vicepresidente Julio Cobos intenta construir, casi con la única virtud de su carisma. “Si es así, y se dividen, ganamos nosotros y el kirchnerismo sigue aún después de 2011” se ilusionan los arquitectos de la política K. Y aunque falta muchísimo, una eternidad en términos políticos; ya se sabe que Kirchner estaría dispuesto a acordar aun con Felipe Solá, uno de los hombres que en el peronismo asoma como presidenciable. El otro es el gobernador del Chaco Jorge Capitanich. También siguen desde cerca al sanjuanino José Luis Gioja, aunque desconfían de su independencia. En este esquema, están descartados tanto un intento de regreso de Kirchner, como la reelección de Cristina. Y habrá que ver qué sucede con Daniel Scioli. El gobernador de Buenos Aires tiene sus propias aspiraciones.
Los barones del conurbano bonaerense, verdaderos dueños del peronismo clientelar y del control territorial allí donde los votos mueven la aguja, observan el panorama y hacen gala de su pragmatismo. “En el peronismo somos muy prácticos. Los más probable es que todos juguemos con Néstor hasta 2009 y después se verá. Hay una construcción, y una estructura importante, que después puede estar en donde sea… por ejemplo… con Felipe” dicen, aludiendo al diputado bonaerense, quien hace poco se reunió con Eduardo Duhalde y Francisco de Narváez para caminar por la misma vereda.
El asunto es que en este plan de Néstor Kirchner para reconstruir el andamiaje político y no quedar con el Congreso en contra a partir de las elecciones, Mendoza está caída del mapa. Y no se trata de un problema menor. Aquí, Cristina obtuvo el año pasado unos 456.000 votos, más del 60% del electorado. Esa cifra contrasta con la “foto” actual de las encuestas. La última de Datamática, que publicamos el 31 de octubre, indica que Celso Jaque es el gobernador peor evaluado por sus comprovincianos. Su imagen negativa es del 51,8%. A Cristina le va apenas “mejor” en Mendoza. Aquí, el 49% de los ciudadanos piensa mal de la gestión presidencial.
Como se ve, el panorama para el oficialismo en esta provincia es muy complejo. “La verdad es que estamos sorprendidos. Hay una ausencia alarmante de gestión” cuenta –en referencia a Jaque- uno de los armadores de estrategias para ganar, cuando se puede, y que tiene una oficina importante en el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios. Y aporta otro dato. Aquí, la campaña 2009 para sostener a Cristina se hará con los intendentes y legisladores, algunos de ellos con diálogo casi directo con Olivos, una manera de sortear las dificultades estratégicas que significan tenerlo a Cobos en contra, por un lado, y la mala gestión del gobierno provincial, por el otro.
Con todo, el plan para llegar al año que viene en este duro trajinar de “la diaria” kirchnerista, pasa por contener lo mejor posible las demandas sociales asociadas a la crisis (aumentos salariales, defensa del empleo, subsidios para producir, auxilio a los que pierdan mercado), y que significarán sostener la actividad económica al menos con pulmotor hasta que la recesión pase, si es que alguien puede pronosticar cuándo. Así, en la alianza con Hugo Moyano, gobernadores más o menos exitosos y líderes territoriales, el oficialismo buscará reconstruir su fortaleza. Un partido que Celso Jaque va a mirar desde afuera y en diferido.
Y él sabe por qué.
El “akuerdo” 2009
Néstor Kirchner planea la “supervivencia” para llegar, a pesar de los temores económicos y sociales, a la renovación legislativa del año que viene en condiciones. El problema es la baja imagen, y cómo remontar el capital político perdido. Por eso el kirchnerismo empezó a tejer alianzas con líderes territoriales. Eso sí, Celso Jaque, para bien o para mal, lo va a mirar desde afuera.