Patricia Gutiérrez es esa clase de gente que no le da vueltas a los asuntos.
Por eso, en esta mañana de oro, con sol tibio y viento helado, olvida su café, mira cómo se pierde la avenida Las Heras hasta rematar en San Martín y se deja invadir por un brillo indecible en los ojos. Entonces, toma aire, un poco, y habla: “¿La verdad? Lo extraño como la concha de la lora”.
Habla de su marido muerto en un accidente hace un par de años. Desde entonces, todo ha pasado de manera muy lenta en su corazón, en los ámbitos de su casa, en la reconstrucción familiar junto a sus hijos, en la ocupación de esa otra tremenda casa vacía en que suele convertirse una cama de dos plazas. Todo ha pasado lentamente de piel hacia adentro de Patricia. Sin embargo, hacia fuera, en territorios de la política, la vida ha dado saltos insospechados y, otra vez, la ha llevado a palpar la ingratitud como moneda de cambio.
No obstante, ella sólo quiere hablar de política, bueno, hablar y no hablar, porque tampoco es cuestión de echarse en contra a “la corporación”, como dijo ella, La Negra. O mejor dicho: la cuestión es ir contra la corporación, pero con gestión, no con sentencias. En política, cuando se gasta pólvora en chimangos, los chimangos cuestan carísimos. Mire, vea.
Algo traslucen sus palabras, lo que todo el mundo rumorea por la calle, en los cafés, las oficinas: “A la Negra la bajaron, porque iba a armar tal quilombo en ese gran plato de ñoquis que es la Legislatura, que terminaría dejando en evidencia como inoperantes no sólo a Juan Carlos Jaliff y a varios vices más que no hicieron nada ahí adentro”. Ella no dice nada. Cambiamos de tema, entonces, y después asaltamos:
- ¿Invitarías a Cobos a cenar?
- Por supuesto.
- ¿Invitarías a Biffi a cenar?
- Sí… Y a Laura Montero, Amalia Monserrat, Quico Morandini, Calletti…
- ¿Y a Jaliff?
- No. No tenemos diálogo…
- ¿Y a Cornejo?
- Tampoco.
Patricia es como una “ex” que sabe demasiado. Y da impresión su silencio. Da la impresión de que la quieren lejos y de que ella también prefiere irse lejos (lejos es Buenos Aires, adonde seguro se la lleva Cobos si gana la vicepresidencia). Sin embargo, también da la impresión de que le han roto algo parecido a un sueño: la ilusión de ser la vicegobernadora de los mendocinos.
- ¿Tenías un plan?
- Sí, tenía un plan.
Uno imagina entonces un plan simple: cortar por lo sano. Es que La Negra es como un cuchillo de cocina: corta, pero para dar alimento. Y uno imagina, entonces, que por fin llega alguien con decisión para recuperar la institucionalidad legislativa, en fin, cosas por el estilo.
En este punto, ella insiste con que igual está contenta, pero seguimos sin creerle. “Quién iba a imaginarlo… He llegado lejos… Bla, bla, bla…”, pero no hay caso. El café se le ha enfriado y habla con muchísima más pasión de lo que hubiera hecho, que de lo que va a hacer.
A esto, en mi barrio, le llaman sufrir una derrota. Otra vez sopa: el tiro, el inefable tiro, ha vuelto a salir para el lado contrario de la justicia.
"Un plan simple"
"Patricia es como una 'ex' que sabe demasiado. Y da impresión su silencio. Da la impresión de que la quieren lejos y de que ella también prefiere irse lejos (lejos es Buenos Aires, adonde seguro se la lleva Cobos si gana la vicepresidencia). Sin embargo, también da la impresión de que le han roto algo parecido a un sueño: la ilusión de ser la vicegobernadora de los mendocinos".