No fue ley: ¿de qué lado estás?

El Senado rechazó la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Qué dejó para su discusión a futuro y hasta qué punto comenzó una nueva grieta en Argentina.

Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

 A nadie le importó que a todo el mundo le importe. Y eso es una sorpresa, una obviedad, una alegría y una tristeza a la vez.

Es difícil adoptar una postura imparcial en temas como estos, sobre todo porque con lo que se juega no es con opiniones sobre los datos, sino con determinaciones sobre la veracidad de los datos mismos. Que si mueren 500.000 o apenas 43 mujeres al año por abortar de manera clandestina. Apenas, como si el modificador cupiera.

O, dicho de otra forma: si la muerte se merece o se intenta evitar. Y cuando uno lo pronuncia en esos términos, se le anuda la garganta, se le nublan los ojos y la objetividad se torna una fantasía, no solamente pretenciosa, sino también poco práctica.

O no. O quizá queda lugar para ser empáticos -se necesita empatía para entender al otro- y creer que la muerte nos conmueve a todos, que la diferencia está en cómo la entendemos. ¿O eso es nihilismo?

Porque en definitiva el problema es circular. A nadie le importó que a todo el mundo le importe. A nadie le importó en esa marea celeste que todo el mundo les dijera que basta, que las contratapas del New York Times y cuantos otros diarios de por ahí, de otro lugar. Ni que las cifras no oficiales, los testimonios, los hijos que se quedan sin madres, los úteros que se extirpan sangrantes, las vidas arrojadas al causalismo.

Y a nadie de los 38 le importó que 31. Y a nadie de los 31 le importó que 38, porque a nadie le importó que a todo el mundo le importe. Tampoco a esa inmensidad verde que ni se resquebrajó ni se contrajo cuando le hablaron de amor, de ciencia, de leyes y de biología. Que se mantuvo como un coloso inmutable ante cuántos mensajes de esperanza, de que si se quiere se puede, de teología y psicología.

A nadie le importó, dentro del Congreso, nada. Y fuera del Congreso nada. Ni el pasado, ni el futuro, ni el presente. Porque de un lado de la cancha -todo se compara con el fútbol- la victoria estaba asegurada, los festejos se cobraron incluso por anticipado y las lágrimas, los besos, los abrazos se repartieron como si no les importara saber -porque lo sabían- que no era una victoria perenne.

Fue así, gente de verde. La gente de celeste también llora, aunque no lo crean.

Se festeja en el lado celeste de la Plaza del Congreso. pic.twitter.com/aB3uLmTIUc- Ignacio (@nachodevilla) 9 de agosto de 2018

Y cosa rara el hecho de que al otro lado de la cancha se festejó igual. Con decepción, con tristeza, con silencio. Hasta con fuego, sí, porque también hubo corridas, gases lacrimógenos, fuerzas policiales al ataque y borrachos con mecha de encendido fácil; notas que dieron el color. Pero se festejó porque, así y todo, algo se ganó. Digamos que una segunda chance o un vale para intentar de vuelta, aunque tarde, más adelante.

Se rechazó en el Senado la Ley de Interrupción Voluntaria de Embarazo. Con el antecedente de una sesión en Diputados que se vivió como si se tratara la final de un mundial. Comparación odiosa, repetida, la del fútbol.

Pero acá los hechos: en los aviones que partieron de Mendoza a Buenos Aires la mañana del 8 de agosto viajaron periodistas, militantes, activistas e hinchas de Boca por igual. Los primeros iban directo a la Plaza del Congreso, los últimos a ver su equipo jugársela en la Libertadores.

Al otro día, el 9 de agosto, en Aeroparque las caras se repetían. Militantes, activistas y también periodistas subían al avión con el recuerdo de una jornada legislativa que se extendió durante doce horas. Y los hinchas de Boca también estaban, agrandados por el éxito. Y hacía menos de veinticuatro horas la ley se había rechazado, ¿y a quién carajo le importó?

Un poco del sentimiento verde. Decepción. pic.twitter.com/TqBSfYRzPl- Ignacio (@nachodevilla) 9 de agosto de 2018

Porque las cosas siguen, las mareas se calman, los triunfos se agotan pero el futuro, ese bendito futuro, es inevitable.

Será ley, dicen. Ese es el dato incuestionable.