Con motivo de la polémica suscitada entre el subsecretario de Deportes de la provincia, Federico Chiapetta, y el presidente de la Comede (Confederación Mendocina de Deportes), Humberto Pagano, es necesario puntualizar con precisión la situación del deporte mendocino y las responsabilidades por su bajo nivel.
Es cierto y conocido que el deporte de nuestra provincia hace varios años se encuentra en una situación general de decadencia, con muy poca representatividad y éxito en los deportes colectivos y con escasas figuras individuales que descollen y representen a la provincia y al país en competencias de primer nivel, generando orgullo y convirtiéndose en símbolos para niños y jóvenes.
Coincidimos con el señor Chiapetta en que la mayor responsabilidad es de la dirigencia deportiva, pero con un agregado para nosotros insoslayable y obviado por el funcionario: entre los dirigentes, debe incluirse a los funcionarios públicos que han regido los destinos del deporte provincial desde el poder público. Y esto le cabe a los dirigentes de la Subsecretaría de Deportes y al resto que, desde el Estado provincial y las municipalidades, han tenido a su cargo la actividad.
Es necesario señalar, no obstante, que muchos dirigentes de las diferentes ramas deportivas ponen empeño, buena voluntad y hasta recursos económicos propios en su tarea amateur y de pasión. Pero estos gestos no alcanzan y los resultados generales de las diferentes disciplinas hablan por sí solos.
No hay que enojarse, sino agregar más capacidad y calidad de trabajo, y englobar y comprometer también al resto de los actores deportivos.
Muchos de los entrenadores y técnicos tampoco poseen los conocimientos modernos e indispensables a trasmitir a los deportistas, al igual que los preparadores físicos.
No es necesario enumerar las virtudes de la práctica deportiva, pero sí señalar que hace mucha falta -y con carácter de urgente- un trabajo conjunto entre la actividad deportiva privada y el Estado. En conjunto, deben conseguir sinergia, agregar valor, programar cursos de capacitación, entrenar para la alta competencia, invertir en infraestructura y aparatologia, e insistir con permanencia y tenacidad en la enseñanza y difusión del "espíritu deportivo".
Si los jóvenes deportistas conocen y viven el mejor espíritu deportivo, desde su lugar van a ayudar a mejorar, no sólo su perfomance propia: van a impactar positivamente en el conjunto de deportistas y en la sociedad toda.
La mayor responsabilidad, en cualquier actividad, siempre es de la cabeza, o sea, de los dirigentes. Y esto comprende a los dirigentes públicos y privados. No hay diferenciación posible.