“Deberás distinguir entre el bien y el mal.
- ¿Bien y el mal? ¿Y cómo sabré?
- Tu conciencia te lo dirá.
- ¿Qué es conciencia?
- ¿Qué es conciencia? Te lo diré. La conciencia es esa débil voz interior que nadie escucha, por eso el mundo anda tan mal.” Pepe Grillo a Pinocho.
Escribo estas líneas después de una profunda reflexión en solitario. Siempre que uno escribe existe un motivo, una razón, y en este caso concurren varias.
La primera de ellas ha sido el impactante hecho ocurrido en Guaymallén este Jueves donde una persona se robó a mano armada una camioneta del Municipio, disparándole a trabajadores y que luego perseguido fue muerto por la policía.
La segunda es que luego de ese suceso, el Gobernador Alfredo Cornejo escribió un twitter felicitando al efectivo policial, y ese acto origino artículos en los diarios, y en especial la algarabía de los foristas de siempre, que abonados y perpetuos se maravillaron exaltando la muerte de la persona abatida. Es decir el Gobernador se ha manifestado de manera pública sobre un hecho delictivo.
La tercera es porque el hecho sucedió apenas he empezado a trabajar en ese Municipio como funcionario y me toco vivirlo muy de cerca desde esa tarea.
En horas de la mañana del jueves recibí llamados porque el Intendente Marcelino Iglesias quería verme por ese hecho, dado que una cuadrilla con su capataz habían sido asaltados y no sabíamos cómo estaban de salud. La información era hasta ese momento muy confusa. Inmediatamente se dispuso que los trajeran al Municipio y pudiéramos ver como estaban. Y asi fue; entrevistamos a dos de los trabajadores mas afectados, con esquirlas en sus piernas de los disparos y en el otro un agujero en la bota de goma que por suerte fue eso y nada más. Nos ayudó una Psicologa para tener un mejor diagnóstico de la situación y se determinó que por las narrado no estaban en condiciones de ir a declarar. Se notaba el impacto del momento en sus caras, que a pesar de hombres rudos, sólo querían ir a encontrarse con su familia y ser contenidos porque se habían salvado de morir sin siquiera saber porqué. Con esto digo que la tragedia ocasionada por la persona que luego murió pudo ser peor.
Marcelino Iglesias luego se apersonó y habló con ellos y creo al menos que esa parte humana de preguntar como estaban, de sentir alivio porque nada más les hubiera pasado, ayudó a que todos nosotros ( dentro de un Municipio arrasado por la corrupción manejada por un déspota , su familia y secuaces que son ahora personal de planta distribuidos en todas partes) sintiéramos lo importante de la intimidad del momento.
La razón principal de estas líneas que escribo tiene que ver con el derecho a disentir y a tener sus propias convicciones y no tener temor de ninguna consecuencia.
No puedo estar de acuerdo con el twitt del Gobernador en los términos de felicitar la muerte. La felicitación es para un acto de alegría, o hasta para uno de heroísmos con finales buenos, pero que una persona mate a otra y por ello tengamos que felicitarlo no lo puedo compartir. El policía, siempre que la justicia así lo determine y eso aún no ha sucedido, en todo caso cumplió con su deber arriesgando su vida, como los miles de policías que diariamente salen a la calle en una profesión riesgosa como pocas. Eso en mi sí produce alegría porque a él tampoco le ha pasado nada, al menos físicamente, en el desempeño de su trabajo y seguramente su familia también estará feliz pero en otro sentido; por tenerlo vivo.
El hecho delictivo o termina como sucedió en este caso, donde un policía repelió la acción y producto de ello el autor es muerto luego de resistirse o bien detenido es puesto a disposición de la justicia y sometido a proceso.
Ensalzar la muerte en un país y provincia donde aún tenemos cientos de casos de violencia institucional o de mano propia no me parece correcto.
Argentina, Mendoza y en especial el Municipio de Guaymallén han sido desvastados, en manos de mediocres gestores y con las consecuencias que todos conocemos, y con un efecto en el vacío institucional sin parangón donde la ley no vale nada. La policía de Mendoza no ha sido ajena a esa anomia porque el mismo Gobernador, apenas asumido, en un acto valioso por cierto, descabezó a varios oficiales, precisamente porque respondían a lo peor de la política.
Por eso la inseguridad ha sido uno de los mejores parámetros para demostrar cómo el Estado abandonó al habitante y sólo el funcionario de turno fue quien mejor lo pasó con los fondos públicos.
Nadie duda que necesitamos y queremos que la ley se cumpla y para todos, que haya mejor salud, educación y trabajo, pero no será con un twitt como se hace una política de estado o como se recompone una institución.
He asumido una función pública, pero eso no hará que renuncie a lo que pienso y que he hecho siempre, y es a no callarme frente a lo que creo injusto, incluso en las más absoluta soledad frente al silencio de los que si tienen voz como las iglesias, medios de comunicación o partidos de derecha a izquierda y organizaciones sociales.
La función pública no puede ser la excusa para no criticar lo que nos parece equivocado o para perder la capacidad de disenso o para justificar lo que antes denunciábamos.
En mi vida profesional he podido conocer a Alfredo Cornejo y su familia y no tengo objeción alguna hacia ellos, por el contrario Cornejo ha llegado al sillón de San Martin con una alta capacitación y experiencia personal y lo sé de un carácter firme y de persona de bien. Lo mismo puedo decir de Marcelino Iglesias y su equipo a quien no he consultado para escribir estas líneas porque considero que no es así como se expresa el pensamiento. Evito así cualquier sospecha acerca de intrigas y conspiraciones. No tengo partido ni internas más que mis propias contradicciones.
Rodolfo Walsh en su memorable “carta a los argentinos” en 1977 y que le costara su vida no hizo otra cosa que intentar que sus compatriotas tomaran conciencia de una realidad brutal. Estas líneas en una dimensión y contexto infinitamente menor en su calidad y contexto siguen ese sur de ser uno mismo siempre.
No habremos aprendido nada si como funcionario no podemos expresar los disensos con respeto y libertad.
La democracia necesita de la seguridad, como de los otros aspectos esenciales que todos queremos para una sociedad mejor, pero nuestra historia regada de tanta sangre de víctimas y victimarios, merece más políticas de Estado participativas y consensuadas que los dedos en el teclado disparando palabras de felicidad.
No hay que engañarse por el aplauso fácil de quienes en su anonimato esconden un pasado siniestro y buscan que el péndulo vaya otra vez hacia balas que maten la verdadera política.
Sapere Aude.
Carlos Varela Alvarez