Pequeños grandes cambios

En tan solo 2 meses, el gobierno nacional tomó medidas que transformaron la forma de hacer política en Argentina.

Como prometió la Alianza Cambiemos en campaña, las cadenas nacionales compulsivas han sido reemplazadas por conferencias de prensa, modificando dos situaciones. En primer lugar hoy la gente tiene la posibilidad de escuchar preguntas y respuestas de periodistas y funcionarios respectivamente. Pero más importante aún es que no se interrumpe la programación de los canales de cable que obligaban a la audiencia a ver interminables discursos del gobierno anterior. Sólo en 2015, Cristina Kirchner usó la cadena nacional más de 45 veces, para emitir mensajes que duraron en promedio 40 minutos.

La televisión pública volvió a ser pública y no partidaria. Durante los partidos de fútbol no hay más propagan oficialista ni actos de proselitismo político. Hoy la TV Pública contiene en su programación eventos o anuncios de interés general, respetando el hecho de que no la paga un partido político, sino todos los ciudadanos, hayan votado al gobierno o no.

La prueba y error, el hecho más humano de todos, ha aterrizado en la política luego de por lo menos 12 años. Ya en varias ocasiones el gobierno actual revocó sus propias decisiones cuando comprendió que no eran buenas para el país, o cuando recibió críticas de importantes referentes nacionales. No es un hecho menor que se haya dado marcha atrás con Decretos de Necesidad de Urgencia como en el caso de la designación de jueces de la Corte Suprema de Justicia de la nación. Haciendo un paréntesis, ya que mencionamos los DNU que algunos kirchneristas hoy caracterizan de antirrepublicanos, será difícil que Macri alcance el record de Menem, y más aún el de Néstor Kirchner. El riojano ostenta la marca de 54 DNU por año durante su gestión, mientras que el santacruceño se mantiene imbatible con un registro de 60 por año entre 2003 y 2007, totalizando 270 durante su mandato completo. En definitiva, si Macri firma menos de 40 decretos por año, lo que es probable, estaremos en presencia de una novedad.

En cuanto a su equipo de trabajo, este gobierno cambió el paradigma de funcionarios militantes por el de funcionarios capaces y experimentados. Vemos un gobierno integrado por gente valiosa que involucrándose en la función pública tiene mucho para perder y poco para ganar. En orden de importancia podemos empezar por el Presidente, que no es un caudillo, sino un hombre normal, que con gran vocación de servicio dona parte de su sueldo y sacrifica intereses económicos por una causa noble como es el futuro del país. Así sucede también con altos cargos, como es el caso de Susana Malcorra, que renunció a su puesto de Jefa de Gabinete de la Organización de Naciones Unidas para convertirse en Canciller argentina. Otro caso similar es el de Isela Costantini, que abandonó su prometedora carrera en la General Motors para unirse al proyecto de Cambiemos como presidente de Aerolíneas Argentinas, resignando la conveniencia de su bolsillo.

No bastan estas líneas para explicar el gran cambio gestado en estos 2 meses, un cambio cultural, un cambio de valores, un cambio necesario.

Rubén Dante Lilloy

DNI: 3.354280