Venezuela y el Mercosur

 Es clara la voluntad de los gobiernos de Brasil, Argentina y Paraguay de expulsar del Mercosur a la República Boliviariana de Venezuela. Lo han hecho saber al mundo de la manera más inédita en los anales de la diplomacia internacional. A través de un "comunicado" de sus cancilleres -más el del Uruguay- que ni siquiera se reunieron para ello. Una muestra evidente del menosprecio (o de la mala conciencia de ellos mismos) de una decisión que, dada su trascendencia, debía ser adoptada por los respectivos Jefes de Estado en una reunión formal, y con "la víctima" presente.

El asunto no es tan simple. Aunque Uruguay cedió ante la presión para que firme "el comunicado", la posición del gobierno del presidente Tabaré Vásquez se diferencia de la de la Triple Alianza. Tanto es así que el presidente venezolano Nicolás Maduro optó por solicitarle a Vásquez una reunión "cara a cara" y éste ha dicho que "por supuesto". Habrá que ver cuándo se concreta y qué sale de esa reunión.

Mientras tanto, se cocina la próxima cumbre de Mercosur para el miércoles 14 de diciembre, en la que le tocaría asumir la presidencia pro témpore a la Argentina. La incógnita que se plantea es qué pasará con Venezuela: ¿estará presente? ¿lo permitirá la Triple Alianza? ¿qué actitud adoptará Uruguay?

Un aspecto clave que está en la nebulosa es la acusación en que los expulsores fundamentan su decisión: que Venezuela no ha cumplido las exigencias de adecuación de sus estructuras jurídicas internas a las normas vigentes en el Mercosur. Pero al respecto "el comunicado" no dio precisiones. Frente a esa acusación, el gobierno de Venezuela ha dado a conocer oficialmente números concretos según los cuales ese país ha incorporado a su legislación el 95% de esas normas, un nivel superior a lo que exhiben los otros cuatro integrantes del bloque.

Según la normativa vigente en el bloque las decisiones se deben tomar por consenso, es decir tienen que ser unánimes. Para el presidente Vásquez la cosa está peliaguda: es que las fuerzas internas del Frente Amplio que sostiene su gobierno ya han manifestado su rechazo total a la expulsión de Venezuela y exigen la misma postura a su gobierno.

¿Será la República Oriental el nuevo David que enfrente al Goliat de la nueva, fatídica, Triple Alianza? Y algo más: ¿Será tenida en cuenta la oposición unánime del Parlamento del Mercosur contra la postura anti Venezuela?

Más allá de la cuestión jurídica-reglamentaria, hay varias cuestiones profundas que se vinculan con este grave asunto que aqueja al bloque sureño.

Llama la atención que la acción de desligarse de Venezuela se emprenda justamente en un momento en que ese país desarrolla acciones de mucha trascendencia internacional, escenarios en los que es visible y determinante la actuación del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro:

- Venezuela ocupa desde setiembre pasado la presidencia pro témpore del Movimiento de Países no Alineados, integrado por 120 países de los cinco continentes.

- En los últimos días, además, ha sido protagonista principal en las gestiones llevadas a cabo a nivel internacional entre los integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y productores "no OPEP" para estabilizar y equilibrar el precio internacional del petróleo, cuyos altibajos tienen complicado a todo el planeta.

- Internamente, por otra parte, el país vive un intenso proceso de diálogo y negociación entre el gobierno y la oposición para hacer frente a la crisis económica y política, con el patrocinio de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y el apoyo explícito nada menos que del Vaticano.

Se podría decir que las opacas figuras políticas que gobiernan los países de la Triple Alianza -Michel Temer en Brasil, Mauricio Macri en la Argentina, Horacio Cartes en Paraguay- sufren una especie de complejo de inferioridad ante el protagonismo que juega su par venezolano.

Pero más allá de esto, lo que más desorienta es que esos tres mandatarios, los tres empresarios gobernantes, no quieran tener como socio al país que ostenta una de las más importantes y cruciales reservas de hidrocarburos del planeta, una riqueza por la que muchos de sus pares de los negocios serían capaces de desencadenar una guerra.

¿Será que quieren dejar al país caribeño huérfano de la protección que representa ser miembro de un bloque económico y dejarlo a expensas de las amenazas implícitas en el ridículo decreto del presidente Barack Obama que declara a Venezuela como "amenaza extraordinaria e inusual para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos"? Amenaza de coacción e intervención que su sucesor Donald Trump, seguramente, cumplirá con diligencia sin par.

En síntesis, es evidente que la acción emprendida por la Triple Alianza apunta a debilitar la estructura del bloque sureño, alcanzada y profundizada en sus 25 años de historia, para favorecer otras alternativas menos integradas y más amigables con las empresas transnacionales.

Ante este panorama, sería muy oportuno que el ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, que hoy apoya a Temer y su acceso golpista al poder, refresque su memoria y les recuerde a todos su feliz sentencia de otros tiempos: La integración y la unidad de los países latinoamericanos y caribeños "NO ES UNA OPCION. ES UN DESTINO".

Si él no lo recuerda no importa. Ese ideal ya es parte sustancial de la conciencia de los pueblos latinoamericanos y caribeños y de una gran cantidad de dirigentes políticos, movimientos sociales, ámbitos académicos, expresiones culturales. A pesar de todos las insidias,ese es nuestro destino.

Así sea.

N8{o