"Estoy un poco nervioso, así que te pido que por favor me escuches."
Ricardo Darín en el personaje de Bombita,
en la película Relatos salvajes.
Bombita es uno de los personajes de la película Relatos salvajes. Interpretado por Ricardo Darín, este hombre pide, ante una ventanilla, cosas dislocadas que la mayoría de nosotros hemos querido alguna vez pedir: que se revea lo que nos están achacando porque no es nuestra responsabilidad lo que sucedió, que el Gobierno nos pida perdón y que nos indemnicen por el tiempo que nos hicieron perder…
Para quienes no vieron la película, les contamos que Bombita es un hombre al que, en medio de cientos de preocupaciones, la grúa le lleva el auto, injustamente, según su entender, pero paga la multa y lo retira. Pero no pasa mucho tiempo para que esto se repita, así que, hastiado, decide darles un escarmiento a los de la empresa a cargo de secuestrar autos en la calle. No les vamos a contar en qué consiste ese escarmiento, por si les dieron ganas de ver la película a quienes aún no lo hacen, pero sí les podemos decir que este tal Bombita va a parar a la cárcel, donde termina siendo una de las personas más respetadas, no sólo en la prisión, sino también socialmente.
¿Y por qué termina siendo una de las personas más respetadas? Sencillamente, porque hizo lo que a miles de hombres y mujeres se les pasó alguna vez por la cabeza. La diferencia es que él, con todas las precauciones del caso y saliéndose de lo esperable, lo hizo, y esto lo convirtió en héroe ante todos aquellos que se sintieron y se sienten avasallados por el poder.
"Estoy un poco nerviosa"
Quiso la casualidad que ayer apareciera en MDZ Online un artículo titulado ¿Quién protege a los docentes ante las agresiones?, con la misma firma que lleva esta columna en el que se indagaba acerca de, como el título lo dice, qué protección tenían los profesores y maestros ante la violencia, física y verbal, de los padres de los alumnos.
Y justo ayer se conoció un video en el que una docente del DAD, uno de los colegios más prestigiosos de la provincia de Mendoza (por depender directamente de la UNCuyo), se salía de las casillas y la emprendía a insultos y amenazas contra los alumnos. Por si no vieron el video, aquí está.
Ahora bien, una vez conocidas las imágenes y aclarado en los medios periodísticos que ya había comenzado a funcionar una comisión que evaluaría el proceder de la docente y, en todo caso, determinaría qué sanción le correspondería, si es que le correspondía sanción, pudimos vislumbrar una respuesta a eso de quién defiende a los docentes, o al menos a esta docente en particular.
Muchas personas comenzaron a manifestarse a través de las redes sociales y de los foros de los portales y diarios a favor de esta profesora que, por ver a sus alumnos durmiendo o haciendo otra cosa mientras ella, de acuerdo a lo que dijo en ese momento, "se está rompiendo el culo para leerles algo bien", se salió del libreto y comenzó a insultarlos.
No pretendemos de ninguna manera justificar lo que la docente hizo, pero tampoco creemos que haya sido el resultado de un momento en el que un alumno se hizo el dormido. Por el contrario, es de suponer que este estallido es consecuencia del hastío de horas y horas dando clases, horas y horas corrigiendo, horas y horas tratando de dar lo mejor de sí para que los alumnos no le presten la menor atención, amén de los problemas personales que no damos por hecho pero que sabemos que a nadie le faltan.
Pero, más allá de todo esto, seguramente lo que la docente les dijo más de una vez a estos chicos (no necesariamente con palabras, sino tal vez con gestos y actitudes) fue algo así como: "Estoy un poco nerviosa, así que les pido por favor que me escuchen". Y los chicos no la escucharon, entonces la profesora estalló, como Bombita, y se convirtió, como Bombita también, en una heroína a la que nadie quiere criticar, sino apoyar.
La docente puteadora, otra Bombita social
¿Dónde estamos parados, como sociedad, para que suceda que una docente insulte a los alumnos y los amenace con no aprobarlos y los adultos (incluso padres de chicos de la misma escuela en la que da clases esta profesora) la apoyen en lugar de condenarla?
Para tratar de darle algo que se asemeje a una respuesta a la pregunta anterior, volvamos a Bombita, esa genialidad actoral de Ricardo Darín, y tracemos algunos puentes entre la escuela y la sociedad.
Bombita vive en una ciudad y, por lo tanto, varios aspectos de su cotidianeidad los ha delegado (casi ciegamente, como nos sucede a la mayoría) en las instituciones y los organismos estatales que le cobran impuestos. Pero son esos mismos organismos e instituciones los que lo abandonan y hasta traicionan. Lo que ve Bombita es que no encuentra a nadie que lo escuche y le ayude a resolver sus problemas. Y esto también lo percibe el resto de la sociedad, por eso, cuando el personaje de Darín decide tomar las riendas del asunto, lo que los demás ven en él y en su actitud es que alguien se animó a dar solución a algo que preocupa a la mayoría. Es un héroe porque, sencillamente (y a pesar de la cárcel a la que es condenado), les puso los puntos a las íes que todos los demás querían puntuar y no se animaban ni sabían cómo hacerlo.
No faltará quien diga (y también coincidimos en esto, pero no como lo haría alguien que dijera que los chicos deben ir a la escuela a divertirse) que la docente tendría que revisar sus prácticas y tratar de “enganchar” más a los alumnos con la literatura. Seguro que sí. Pero esta profesora que estalló no recibió el apoyo que recibió de parte de los adultos por la forma en la que organiza sus clases ni por su metodología de enseñanza, sino porque les dijo a los alumnos lo que muchos querrían decirles, expresó lo que tantos docentes sienten ante los chicos, manifestó lo que miles de padres no se animan o no pueden decirles a sus hijos.
Instituciones como la escuela y la familia han mutado, han cambiado, en ellas se han desdibujado algunos roles, por lo que no es extraño escuchar a padres y madres decir "no sé qué hacer" ante los docentes, psicólogos, psicopedagogos y demás. Esos padres y madres que no saben qué hacer con sus hijos esperan, probablemente, seguramente, que sea la escuela quien sepa qué hacer. Pero la escuela tampoco sabe, de momento, qué hacer. Y así es como "la chota de Literatura los aprueba para que entren de una vez por todas en la facultad", y así es como los "chotos" de los progenitores, quizás por culpa, tal vez por ver en esos adolescentes lo que ellos quisieron ser y ya no pueden serlo, seguro por mil motivos más, no tienen la capacidad ni los recursos dialécticos ni emocionales para sentarse siquiera a hablar con ellos.
Entonces, respondiendo muy rudimentariamente a la pregunta que realizamos más arriba, estamos parados en una sociedad en crisis, con una estructura familiar en crisis y una escuela en crisis. Estamos parados ante una sociedad que no puede resolver los problemas a los que se enfrenta y que, ante la aparición de una docente puteadora o de un Bombita, se siente en gran parte identificada, porque puso en manos de las instituciones y de los organismos públicos demasiada confianza pero lo único que estos le están devolviendo son espacios de desconcierto.
La docente, como Bombita, seguramente estaba pidiendo que la escucharan (no sólo sus alumnos, que quede claro), y como nadie la escuchó, llevó a cabo un exceso. Con toda certeza caerá sobre ella alguna sanción, pero si no somos capaces de revisar qué fue todo lo que la llevó a alcanzar tal nivel de agresividad ante sus alumnos, si no podemos vernos como adultos incapacitados para acompañar a los jóvenes sin que estos nos sobrepasen, si no somos capaces de pedirle al Estado y a las instituciones lo que de ellos esperamos (porque ellos nos lo prometen), no nos habremos encaminado a resolver nada.
Alejandro Frias