Fayt: el problema no es la edad

Una de nuestras próximas tareas es construir una justicia popular, que nos exprese y contenga.

Foto: NA
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El problema es que este juez sea uno de los de la Corte Suprema, que es la última instancia donde se resuelven las cuestiones judiciales, los conflictos que nos afectan a todos (y cuando se dice "a todos" es literal: es a todos ya que después esos fallos sientan jurisprudencia, clara o no tanto, que condiciona la vida de todos los que habitamos este territorio). Y si a nuestros viejos muchas veces nosotros tenemos que estar haciéndoles los trámites porque se olvidan de algo o por lo costoso que les resulta transportarse, imaginemos a un hombre de 97 años... Y volvemos a decir no es la edad: ¿qué mejor que un abuelo de esa edad te contara lo que vivió? (y si fuera que fue apasionado toda su vida, seguramente el relato sería más entusiasmante).

Pero este no es el caso. No es nuestro abuelo. Y si no está en condiciones -que para nosotros no lo está- ¿quién o quiénes los que resuelven las causas? ¿En función de qué criterios? ¿En favor de quiénes y en contra de quiénes? Sin contar que ese o esos que deciden sobre las causas no fuerpn elegidos por nadie y que se si Fayt lo eligió fue para que colabore con él, no para que sea el juez, para que delegue su entera tarea en él.

Lo cierto es que ahora desde el periodismo militante de los grupos concentrados de poder buscan acusar de bullyng al gobierno. Pero ellos, que se dicen republicanos, están sosteniendo a un señor que pudiera haber sido brillante en su plenitud pero que hoy no lo es más, que para colmo de los colmos es el único que será juez de la Corte Suprema hasta su defunción, como los reyes. Él tiene la posibilidad de dejar de ser juez de la Corte (o "supremo" como algunos les dicen o les gusta que les digan), pero lo cierto es que, o que porque él cree que es un ser supremo o por su estándar de vida o por sus "conveniencias" en referencia a los fallos que pudieran dictaminarse en nombre de él o porque muchos que necesitan que sea así, de hecho puede ocupar ese cargo hasta su muerte. Pero fueran las razones que fueran, lo cierto es que un señor de 97 años sigue siendo juez de la máxima instancia de nuestro Poder Judicial que cada vez parece menos nuestro y más poder.

Es increíble cómo algo que fue una de las primeras medidas que trabajara Néstor, la de hacer creíble a la Corte Suprema para que fuera creíble la Justicia que dictaran todos los jueces, hoy pase a ser uno de los lugares más conservadores y retrógrados, a punto tal que, tal como dijéramos, hay uno que quiere ser "Juez de la Corte Suprema hasta que se muera", algo que no es aceptado en ninguna otra instancia y que sólo puede compararse con las monarquías, algo que no tiene nada que ver con una república o republicanismo en los términos que pretendemos hoy, relativo a la división de poderes para asegurarle al pueblo equidad e igualdad de condiciones para que se realice como sujeto y para que no sea sólo un objeto al cual manipular y condicionar en favor del enriquecimiento de unos pocos.

Cuando Néstor hizo eso con la Corte estábamos en el centro de la escena neoliberal. Lo que hemos avanzado desde el 2003 hasta hoy nos obliga a seguir construyendo esa Justicia que deje de ver a los poderosos como sus pares (o peor: como sus patrones) y empiece a velar por los sueños y ambiciones de los que construimos día a día con nuestro esfuerzo físico e intelectual este país y sus riquezas, que siempre terminan en manos de unos pocos, en buena medida por gente como esta Corte Suprema que quiere y pretende estar por encima de aquellos que son elegidos por el voto directo del pueblo y no como consecuencia de acuerdos políticos en palacios.

Una de nuestras próximas tareas es construir una justicia popular, que nos exprese y contenga, como así también una reforma de la Constitución que sea capaz de expresar lo mejor de esta época y lo por venir. Porvenir que estará signado en la tarea de sostener la multilateralidad o multipolaridad, en la defensa irrestricta de los recursos naturales, el fortalecimiento del MERCOSUR, UNASUR y CELAC contemplando los BRICS y promoviendo que la globalización deje de ser liberal y financiera para ser productiva y en favor del interés del ser humano, por fuera de la lógica de la defensa de los intereses de los más ricos y poderosos del mundo.

Entonces, el problema no es que el Juez Fayt tenga 97 años de edad. El problema es que existe un mundo injusto y que hay muchos que trabajan para sostenerlo de esta manera: grupos concentrados como Clarín o Techint, partidos políticos como el PRO, ECO o el socialismo (y, digámoslo, en partidos populares como el FPV también los tenemos adentro) y políticos con nombre y apellido como la Carrió, Sanz, De la Sota, Rodríguez Saá y periodistas como Bonnelli, Lanata, Morales Solá, Castro y, por supuesto, la clase social más alta en términos económicos, que es la beneficiaria de que todo siga igual y no se modifique nada en favor de los sectores trabajadores medios y bajos. En definitiva, el problema no son los 97 años de un juez si no para quién hace lo que y defendiendo qué intereses.