La revolución de los ilusos

Una mirada a contramano, para provocar un debate más a fondo sobre la realidad del Vaticano.

Foto: Vaticano
Foto: Vaticano

 Termina el año 2014 y dicha circunstancia permite hacer una evaluación relativa a los publicitados cambios en la multinacional religiosa “Iglesia Católica”.

Los apologistas del papa argentino afirman que está haciendo una “revolución” dentro de la decadente institución: “los lobos acechan la revolución pacífica que el Papa Francisco emprendió”, dijo un vaticanista (1). Similares términos utilizó una prestigiosa periodista de un medio gráfico nacional (2).

Sin embargo, lo hecho por Francisco en poco más de veinte meses de monarquía dice lo contrario. A nivel interno, apoyado en una gestión demagógica y populista, sacó a la luz la crónica idolatría y sentimentalismo cursi de los católicos, cuyos efectos no han sido otros que el agravamiento del infantilismo, el pensamiento mágico y la alcahuetería. A nivel externo, coronó el año con gestiones diplomáticas entre dos países americanos históricamente enfrentados, cuyos resultados concretos están aún por verse, pero que al pontífice le dieron “chapa”.

En Argentina, los índices de chauvinismo se elevaron a niveles de paroxismo. Muestra de ello fue la penosa “peregrinación” de la clase dirigencial (políticos, legisladores, jueces, fiscales, sindicalistas), por el Vaticano para sacarse una “selfie” con Bergoglio y dejarle regalos. El propio papa, en una entrevista, confirmó lo fastidioso que le resulto eso (3).

Los aceitados mecanismos de propaganda y proselitismo de la multinacional, lograron instalar en la opinión pública la idea que existen procesos de cambio en los temas más sensibles, aquellos que siempre han demostrado que el catolicismo romano es una fotocopia de mala calidad del cristianismo auténtico.

Aquellos cambios no han pasado de ser camelos que el marketing se ha encargado de exaltar. Por más que Francisco haya querido mostrar su perfil “revolucionario” la estructura, funcionamiento, doctrina, ideología y normativa jurídica de su iglesia permanecen intactas.

1. Intentos de reforma en la estructura: poder clerical intocable, migajas a los laicos, la sombra de Pío X

La organización católica - antievangélica hasta la médula-, no logró modificarse mucho. Continúa siendo tratada por el G-9, grupo encargado de proponer modificaciones, una especie de camarilla integrada sólo por clérigos, donde los laicos también han sido excluidos.

Bergoglio sostuvo que los cambios en la llamada “Curia”, la oligarquía clerical que colabora en el gobierno, son los más difíciles de hacer y que no estarán terminados ni siquiera en el 2015 (4). No obstante la opinión papal, algunos medios han anticipado los posibles cambios, que no pasan de ser fusiones de organismos vaticanos y el mantenimiento del poder de decisión de las sotanas.

El organigrama se reduce a agrupar organismos: “las nueve congregaciones tradicionales (Doctrina de la Fe, Culto Divino, Causas de los Santos, etcétera) no sufrirán modificaciones, en cambio es muy probable que hay una fusión de los consejos pontificios para conformar tres grandes polos.

Uno, bajo el nombre "Caridad y Justicia" reuniría las funciones de 4 de los actuales consejos pontificios: Justicia y Paz, Cor Unum (Caritas), Pastoral de los migrantes y Pastoral de la Salud.

Un segundo polo agruparía a los consejos pontificios para los laicos y la familia” (5), mientras que el tercero cumpliría las funciones de coordinación de los órganos de comunicación del estado confesional.

De aquellos organismos el más novedoso sería la “Congregación de laicos y familia”, que se articularía mediante cinco secciones: Laicos, Familia, Mujer, Asociaciones de Fieles y Movimientos Eclesiales. Las “novedades” en este campo pasan por el anuncio de que laicos presidirán algunos de esos organismos, concretamente, las tres primeras mencionadas.

Sin embargo, el poder clerical no ha desaparecido: ¿Quiénes elegirán a los sujetos responsables de aquellos organismos? El clero ¿Qué ideología deberán aplicar los laicos que los presidan? La elaborada por el clero ¿Tendrán autonomía para decidir y disentir del pensamiento oficial? De ninguna manera, la libertad de pensamiento y gestión en el catolicismo romano está reducida a su mínima expresión.

Los objetivos perseguidos con la reforma en la Curia son los de racionalizar y agilizar. “En este momento hay alrededor de 30 diferentes dicasterios, entre secretariatos, consejos y congregaciones. ¿Cómo podría un gobernador reunir a todos sus ministros con una cierta regularidad? En el pasado se hacía una vez o dos veces al año. ¿Cómo puede salir adelante de esta forma una institución? Hay que hacer reuniones y consultas más frecuentemente. Así, se puede decir que la simplificación favorecerá la colegialidad. Esto es importante” (6).

Las palabras del cardenal golpista Rodríguez Madariaga aparentan espíritu democrático, participación, apertura. Nada más lejos. Se enfoca en el viejo término colegialidad o colegiatura, surgidos del imperio romano, cuya connotación no es otra que lo corporativo. En el caso de la iglesia católica, es la corporación clerical la que sigue en pie, principal causa del fracaso y decadencia institucional.

Lo mismo puede decirse del “espíritu sinodal” que se lo quiere hacer pasar como mayor grado de democratización. No obstante sólo indica lo que el clero está dispuesto a ceder. Se finge participación y horizontalidad… ¡¡dentro de la casta sacerdotal!! El laicado sigue fuera, aniñado, infantil, y los que llegan a puestos de gestión y decisión deben repetir como loros la ideología generada por el clero, los superiores, los que saben. Mentalidad fascista y totalitaria. Ratificación de la ridícula división entre clase docente - curas que saben y mandan - y clase discente - laicos infantilizados que no saben nada y obedecen -.

Como se habrá observado, no se redujo un ápice el funcionamiento interno caracterizado por el clericalismo verticalista, patriarcal y autoritario. El poder político - de decisión y mando - está bien resguardado y sigue en manos del clero. El laicado seguirá siendo una masa amorfa y acrítica que se limita a obedecer, y se les tirarán algunas migajas de poder para que estén contentos.

Es la larga sombra del papa Pío X que también cubre el pontificado de Francisco. Decía el primero: “Solamente el colegio de los pastores tiene el derecho y la autoridad de dirigir y gobernar; la masa no tiene ningún derecho a no ser el de dejarse gobernar cual rebaño obediente que sigue a su pastor” (7).

2. Intentos de reforma en la doctrina: vigencia del síndrome del “payaso viejo”

En el escenario doctrinario se destacaron dos cuestiones: el Sínodo sobre la familia, y el mantenimiento de la ideología conservadora en lo relativo a eutanasia, aborto, fertilización asistida, y herejías.

El Sínodo fue precedido por algunas “novedades”: un cuestionario de 38 preguntas que fue enviado a los obispados para sondear al rebaño. Cuestionario pergeñado por solterones y teóricos del derecho natural que nada tuvo de novedoso por la sola razón que es una práctica común antes de llevar a cabo ese tipo de asamblea y que integra cualquier instrumentum laboris; la “invitación” a catorce matrimonios católicos y mixtos, como si los laicos no fueran parte de la iglesia; la publicación de los resultados con las votaciones por tema, máxima muestra de transparencia de una asamblea de clérigos (y para clérigos) que parodiaron apertura. Un embuste.

Pudo observarse con fuerza la “lepra” del clericalismo, como gusta llamarlo a Bergoglio: son las sotanas las que “saben”, quienes deciden cómo vivir, qué pensar, y cómo mantener relaciones sexuales dentro de la familia, bajo la sumisa mirada del laicado. Sesiones secretas, sin publicar las actas, sólo aquellos resultados pasados por el filtro de la oficina de prensa. Máximo ejercicio de poder y autoritarismo, todos aplaudiendo como focas.

El resultado del Sínodo estaba cantado: fracaso rotundo de los sectores aparentemente aperturistas, triunfo de la oposición conservadora que no permitirá que los “pecadores” (divorciados vueltos a casar y homosexuales, por ejemplo), sean equiparados a los “justos”, es decir, a los fariseos versión católica, que por estas épocas pululan; inutilidad de llamar a una asamblea de solterones para resolver cuestiones que los católicos de a pie ya hicieron hace tiempo, yéndose de la institución.

Demasiados temas sin tratar porque a los “expertos” no les interesa, a contramano de la realidad de sus miembros laicos. Como sostuvo el teólogo José Arregi: “Ningún apunte crítico sobre la cuestión del “género”, es decir, la construcción social de roles del varón y de la mujer. Ninguna alusión a la desvinculación entre relación sexual y procreación, hecho nuevo y transcendental en la historia de la humanidad. Ninguna referencia al gravísimo problema demográfico, y sí duros juicios condenatorios de la “mentalidad antinatalista”. Ningún atisbo de reconocimiento de la santidad y del valor sacramental del amor homosexual.

Ninguna insinuación de un posible replanteamiento de la doctrina tradicional de la indisolubilidad del matrimonio. Ninguna sugerencia sobre la necesidad de revisar la doctrina de la Humanae Vitae de Pablo VI (1968), que prohíbe bajo pecado mortal toda medida o método anticonceptivo que no sea la continencia sexual (condenan todo lo que no sea “natural”, pero toman pastillas “no naturales” para la gripe o el colesterol). Y ni rastro de autocrítica en nada” (8).

El broche de oro conservador fue el “Congreso Internacional sobre la complementariedad entre hombre y mujer”, celebrado en el Vaticano en el mes de noviembre, donde Francisco sostuvo el tradicional, violento y discriminatorio discurso contra las parejas del mismo sexo y su eventual paternidad/maternidad.

El otro indicador del no cambio de Francisco fue su opinión - manifestada a los médicos católicos - contraria al aborto, la eutanasia y la fertilización asistida, derechos todos que tienen que ver con la libertad de decisión y elección de las personas, continuidad del pensamiento integrista y totalitario de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Materias todas que hacen a las políticas públicas de los estados y en las que la Iglesia Católica no tiene por qué entrometerse.

Finalmente, excomulgó al sacerdote brasileño Roberto Francisco Daniel por haber “defendido” la homosexualidad, demostrando que lo que había dicho en un vuelo desde Brasil (“Quién soy yo para juzgar a un homosexual”), fue otra patraña al mejor estilo jesuita.

De modo que la línea de pensamiento doctrinal de Francisco sigue la de los conservadores Juan Pablo II y Benedicto XVI. Este último, siendo cardenal, refiriéndose a la doctrina que enseñan los teólogos, los comparaba con un payaso viejo: “Se conoce lo que dice y se sabe también que sus ideas no tienen que ver con la realidad. Se le puede escuchar confiado, sin temor al peligro de tener que preocuparse seriamente por algo” (9).

3. Reforma financiera: líder pobre, multinacional rica, iglesia con “clientes”

Si los otros temas demostraban el carácter antievangélico del catolicismo romano, el económico-financiero es el gran abanderado.

En este punto se empezó por lo simbólico: explotar hasta el hartazgo la imagen del papa “humilde”. Zapatos negros gastados, no los rojos de “Prada” que usaban sus predecesores; mismo maletín que usaba en Buenos Aires cuando era cardenal; auto no oficial para movilizarse; almuerzos y cenas con los trabajadores donde reside; sorteo de regalos al estilo argentino, y la lista de gestos contonúa.

Sin embargo, el papa humilde, al ser jesuita y haber hecho voto de pobreza, es un sujeto acostumbrado a vivir en esa condición. No le importa lo material. No hay mérito alguno ahí, por más que los bobos y alcahuetes pavoneen de modo pedante aquella condición. De nuevo aparece el “cambio”, pero en el rol papal. No alcanza. Lo único que produce es reforzar la idolatría, el culto al líder. Lo mismo puede decirse de la frase “Cómo me gustaría una iglesia pobre y para los pobres”, un oxímoron liso y llano.

El foco hay que centrarlo en la situación económica/financiera de la multinacional religiosa. Y en este punto hubo cambios.

En primer lugar, se abrió el debate acerca de qué hacer con el IOR, vulgarmente llamado “Banco Vaticano”: ¿Cerrarlo? ¿Convertirlo en un Banco ético, sólo para “simples” servicios a la iglesia? Bergoglio decidió mantenerlo y poner al frente a un financista francés.

En segundo lugar, se publicó algo históricamente secreto: el balance. La novedad ratificó lo que se sabía: la cuantiosa riqueza de la iglesia, sumada a su inconmensurable patrimonio mobiliario, inmobiliario y régimen de prebendas y privilegios cuyos únicos beneficiarios son los clérigos y los “trepas” que les son funcionales.

La tercera novedad, fue la creación de la Secretaría de Economía que tiene autoridad sobre todas las actividades económicas y administrativas de la Santa Sede y de la Ciudad del Vaticano. Está vigilada por una Comisión que depende directamente del Papa, conformada por 15 “notables”, ocho cardenales u obispos y siete laicos expertos en temas económicos, presididos por el encubridor de pederastas, el cardenal australiano George Pell.

La cuarta fue la renovación del estatuto de la Autoridad de Información Financiera (A.I.F.), institución competente de la Santa Sede para la vigilancia y la información financiera, para la prevención y el contraste del blanqueo de dinero y de la financiación del terrorismo. Fue instituida en 2010 por Benedicto XVI con el Motu Proprio del 30 de diciembre y se rige por el Estatuto anexo a dicho documento, un cambio que Francisco hizo porque no podía mantener el indefendible sistema de lavado de dinero vaticano. Otro hecho irrefutable que los ñoños y alcahuetes negaban años atrás calificándolo de “ataque a la iglesia”.

Pero lo que expuso el ADN corrupto y se convirtió en “frutilla del postre” fue la información brindada por el cardenal Pell relativa a que se habían “encontrado” “unos cientos de millones de euros estaban guardados en cuentas de ciertas secciones y no aparecían en las hojas de balance" (10). “Unos cientos de millones”… nada más, poca cosa…, sin figurar en balance alguno. La impudicia del Vaticano S.A. a pleno. La beatería boba exultante.

En el tema económico/financiero ocurrió lo mismo que en materia de abusos sexuales (11): fue tan horroroso e indefendible lo sucedido (y ocultado), que no les quedó otra que cambiar con una incipiente transparencia, aunque para seguir lucrando. Presumen ser “políticamente correctos”. Pero como dice el refrán popular “dime lo que presumes, y te diré de qué careces”.

Aunque haya más control y burocracia, es la misma política y funcionamiento contrarios al evangelio que dicen seguir. La multinacional religiosa y capitalista, intacta. Los mercaderes siguen en el templo, invirtiendo en títulos, divisas extranjeras, operaciones bursátiles, con reservas de liquidez, depósitos de oro y alhajas, y un multimillonario patrimonio mobiliario e inmobiliario. La Iglesia Católica sigue teniendo “clientes”. En eso honran y respetan su historia, ¡no faltaba más!

4. Reforma inexistente: derechos humanos ausentes, esquizofrenia espiritual

Si la estructura, funcionamiento e ideología permanecen intactos, lo mismo puede decirse de sus normas jurídicas, en especial, aquellas que son violatorias de derechos humanos fundamentales.

En este escenario vuelve a aparecer la demagogia y el populismo bergoglista que ensombrecen el sistema jurídico canónico, violatorio de derechos. Conducta papal más parecida a la esquizofrenia espiritual que dice ser una cosa, pero es otra (paradójicamente, es la misma descalificación que atribuyó a los integrantes de la Curia).

Breves ejemplos: recibe al referente de la teología de la liberación (Gustavo Gutiérrez), pero mantiene las normas que regulan la censura (canon 823 y siguientes); no juzga a homosexuales y fomenta la participación de mujeres, pero mantiene las normas que violan la igualdad jurídica dentro de la institución, con estatutos jurídicos diferenciados para laicos y curas y un tercero en común para todos los fieles (canon 208 y concordantes); habla de “tolerancia cero” para abusadores sexuales con sotana, pero no modifica las normas jurídicas que violan garantías jurisdiccionales de las víctimas (canon 1717 y concordantes). Los ejemplos pueden multiplicarse y nutren el ilegal sistema jurídico religioso, inalterado en el escueto período monárquico de Francisco.

Dice el teólogo José María Castillo: “la Iglesia Católica, tal como está organizada y tal como de hecho funciona, no puede aceptar el texto íntegro de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Porque no puede aceptar la igualdad efectiva y real de hombres y mujeres. Ni la libertad de expresión y enseñanza sin recortes. Ni las garantías jurisdiccionales en el enjuiciamiento y medidas disciplinarias. Ni la participación de todos los miembros de la Iglesia en la designación de los cargos eclesiásticos. Y la lista de cosas que la Iglesia no puede aceptar, en lo referente a derechos humanos, se podría alargar mucho más” (12).

5. Estado de la institución católica en el 2014: “buenismo” de los fariseos, chauvinismo infantil, rol papal populista

Termina el 2014. El catolicismo romano no logró aperturas, revoluciones, ni “líos”. A pesar del rol papal populista, se ha transformado en una especie de religión residual del cristianismo auténtico, reducido a puro sentimentalismo, fariseísmo y tibieza, la misma que el dios en quien dicen creer condena (Ap. 3,16).

En lo estructural, se confirma el anacrónico modelo monárquico-sacerdotal del Antiguo Testamento - antagónico al del laico y no católico Jesús de Galilea -, cuya decadencia y ocaso quedaron en evidencia con el “reto” del papa a los abuelitos que componen la Curia. El ADN clerical, sigue intacto. Lo mismo puede decirse de las reformas financieras dirigidas a sostener el aguantadero de mercaderes y la multinacional religiosa, pero con “transparencia”.

En la doctrina, la propuesta reformista de Francisco tiene como eje central la demagogia y el conservadurismo, certeramente sintetizada por un apologista: “Porque la revolución que se propuso es si se quiere cultural, fundamentalmente actitudinal. O sea, dejar atrás un extendido espíritu inquisitorial, culposo, triste y reglamentarista (léase un catálogo de prohibiciones) del catolicismo, macerado durante siglos, para colocar en el centro la esencia del Evangelio: el amor, y así privilegiar la cercanía a la gente y la comprensión” […] “Y haciendo, en fin, que la Iglesia sea una acogedora casa de todos. Pero para ello no traiciona las creencias y preceptos, sino que cambia el orden de prelación: Primero el Evangelio, después la doctrina y, finalmente, las normas morales. Y todo sin juzgar, sino buscando comprender y perdonar” […] "No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible". Y redondea: "Ya conocemos la opinión de la Iglesia (…) y no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar" (13).

Mal que les pese a muchos, el catolicismo romano sigue siendo un “catálogo de prohibiciones”, eso sí, con la sonrisa de Tartufo dibujada y sin ningún tipo de vergüenza. La misma” jaula con puertas abiertas”, como bien simbolizaron los teólogos Herbert Haag y Eugen Drewermann en su obra.

Mientras que en materia de derechos humanos, se los sigue omitiendo tanto interna como externamente. La Santa Sede no sólo continúa sin suscribir la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (y numerosos instrumentos internacionales relativos a ellos), sino que fue exhortada a principios de este año, por sendos Comités de la ONU, a modificar sus normas internas por ser violatorias de aquellos, concretamente, las aplicables a abusos sexuales del clero.

Todo lo expuesto permite recordar al teólogo alemán Karlheinz Deschner cuando afirmaba con razón: “No es posible la reforma de la Iglesia. Cualquier reforma, exigiría volver al cristianismo inicial y se convertiría por ello mismo en una revolución que destruiría la Iglesia actual” (14).

Notas

(1) Marco Politi: "Los lobos acechan la revolución pacífica de Francisco” en www.periodistadigital.com/.../marco-politi-los-lobos-acechan-la-revoluci... ;

(2) Piqué, Elisabetta, “Francisco. Vida y Revolución”.

(3) Francisco: “Dios me da una sana dosis de inconsciencia”, en www.lanacion.com 07/12/2014

(4) Papa Francisco sobre reforma de la Curia: “No estoy preocupado” por las resistencias, en https://www.aciprensa.com/.../papa-francisco-sobre-reforma-de-la-curia-...

(5) El papa Francisco ya tendría diseñada la reforma de la Curia vaticana, en www.infobae.com/.../1610228-el-papa-francisco-ya-tendria-disenada-la-...,

(6) Entrevista a Madariaga: “La reforma de la Curia favorecerá..., en www.cpalsocial.org/547.html

(7) Encíclica “Vehementer Nos”, 11. Febr. 1906, 8-9.

(8) Arregi, José, ¿Un Sínodo para eso?, en www.redescristianas.net/2014/11/19/un-sinodo-para-esojose-arregi/

(9) Estrada, Juan Antonio, “Los conflictos teológicos en una sociedad moderna”, en www.elpais.com/diario/2007/03/17/sociedad/1174086011_850215.html

(10) “El Vaticano halló cientos de millones de euros escondidos”, en https://www.mdzol.com/video/574405/

(11) Ver https://www.mdzol.com/opinion/571961/

(12) Castillo, José María, Iglesia y Derechos Humanos, en www. servicioskoinonia.org › Relat

(13) Rubín, Sergio, “El mensaje del Papa Francisco provoca una revolución cultural”, en www.clarin.com/.../mensaje-Papa-provoca-revolucion-cultural_0_99770...

(14) Deschner, Karlheinz, Opus Diaboli,